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SER MEXICANA

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Por: Fuensanta Guerrero •

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es un día de celebración. Es un momento para reconocer a todas las mujeres que lucharon a lo largo de la historia por los derechos que hoy tenemos. Pero también es un día difícil para muchas madres, hijas, hermanas y familias. Es un día de dolor, de recuerdos difíciles y de reclamos que no podemos ignorar.

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Ser mujer en México sigue siendo bastante complicado. Millones de mujeres enfrentan situaciones que nunca deberían existir, como el acoso en la calle, la violencia en casa o en el trabajo. En nuestro país, desaparece una mujer cada 18 segundos; tan sólo en 2025 desaparecieron 80 mujeres y niñas cada día.

El 8 de marzo no es para discursos bonitos, es para mirar de frente lo que sucede todos los días en cada rincón, en el transporte público o incluso en un mensaje de WhatsApp que controla y manipula. La violencia no siempre llega con un golpe; a veces llega con amenazas, con miedo silencioso.

No podemos quedarnos calladas. Tenemos que hablar, cuestionar lo injusto y dejar actitudes que nos dañan. Durante décadas, un sistema nos ha ignorado y silenciado, pero eso no significa que debamos aceptarlo.

Vivimos en un país donde los feminicidios y la violencia son noticias frecuentes. Pero también vivimos en un país lleno de mujeres talentosas, capaces y valientes. Mujeres que construyen, enseñan, lideran en los hogares, en las escuelas, en empresas y en la política.

La mujer mexicana es fuerte y trabajadora. Ha sido pieza clave en grandes cambios sociales, políticos y económicos. Hoy, más que nunca, el 8M nos recuerda que ser mujer en México es un acto de resistencia. Nuestra voz y nuestra fuerza son necesarias para construir un país más justo.

Que alzar la voz sea un acto que dignifique a todas las mujeres que han luchado y siguen luchando por un México mejor.

*Diputada Federal

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