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Un festival con cuentas pendientes

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS VARGAS •

El pasado fin de semana se celebró en la capital zacatecana el Festival de Ciudades Mexicanas Patrimonio Mundial, un encuentro que incluyó actividades académicas, artísticas, culturales y de promoción de productos locales y nacionales. Se trató del primer evento de envergadura organizado por la administración municipal que encabeza Miguel Varela. Más allá del saldo en asistencia y organización, la ocasión permite reflexionar sobre las similitudes entre el actual Ayuntamiento y aquellas prácticas que el propio edil ha criticado con insistencia del gobierno estatal.

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Uno de los primeros tropiezos fue la difusión de cifras poco claras en materia de ocupación hotelera e impacto económico. El alcalde aseguró que la afluencia turística fue “bastante alta”, aunque los datos muestran que el repunte se concentró únicamente en los hoteles donde se hospedaron las delegaciones invitadas. Es cierto que estas reservaciones aportan a la economía local, pero resulta contradictorio que Varela repita el error que tanto se le señaló a Roy Barragán, a quien fue desmentido por los mismos hoteleros cuando dio cifras incorrectas en Semana Santa.

La falta de planeación y promoción del festival también quedó en evidencia. Fue apenas el 6 de agosto cuando se presentó de manera formal el evento, y dos días después se difundió el programa general. La experiencia dicta que para atraer turistas se requiere más de un mes de campañas coordinadas en radio, televisión, prensa escrita, publicidad exterior y redes sociales. Sin una estrategia integral, la capital zacatecana sigue ausente del radar de miles de visitantes. Una falla que, nuevamente, es similar a la del gobierno estatal.

Otro episodio cuestionable fue la reactivación del Consejo Municipal de Desarrollo Económico, anunciado con bombo y platillo con la incorporación de Arturo López de Lara. La expectativa inicial pronto se desinfló: los propios integrantes del organismo mencionaron que sus opiniones no fueron tomadas en cuenta en la organización del festival, e incluso algunos sectores quedaron excluidos de las muestras gastronómicas, culturales y comerciales. El descontento creció cuando los empresarios locales fueron invitados a “cooperar” para cenas y maridajes, en lugar de ser beneficiarios de un evento que, en teoría, debía impulsar su actividad. El consejo terminó replicando el esquema conocidos: un órgano sin proyectos claros, ni incidencia real.

En el terreno político, la oportunidad de mostrar visión y liderazgo también se perdió. Durante la inauguración, el discurso del alcalde volvió a girar en torno al lamento y la comparación con administraciones anteriores, en lugar de esbozar una propuesta de ciudad y un horizonte para Zacatecas. En un espacio que reclamaba altura política, lo que predominó fue un presidium deslucido y un mensaje que redujo el festival a una queja permanente contra el gobierno estatal.

La ausencia más significativa, sin embargo, fue la del Plan de Manejo del Centro Histórico. Paradójicamente, uno de los principales ejes de campaña de Varela consistió en criticar a Jorge Miranda por el deterioro del primer cuadro de la ciudad. Ahora, su propia administración admite no contar con un plan actualizado y depender todavía del que dejó Carlos Peña hace más de seis años. La promesa de presentarlo “pronto” dejó un vacío que, en un escenario de esta magnitud, se tradujo en una oportunidad perdida para exhibir capacidad de gestión.

Conviene subrayar que el festival, en su naturaleza, no fue un fracaso. La iniciativa de reunir a las ciudades patrimonio es valiosa y merece continuidad. El problema radica en que, con errores repetidos en planeación, promoción y conducción política, el evento terminó exhibiendo las debilidades de la administración municipal.

Si Miguel Varela aspira a proyectarse como contendiente serio en la sucesión gubernamental, el camino no será el de la queja constante ni el de las cifras alteradas. Su mejor campaña será demostrar que puede gobernar con autocrítica, seriedad y resultados. Mientras tanto, los zacatecanos pagan el costo de una gestión que todavía no logra diferenciarse de aquello que tanto cuestionó.

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