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Crónicas de la victoria de los vencidos

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Por: Iván Istlahuaca •

El presente texto es una recopilación de experiencias reales que sumadas y multiplicadas dieron como resultado el histórico triunfo de la disidencia magisterial en la sección 34 del SNTE el pasado 13 de diciembre del 2024. Por respeto y privacidad, los nombres y lugares fueron cambiados, pero no la esencia. Estas líneas pretenden ser un homenaje a todos los héroes anónimos que hicieron posible esta proeza.

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Es la primera semana de diciembre, el frio comienza a calar hasta en los huesos allá por las lejanas y olvidadas llanuras de Pinos Zacatecas, ahí, en su escuelita unitaria el profe Melquiades tiene todo muy claro, los únicos que representan los intereses de los maestros como él, son los de la planilla negra.

La maestra Ernestina, es madre soltera, tiene 2 hijos y batalla para llegar a fin de quincena, ella dice que los golpes de la vida le han enseñado a no tenerle miedo a nada, esta vez ha decidido aceptar la invitación para ser “representante de casilla” y cuidar los votos de la planilla negra. No conoce al profe Fili, pero si conoce a sus oponentes y por eso dice que con ellos ni a la esquina.

Ya casi se acaba el mes de noviembre, el profe Raudel envía de manera constante información a un grupo de watsapp  de maestros, ahí les invita con gran entusiasmo a que voten por la planilla negra, que según sus propias palabras, es la única que representa una opción de cambio. Él ha soñado con esta oportunidad cada uno de sus días de servicio y ahora que la tiene, no pretende desperdiciarla, por primera vez en su corta vida, cree que es posible alcanzar la democracia sindical.

Suena el teléfono del maestro Tenoch, algo raro porque allá en el rancho casi no agarra señal, es un viejo conocido de la normal que le llama para invitarlo a formar parte de la planilla negra, él se reúsa alegando que no sabe nada de esas cuestiones sindicales, pero algo en su interior le obliga a corresponder la confianza de su amigo y decide aceptar para ponerse a la altura del momento histórico.

El intendente Nico, es el único de su secundaria que apoya a la planilla negra, sus compañeros lo ven por encima del hombro, como sintiéndose superiores por tener “vara alta” con los del sindicato, el empuña la escoba con la que barre la plaza cívica y cierra sus ojos por unos cuantos segundos, decide tener fe e imagina las caras de sus compañeros el día que gane la planilla negra.

Con pasos lentos por el cansancio acumulado después de 32 años de servicio, la maestra Ineida llega a la casilla donde le toca votar, hoy su corazón late diferente, está nerviosa, sabe que la cosa no será fácil, le duele la rodilla por el frio, pero aun así,  quiso ser de las primeras en votar, ella dice que no se quiere jubilar sin ver triunfar a los democráticos. Aprieta fuerte el crucifijo que trae en el pecho para pedirle a su dios que esta vez sí se respete la voluntad de las mayorías.

La maestra Lupita tiene 2 años de servicio, no sabe nada del sindicato, en la semana recibió la visita del supervisor, no le pidió planeaciones ni observó sus clases, únicamente le dio la indicación de que el 13 de diciembre fuera a votar y que lo hiciera por la planilla verde. Aunque es muy joven la maestra, tiene las cosas muy claras, los intereses de los jefes y los intereses de los trabajadores, no son los mismos. Entra a su Facebook y comienza a investigar sobre los candidatos a dirigir la sección 34 del SNTE, aunque no lo conoce, ve que el profe Fili es un tipo como ella, maestro frente a grupo. La maestra ha tomado una decisión.

El profe Benito siempre se ha caracterizado por ser tranquilo y tímido, sus compañeros lo ven como alguien a quien se le puede persuadir facilmente, en su escuela el director ya le “encargó” que votara por los naranjas o por los blancos, o por cualquiera menos por la negra, por esos no, por revoltosos. Benito está convencido de tachar el recuadro naranja, pero estando en la intimidad de la urna, decide ser valiente y autónomo, se da cuenta de que pensar por sí mismo se siente “chingon”, percibe cómo la sangre recorre su cuerpo de los pies a la cabeza, sujeta con fuerza el marcador y tacha la planilla negra. El Benito que salió de esa casilla, ya no es el mismo de antes, algo en él ha cambiado.

La maestra Enedina siempre fue “institucional”, lleva casi 40 años de servicio y no se ha podido jubilar porque los del sindicato en aquel entonces (2007) la convencieron de cambiarse al régimen de cuentas individuales con la nueva ley del ISSSTE. En este diciembre por primera vez siente la posibilidad de desquitar un poco del daño que le hicieron con esa decisión. Está tan convencida que hasta puso la foto de la planilla negra en su estado de watsapp, ha perdido el pudor y el miedo ya no la detiene.

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