No es sorpresa, nada nuevo, que campesinos sin propiedad, sin derecho al agua, luchen por los “derechos” de los grandes propietarios capitalistas del campo y mercaderes del vital líquido y hasta de concesiones que tienen de sobra. Sucede lo mismo con aquellos desposeídos y endeudados con los créditos de Elektra que, con gran pasión, defienden el supuesto “derecho” de Salinas Pliego de no pagar impuestos que se utilizarían para los programas sociales de ellos mismos. Equivale a levantarle altares al demonio, a tomar del brazo a su propio verdugo de clase. Pero sucede. Es la vida real.
Evidentemente, al empobrecimiento material suele acompañarle la pauperización intelectual degradando la capacidad de reflexión, el pensamiento crítico, se nulifica el sentido común y crece la pereza mental adoptando, como propio, el discurso de sus opresores que se esparce por la amplia diversidad de aparatos ideológicos que, en una sociedad determinada, integran un todo estructurado.
De este proceso no se salvan algunos intelectuales, líderes campesinos que realmente creen que luchan por el desarrollo del campo y de las familias que lo trabajan. De periodistas, conductores (lectores de noticias como Javier Alatorre, Ciro Gómez Leyva, Susana Uresti, López Dóriga, etc.) comentócratas y “analistas” de los grandes monopolios de la comunicación capitalista. En lo general, obedecen indicaciones de sus jefes, patrocinadores políticos o de quien pague los favores.
En el México actual, estos monopolios aún funcionan bajo la estructuración del régimen político que ha sido democrática y legalmente desplazado por el régimen de la Cuarta Transformación. Luchar por lo que se fue y aferrarse a los restos que prevalecen, los lleva a asumir agresivas postura opositoras. Luchan por su “derecho” a ser corruptos y participar de las actividades económicas ilícitas que se normalizaron en los gobiernos del PRIANismo y a los que se quedaron acostumbrados.
El caso del Grupo Salinas es un ejemplo emblemático. Pelea por el “derecho” a no pagar impuestos, a recibir inyección de recursos públicos a sus empresas usureras y especuladoras, a obtener contratos millonarios a giros que no son comunicacionales ni legales (concesión de campos de golf con mantenimiento a cargo del erario, minas de oro, construcción de carreteras, impresión de los libros de texto gratuitos de la SEP, explotar yacimientos de petróleo, vender medicamentos a sobreprecio, lavar dinero en casinos y obtener la protección política de la Federación y la legal del Poder Judicial), pero que se obtienen gracias a la influencia que les ha representado tener la concesión que el Estado les dio y que usan para amenazarlo, condicionarlo, doblegarlo, extorsionarlo y hasta para decidir gobiernos y, como dice Elena Poniatowska, hacer de las actrices primeras damas.
Esa política se agudizó con los 36 años de gobiernos neoliberales (De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto). Sobre el campo se reformó el Artículo 27 Constitucional. Desde el PRI y la CNC, promovieron en Zacatecas Ricardo Monreal y Genaro Borrego Estrada para que los derechos parcelarios de los ejidos pudieran ser vendidos por los campesinos. Así, inició la regresión del reparto agrario promovido por Lázaro Cárdenas. Esta reforma permitió que los campesinos pobres vendieran sus tierras y fueran acaparadas por capitalistas que se hicieron ejidatarios y destinaron las parcelas en negocios diversos. Donde había agua, pasaron a crear grandes extensiones de riego. Muchos ejidatarios se convirtieron en asalariados.
Empresas las cerveceras, Coca Cola, Kimberly Clark de Claudio X González, la minera de “Peñasquito”, Minera México, Peñoles, terratenientes, de corte capitalista y políticos, principalmente gobernadores, (según la CNA representan el 1.1 por ciento de los concesionarios) acaparan el 22.3 por ciento del agua, principalmente en regiones donde el vital líquido escasea, como Zacatecas, Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Aguascalientes y Guanajuato.
El bloqueo de carreteras fue promovido por ellos, los monopolios de la comunicación, el PRI y el PAN engargolándose con una serie de protestas (frijoleros, el movimiento del Sombrero, la Generación “Z”, etc.) promovida por la derecha corrupta y fascista de México y alentada por funcionarios del gobierno de EEUU que intentan, sin resultados, hacer ingobernable el país en la conducción de Claudia Sheinbaum. Participaron campesinos sin concesiones de pozos, productores sin riego agrícola, incluso sin tierra, son jornaleros, asalariados del campo, oprimidos por quienes los envían como carne de cañón.
Algunos acaparadores de agua son: Nuevo León, Olga Sánchez Cordero con 2.5 millones de metros cúbicos; Jaime Rodríguez (“el Bronco”); Guanajuato, Fox con 18 pozos extrayendo 2.7 millones de metros; los exgobernadores guanajuatenses Diego Sinhué y Miguel Márquez; Sonora, Guillermo Padrés con 6 pozos y una presa; Chihuahua, César Duarte con presas y pozos ilegales; Zacatecas los Monreal Ávila con 843 mil 460 metros; Chihuahua la familia Lebarón con 150 pozos y otros sin permiso; Jalisco Francisco Ramírez Acuña; Guerrero, Ángel Aguirre; Chiapas, Rutilio Escalón.



