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■ Señala debilitación de su carácter social a través de reformas regresivas

Constitución hoy en día ya perdió su espíritu social: Jacobo Bernal

■ Reflexionó sobre las condiciones materiales en las que fue posible el Constituyente de 1917

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

“Nuestra Constitución hoy en día ha perdido su espíritu social; se ha vuelto otra vez una Constitución liberal”, sostuvo el historiador José Eduardo Jacobo Bernal al participar en el Foro Nacional de Diálogo Constituyente realizado este jueves en la ciudad de Zacatecas, al referirse a la dilución del espíritu del bien común a partir de reformas como las aplicadas al régimen ejidal en el gobierno de Salinas de Gortari.

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En el evento realizado en la nave del Museo Rafael Coronel, Jacobo Bernal destacó que la Constitución de 1917 colocó a México en la historia mundial al ser la primera en privilegiar los derechos de la comunidad sobre los del individuo, lo que marcó el tránsito del constitucionalismo liberal centrado en las garantías individuales, hacia un constitucionalismo social orientado a la comunidad.

Señaló la debilitación de su carácter social a través de otras reformas regresivas como la del artículo 3 constitucional en materia educativa durante el sexenio de 2020, y la vinculada con los derechos laborales que permitió la contratación por horas.

“Podríamos decir que es una constitución neoliberal” asestó, al advertir que las reformas han beneficiado a las élites en detrimento de las clases populares.

Frente a estudiantes del Bachillerato Militarizado, el historiador cuestionó si es necesaria una nueva constitución que responda mejor al momento histórico y al país en el que aspiran vivir mexicanas y mexicanos.

A continuación, al académico José Enciso Contreras reflexionó sobre las condiciones materiales en las que fue posible el Constituyente de 1917, alejándose de una visión sacralizada de las leyes.

Recordó que las constituciones no son producto de genialidades aisladas, sino que son documentos elaborados por seres humanos en contextos específicos y, en este caso, profundamente adversos.

Enciso Contreras explicó que el año previo a la promulgación de la Constitución fue conocido como “el año del hambre”, al que se sumó una epidemia de tifus exantemático que se extendió por todo el país y golpeó con fuerza a Zacatecas por su conexión con el centro del país a través del ferrocarril. La enfermedad transmitida por piojos provocó miles de muertes entre ricos y pobres, periodistas, maestros y funcionarios, al grado de que los ejércitos revolucionarios destinaban una o dos horas diarias a expulgarse para evitar el contagio.

A la catástrofe sanitaria se sumaban las secuelas de la Batalla de Zacatecas de 1914, la más sangrienta de la Revolución Mexicana, así como la presencia de gavillas armadas y la desarticulación social provocada por la guerra. Aun así, en 1916 el gobierno carrancista convocó a elecciones para integrar el Congreso Constituyente que sesionaría en Querétaro.

El historiador subrayó que la Constitución de 1917 no se elaboró con la participación de todas las fuerzas políticas del país. Quedaron excluidos del proceso porfiristas, huertistas, sectores conservadores del clero, así como villistas y zapatistas.

Relató que los artículos 27 y 123 -las joyas de la Constitución de 1917- surgieron de una carrera contra el tiempo. “Veinte días antes de la promulgación no se tenía ni zorra idea de los derechos sociales en la Asamblea […] Se leyeron el programa del Partido Liberal mexicano y sacaron la jornada de ocho horas, el salario…”, caracterizó. 

Añadió que el ingeniero Pastor Rouaix reconoció la participación del topógrafo Julián Adame en la redacción de la reforma agraria, a quien Enciso consideró “el constituyente zacatecano por excelencia”. 

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