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José de Jesús Sampedro: La existencia total de la poesía

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 682 / Poesía

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Por María Vázquez Valdez

Hay lugares que son emblemáticos para todo un país: insignias de valor peculiar. Así Zacatecas, una ciudad de belleza única en México. Y también, hay personas que son emblemáticas para un lugar, que de igual manera representan una mixtura de valores irrepetible. Así José de Jesús Sampedro, como poeta y también como editor, gestor cultural y, en definitiva, como persona con una trayectoria excepcional: una presencia emblema, una presencia insignia de Zacatecas.

Muy joven, a los 24 años, Sampedro fue reconocido como el gran poeta que era, cuando ganó el Premio de Poesía Aguascalientes en 1975, por su libro un (ejemplo) salto de gato pinto, un poemario vanguardista con un epígrafe de Guillaume Apollinaire, que asombra desde su primer texto, “ragtime”, escrito no en verso sino en prosa, y sin mayúsculas después del punto y aparte. Un largo texto que va hilando a Freud, Éluard, Adler, y que ya será una manifestación de la posición de Sampedro respecto a la política, lo social, la poesía, la vida: “la historia significa el ascenso proletario y esa historia está llena de amor a la humanidad, sin duda, y apunta también a la existencia total de la poesía”.

La poesía es una médula de fondo y de forma en todo el libro, por supuesto, y en ese primer texto, Sampedro va resaltando su textura: “el hombre libre de fuerzas irracionales. la poesía hará suya la exigencia humana ya prevista. la transformación del mundo —primer objetivo— transforma también nuestra vida donde la poesía será al fin el centro. sin más. la poesía centro de la existencia humana”.

Ahora sabemos que estas palabras trascendieron al poema, a la página, y que la poesía, en la vida de Sampedro, alcanzó esa existencia total, permutada no sólo en su capacidad poética, también en su vocación editorial indudablemente longeva, y en su potencia como gestor que impulsó el desarrollo cultural de Zacatecas en formas hasta entonces inéditas, abriendo esos umbrales a poetas de incontables latitudes que encontraron en esa rosa de cantera un hogar —casa, fuego— para la creación.

Después de “ragtime”, un (ejemplo) salto de gato pinto contiene cinco partes más y un epílogo, con poemas en los cuales sobresale la prevalencia de la música, no sólo en referencias a Los Beatles y a otros que marcaban las preferencias de Sampedro, también por el tono de los poemas, ahora sí en verso, en algunos casos con innovadores recursos literarios. 

En esos poemas también hay referencias a Cesare Pavese, Paul Celan, Antonin Artaud, José Revueltas, William Butler Yeats, Rainer Maria Rilke y André Breton, que denotan no sólo la erudita e inquieta formación del entonces joven Sampedro: también dan cuenta de una postura frente a la vida que mantuvo hasta el final, y que bien podemos definir ahora como congruencia.

Su posición política se sostiene hasta el final del libro, cuando en su penúltimo poema recuerda que “queríamos el triunfo de la unión soviética ni duda”, o que “los yanquis mueren en vietnam y no escriben poesía”, así como reitera el lugar que el ejercicio poético tendría en su vida: “la poesía no es una especialidad académica ni un gusto puramente refinado (ojo) sino el ejercicio de una búsqueda existencial”.

Conocí a José de Jesús Sampedro en la década de los noventa, cuando dirigía el Festival de Poesía Ramón López Velarde. Era un lujo para mí —estudiante entonces— ir en diciembre al Teatro Calderón de Zacatecas a escuchar de viva voz a grandes poetas de México y de otros países. Un esfuerzo encomiable de Sampedro, indeleble.

Años después, en la Ciudad de México nació la revista de poesía Alforja, encabezada en gran medida por el poeta José Vicente Anaya, con quien Sampedro conservaba una longeva amistad. Desde el inicio de la revista, José Vicente propuso la participación de Sampedro como representante de la revista en Zacatecas, por lo que aparece su crédito en las páginas legales de 44 números de Alforja, toda la vida editorial de la revista, excepto por el primer número.

A partir de entonces, muchas veces me encontré con Sampedro en Zacatecas para entregarle ejemplares de la revista, y de libros de Ediciones Alforja, y en algunas ocasiones también con el mismo José Vicente, nos reunimos en cafés en el hermoso centro de Zacatecas. Gracias a Sampedro, y a Ester, su compañera de vida, Alforja conservó una presencia ininterrumpida en el entorno cultural zacatecano. 

Era un deleite escuchar a Sampedro conversar con José Vicente: dos poetas contemporáneos con historia compartida, ideologías afines, intereses comunes relacionados con la música —especialmente el rock—, los beatniks, la contracultura. Ambos vanguardistas, ambos transgresores de cánones literarios, cultivaron esa entrañable amistad hasta la partida de José Vicente, el 1 de agosto de 2020.

En alguna ocasión, cuando le llevé revistas a Sampedro a sus oficinas, generoso me invitó a colaborar en la revista Dosfilos y en Corre, Conejo. A raíz de esa invitación, recuerdo que incluyó un texto sobre Milan Kundera que le envié, en la edición del 15 de octubre de 1999 del suplemento. 

En varias coyunturas de Alforja queda la impronta de Sampedro, como su poema “El blues de Sam”, que aparece en la página 37 del penúltimo número de la revista, edición con el tema Jazz & Blues. En ese número 44, también coordinado por el escritor Carlos Velázquez, y publicado en la primavera de 2008, Sampedro comparte páginas con textos de músicos como Lou Reed, Leonard Cohen y Janis Joplin, y de beatniks como Allen Ginsberg —“Blues de la impunidad virtual”—, Lenore Kandel —“Blues para la hermana Sally”—, Lawrence Ferlinghetti —“Conozca a Miss Metro”—, Patti Smith —“El sueño del perro”—, y Jack Kerouac —“Orlanda Blues”. 

Ahora sabemos que, en efecto, la poesía de Sampedro —tal como lo puntea en un (ejemplo) salto de gato pinto—, hizo “suya la exigencia humana ya prevista”, y que transformó su vida donde la poesía sería “al fin el centro. sin más. la poesía centro de la existencia humana”.

Honramos su memoria.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_682

 

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