El Parque Ecológico del Bicentenario, decretado como Área Natural Protegida estatal desde 2012, alberga al menos 116 especies de vertebrados documentadas hasta ahora, una cifra muy superior a las 20 especies originalmente enlistadas en el decreto de creación, reveló el biólogo Rogelio Rosas Valdez, docente investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, durante la cuarta jornada del Webinar conmemorativo por el Día del Biólogo, organizado por la Secretaría del Agua y Medio Ambiente (SAMA).
Una de las amenazas identificadas por el especialista es la introducción de especies exóticas invasoras a esta Área Natural Protegida, ejemplo de ello es la presencia del Micropterus salmoides (lobina negra), un pez depredador carnívoro cuya distribución natural no incluye a Zacatecas y que es considerado una de las 100 especies invasoras más peligrosas a nivel mundial.
Su presencia estaría asociada a prácticas de pesca deportiva, en detrimento de anfibios, reptiles y de las redes tróficas del ecosistema, explicó. A ello se suma la liberación de peces de acuario, tortugas domésticas y otros organismos ajenos, prácticas que contravienen los principios de conservación del área protegida.
Rosas Valdez advirtió también sobre los efectos de la fragmentación del parque a través de vialidades, barreras y uso intensivo de ciertas zonas, que limita la movilidad de las especies. Ante ello, subrayó la importancia de considerar corredores biológicos que permitan el desplazamiento y el intercambio genético entre poblaciones silvestres.
Con la consigna “no se protege lo que no se conoce”, el biólogo explicó que desde 2024 el Laboratorio de Conexiones Biológicas y Sistemática Molecular de la UAZ desarrolla el Proyecto de Diversidad de Vertebrados del Parque Ecológico del Bicentenario.
Recordó que el parque fue creado mediante un decreto publicado en el Periódico Oficial del Estado en 2012, con un polígono que abarca territorios de los municipios de Zacatecas, Guadalupe y Vetagrande, y con el objetivo de conservar un ecosistema de matorral xerófilo en la zona suburbana de la capital.
Dos años después, en 2014, con motivo del cambio de uso de suelo y la construcción del parque —entonces denominado Centenario de la Toma de Zacatecas— se elaboró un Documento Técnico Unificado, que, a diferencia del decreto original, sí incorporó criterios metodológicos y amplió el registro de fauna, en especial de aves, el grupo con mayor diversidad reportada. Aun así, el investigador señaló que ese documento tampoco sustituye el monitoreo continuo de largo plazo que requiere un área natural protegida.
El académico explicó que una de sus fuentes de información proviene de plataformas de documentación ciudadana como iNaturalist, mediante la cual se han registrado 116 especies en la zona, de las cuales 102 tienen grado de “investigación”, es decir, cuentan con registros verificables.
De ese total, alrededor de 100 corresponden a aves, mientras que los reptiles, anfibios y mamíferos presentan registros mucho menores. Rosas Valdez explicó que este predominio responde tanto a la facilidad de detección e identificación de las aves como a un sesgo espacial, ya que la mayoría de los registros se concentran en la zona suroeste, la más transitada por visitantes.
Los resultados del proyecto, que involucra a tesistas de la Unidad Académica de Biología UAZ, han permitido corroborar la presencia de peces como Lepomis macrochirus, Micropterus salmoides, Carassius auratus y Cyprinus carpio, así como la identificación de tortugas de los géneros Kinosternon y Trachemys scripta, el anfibio Lithobates montezumae y aves asociadas a cuerpos de agua. Además, se ha documentado una especie de lagartija no reportada previamente, dos especies de serpientes y cuatro especies de roedores ausentes en listados oficiales anteriores.
En el caso de los carnívoros medianos, el análisis de excretas confirmó su presencia a lo largo del año y permitió reconstruir su dieta, integrada por mamíferos, aves, materia vegetal e incluso residuos inorgánicos, lo que evidencia tanto interacciones ecológicas complejas como la influencia directa de actividades humanas dentro del área natural protegida.



