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De sucesos entrañables y la señora presidenta

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Una guía exacta para un extranjero en nuestro México quedaría fascinado si se sabe acertar en los hechos y derechos más sorprendentes del mundo:  el invento de la madre naturaleza al habernos regalado las civilizaciones más insólitas como los mayas y zapotecos, los aztecas y toltecas, las naciones indígenas que elevaron a rangos de gran humanidad sus ciudades habitables y sus cuidados a los ancianos y niños, a los jóvenes y a sus guerreros sedientos de sangre y de victorias.

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Dejemos a un lado la numeraria para bobos: que si México le dio al mundo enterito el chocolate y la vainilla, el tomate y el maní, acaso quizás, siempre será de gran elevación que sus poetas guerreros encumbraron la expansión militar dejando boquiabiertos más de 20 millones de sus congéneres americanos y en el trueque de la lluvia y de los vientos abrir caminos y que sigan existiendo hasta nuestra era.

Siempre me pregunto de cómo eran los traslados de Benito Juárez por un país donde los caballos, las carroza, las largas caminatas y de toda clase de peligros, fungían como verdaderos retos a vencer, las fogatas nocturnas, los emprendimientos de madrugada, el aseo, las comidas, los acuerdos de guerra y de paz y las reuniones con vecinos y gobernadores, alcaldes y maestros, la soldadera y los regimientos.

Mi duda o curiosidad se esparce en tratar de meterme en lo que si me importa: el desenlace de su vida prodigiosa y en la construcción de un país que fue aclamado en el mundo entero -ya por la tragedia o ventura de vivir a un lado de una nación como la estadounidense y del lado sur, la majestuosidad de las selvas mayas guatemaltecas con recursos enaltecidos y muy bien anotados por los caminantes europeos que quedaban asombrados y trastocados emocionalmente para siempre.

En ese México nacimos y ahora quedamos absortos por los acontecimientos políticos nacionales en que la derecha mexicana tiene un gran repertorio de tropelías de verdadero corte fascista y en la que se le ha denominado como radicales de la ultraderecha y con el verdadero afán de desestabilizar al gobierno de la presidenta Claudia y con la apuesta de una intervención estadounidense muy soñada y acariciada también por algunas cúpulas anglosajonas.

La presencia del diputado priista Mancilla en los escaños del senado mexicano es más que una señal: es reiterar que están dispuestos a pagar con cárcel si ejecutan directamente a personajes claves de la izquierda en el poder e incluso perpetrar un magnicidio a gran escala y que haga resurgir al tigre de la cuarta que dispondrá de los medios legales en socavar sediciones o interpugnas siniestras en pos de convertir a nuestro país en un polvorín incendiado.

Hasta ahora la prudencia ha intervenido para que se calmen los ánimos y se serenen los ímpetus, pero la derecha sabe que sus partidos serán extinguidos por ellos mismos: ambición desmedida, seguir los guiones oscuros e imprudentes de incomodar a todo mundo y de calar sus fuerzas con la certeza de que sus asesores podrían triunfar en nuestra patria como lo hicieron tentativamente en Brasil y en Argentina, Ecuador y Bolivia; afortunadamente en Brasil volvió a la senda popular solidaria y eficaz para combatir lo irregular y ser potencia en el mundo.

Las juventudes mexicanas y del mundo claman por reír con la felicidad que les da el mundo insólito de las redes sociales y las altas tecnologías, sin embargo, quizás en pocos años veamos a legiones de niños con anteojos y todos encorvados, por lo que apremia impulsar el deporte, los estudios, las reuniones masivas culturales.

Nuestra presidenta tiene un amplio respaldo, eso calma mucho.

Este poema fue el himno de nuestra juventud:

Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabra, mil palabras que vocifera la prole.
Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída.
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
En qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.

Jacques Viau..poeta haitiano, murió a los 23 años durante la intervención norteamericana en República Dominicana en 1963.

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