Mucho queda por atender y construir dentro del Movimiento de Regeneración Nacional, del partido del mismo nombre, promotor de la Cuarta Transformación por el sendero del Humanismo Mexicano. Todos ellos, conceptos acuñados al filo del acontecer mismo de un movimiento transformador. No surgieron como teoría previa o como parte de un programa completo de transformaciones. El movimiento mismo fue mostrando su profundidad y sus necesidades.
La perspectiva de una lucha por la Cuarta Transformación fue madurando no solo en su líder principal (Andrés Manuel López Obrador), sino también en todo el movimiento. Es un hecho que el partido MORENA siempre ha ido a la zaga, se constituyó para cumplir el requisito legal de llegar al poder por la vía electoral, pacífica y democrática. En cierta forma, MORENA fue una improvisación forzada por la urgencia de contar con un organismo legal, ante la traición del PRD que se subordinó orgánica, política e ideológicamente a la derecha antinacionalista, corrupta y retrógrada de México.
A diferencia de la tradicional izquierda revolucionaria, de corte marxista (y sus variantes maoísta, troskista, leninista, etc.), el partido MORENA, sus dirigentes y su militancia no se caracterizan por contar con intensa vocación teórica. En consecuencia, no hay uniformidad de visión, rumbos, ni métodos de trabajo interno adoptados por el grueso de sus miembros. El pragmatismo, la intuición y la destreza son aplicados como mecanismos de operación interna y externa.
El partido MORENA no ha sido concebido como Partido-Vanguardia, lo que le obligaría a realizar un intenso esfuerzo intelectual, su principal dirigente fundador siempre habló de un Partido de Masas, un Partido-Frente. El partido sólo cumple la función legal de registrar candidatos que no necesariamente se forman en sus filas. Esa concepción de partido es la que, en los hechos, y aunque no exista conciencia de ello, prevalece por la formación inercial y pragmática de su dirigencia encabezada por María Luisa Alcaide y Andy López Beltrán. La intensión de afiliar a millones es evidencia de que, en ellos, no existe una concepción de partido formadora de dirigentes.
Andrés Manuel comentó, en una de sus mañaneras, que salió a caminar en el jardín que se encuentra dentro del Palacio Nacional pensando en cómo llamarle al modelo de sociedad que se estaba construyendo en México y, entre las opciones, descartó la de socialismo y terminó llamándole Humanismo Mexicano. Es evidente que con AMLO y con Claudia Sheinbaum, la ruta es capitalista y la mayor parte de las definiciones económicas y políticas surgen sobre la marcha. Ciertamente hay una vocación nacionalista, democrática, de ampliación de libertades, derechos y de interés por el bienestar social.
Desde el inicio del Movimiento de Regeneración Nacional, las demandas más profundas se centraron en democracia política (principalmente la electoral y luego en cambio de régimen político) y bienestar social (“por el bien de todos, primero los pobres”). Sin embargo, no todo fue improvisación, tanto en AMLO como en Sheinbaum hay principios y valores cívicos esenciales. En el expresidente es más acentuado equiparar hechos actuales con sucesos del pasado. Su reflexión se da, en mucho, por analogías.
Como aquí mismo lo señalé hace tiempo, como dirigente López Obrador es creación de las necesidades sociales de su tiempo. Él lo tuvo claro. Por eso, en su primer discurso como presidente en el zócalo destacó que “…Yo ya no me pertenezco…”, en otras ocasiones habló de cuidar la investidura presidencial, “lo que represento”. La comprensión del papel que ha jugado en la sociedad lo llevó a tener un contacto muy estrecho con la sociedad, escuchó y reflexionó las quejas y las demandas individuales y pudo intuir su significación social.
En ese caminar, AMLO aprendió a hacer concesiones políticas, a tejer alianzas y aceptar entre sus filas a personajes que representaban otras prácticas, otros orígenes políticos, otros intereses siempre que se sumaran al Movimiento de Regeneración Nacional y ayudaran al proceso de la Cuarta Transformación.
Soy de la apreciación de que, en las condiciones del México actual, el segundo piso de la 4T necesita depuración de elementos que nunca cambiarán porque su vida está hecha de patrones de conducta que no garantizan una práctica democrática, nacionalista, anticorrupta y de justicia social.
Por eso, MORENA debiera estar enfocado en la formación de cuadros, al debate intelectual intenso, en la convivencia partidaria desde las bases, a definir métodos de trabajo partidarios internos y externos. Se trata de un interés más cualitativo que cuantitativo, más transformador que aglutinante. Está claro que eso implica sumar, al trabajo de formación partidaria a los muchos intelectuales que ya tiene en sus filas y a definir reglas que eviten a los trepadores políticos; la divulgación y posesionamiento político e ideológico debiera tener una prioridad frente a la sociedad. En otra ocasión le seguimos.



