La Gualdra 682 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine
Un trávelin en retroceso, de derecha a izquierda, para encontrar en un ángulo de la calle al personaje que camina frontalmente, y al alcanzarlo, acompañarlo (aún con ese mismo trávelin) en paralelo durante un momento, en su deambular por un barrio derruido y casi abandonado de la periferia de la ciudad de Lisboa; un movimiento que sucede casi a la mitad de una película que nos va interrogando sobre su formato: documental o ficción, o docu ficción. Así de complejo y duro es el más reciente documental, su segundo largometraje, del director zacatecano Abraham Escobedo-Salas, En el fin del mundo.
En coproducción belga y mexicana, el documental es la historia de Cecilio, un ex drogadicto que vive en las calles del Barrio 6 de mayo de Lisboa, uno de los más peligrosos y más mal afamados de la capital lusa. Él, junto con otros vagabundos, drogadictos y sin empleo, comparten la vida en las tiendas de campaña de un descampado del barrio y van teniendo trabajitos, algunos con la esperanza de tener una mejor vida, comenzando por hacerse de un sitio donde poder bañarse diariamente después de salir de trabajar; y, otros, simplemente para seguir comprando la droga que les ayuda a dar sentido a sus vidas. Cecilio va entre estas dos ambiciones, a veces recayendo y a veces viviendo.

La primera pregunta que le hicimos a Escobedo-Salas fue que nos explicara su dispositivo narrativo, porque en ocasiones podemos dudar que se trate de un documental; el tratamiento de los recursos cinematográficos nos hace pensar que es una ficción, o al menos que sus personajes fueron educados a moverse dentro de la cámara:
“La peli es un documental, tiene elementos de ficción, pero sólo en la parte de la ensoñación del personaje, que es una representación de su interior… ahí es donde hay un poco de música. Lo demás es real, la pelea no está ficcionada… todo está hecho en el sitio, tratado como documental…
Obviamente sigo utilizando herramientas del cine, sea ficción o documental; en esta película intento moverme un poco en el mismo rango dinámico de la película anterior. A propósito, decido representar las cosas como de forma observacional. Es mi intención de utilizar el cine para borrar esa línea fronteriza, que tal vez si te digo que es ficción lo vas a creer, o un documental. Es una etiqueta de las películas. Más allá de jugar con etiquetas, es mi exploración de hacer cine, un cine que no tenga esas barreras.
Por eso, aunque uso elementos que parecen exclusivos de la ficción, pero es mi intención, de mostrar al espectador que esté viendo como una ficción. Quiero introducir a la gente a un mundo al que son ajenos, y por ese momento en que se vive la película se van a instalar en la situación, y en esos sentimientos y en esos pensamientos”.

El documental tuvo tan solo 21 días de rodaje repartidos entre los años de 2019, 2023 y 2024. De la primera etapa salió el cortometraje, en la segunda Abraham se dedicó a ayudar a sus personajes en los asuntos de legalización de papeles, y en la tercera sirvió para concluir la historia, revisar el arco narrativo y, finalmente, la postproducción. Él mismo considera que fueron pocos días comparado a otros, incluso a su Breaking la vida, y por eso mismo tenía miedo de no tener suficiente material al momento del montaje.
Escobedo-Salas conoció a sus personajes durante el tiempo que estuvo viviendo en Portugal haciendo su maestría de cine. Dentro de ese semestre en Lisboa, en el 2019, se fue a conocer ese barrio, calificado como el más peligroso de la capital, y él quería conocerlo porque no podía creer que todos los que están ahí sean los más malos del mundo. Se trata de un barrio que fue destruido y desplazado, y lo único que se mantuvo fue la casa de seguridad utilizada para distribuir droga, un detalle que no le pasó desapercibido, cómo la urbe urbana respetó lo más importante del barrio. Pudo entrar al grupo de personajes gracias en gran parte a ser un extranjero -mexicano- y, por tanto, no un local que vendría a juzgarlos o incluso un policía infiltrado.

Para este proyecto, él usó las herramientas del cine y por eso pudo probar con tomas, trávelin, movimientos y otros ejercicios más limpios, más precisos, prevenir los movimientos del personaje y, efectivamente, pedirle que hiciera ciertas acciones sin mirar a la cámara. De ahí que haya logrado ciertos contrapicados en plano cerrado al rostro de Cecilio consiguiendo que éste no cruce miradas con la cámara. Podría decirse que este dispositivo entraría en conflicto con los supuestos axiomas del documentalista ortodoxo, no intervenir -aunque ni en la antropología visual se respeta la no intervención- en la historia.

Lo cierto es que Abraham Escobedo-Salas mantiene su interés por los grupos marginales o marginados, y forma parte del cine social -cuasi documental-, la mejor prueba es el éxito de L’histoire de Souleymane (Boris Lojkine y Delphine Agut, 2024) premiada en el Festival de Cannes 2024, categoría Una Cierta Mirada. Abraham se llevó el Premio FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) en el Festival de Cine de Guadalajara 2025.
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