Menos del 5 por ciento de los árboles plantados en reforestaciones emprendidas en los últimos tres años en el Cerro de La Bufa han sobrevivido, advirtió un especialista en manejo forestal, lamentando que la mayoría de los esfuerzos en reforestación no sigan lineamientos técnicos que aseguren la prosperidad de las especies.
La falta de estudios previos del suelo, la omisión de indicadores bióticos, el uso de ejemplares demasiado pequeños y una deficiente preparación del suelo al momento de plantar, son, según el entrevistado, los principales problemas que comprometen el éxito de estas campañas.
“No hay un estudio previo de suelos, que se debe hacer antes para conocer qué tan nutrido está. La tierra del Cerro de la Bufa está completamente lixiviada, no tiene nutrientes”, explicó, precisando que solo en las faldas del cerro (donde se acumulan sedimentos arrastrados por la lluvia y el viento) existen condiciones más propicias para plantar.
Otro desacierto que, dijo, se repite en iniciativas como las del Ayuntamiento de Zacatecas y el Clúster Minero es la siembra de ejemplares demasiado jóvenes, con escasas probabilidades de resistir plagas y enfermedades.
Muchos provienen de la Secretaría del Campo (Secampo), dependencia que, señaló, ha reducido la calidad de los árboles que produce.
“Vas y solicitas mil árboles y te los dan en charolitas, árboles de 10 centímetros… es lógico que no van a sobrevivir porque los árboles son bebés. Un árbol ya debe venir con una altura de 90 centímetros a un metro para poder defenderse”, afirmó.
Aunque el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento capitalino sostiene que se emplean “especies nativas como pino piñonero, yuca y mezquite, que se adaptan naturalmente a las condiciones del cerro”, el especialista insiste en que un verdadero plan de reforestación debe partir de los indicadores bióticos.
“Si tú quieres hacer una reforestación, te fijas qué tipo de árbol está dominando… pues hay mezquites, hay huizaches… ellos forman microclimas imperantes, se defienden entre ellos, hay una simbiosis. Y acá lo que están haciendo es hileritas, hileritas, hileritas.
“Históricamente La Bufa no era un pinar, sino que albergaba cedro castrero o cedro prieto, árboles muy resistentes con raíz pivotante capaz de romper rocas y adaptarse a suelos pobres”, agregó.
La técnica de plantación también es determinante. El experto describió que una preparación correcta implica abrir la cepa, temperizarla, desinfectarla, nutrirla con fertilizante granulado y un poco de hidrogel previamente hidratado, cubrir con una capa de tierra, colocar el árbol, tapar y regar. Con este procedimiento, estimó, se alcanza un 65 por ciento de supervivencia.
Recomendó, además, no plantar más de 300 o 400 ejemplares por jornada para garantizar su monitoreo y cuidado posterior. “No nada más es cuestión de salir en la foto”, subrayó, al recordar que las dependencias responsables deben contar con personal verdaderamente especializado o consultar a expertos.
Como ejemplo de que una reforestación bien planificada sí es posible, el especialista mencionó la realizada recientemente por la empresa Corona en el Ecoparque Centenario.
Ahí se plantaron 300 pinos greggi y pinos Moctezuma de buena calidad, con fertilizante colocado en el fondo del hoyo para compensar la pobreza del suelo y un manejo cuidadoso de cada ejemplar.
La combinación de un número reducido de árboles, especies adecuadas, preparación técnica del terreno y seguimiento posterior, dijo, la convierten en un modelo a replicar.
No obstante, advirtió que aún falta aplicarles el tratamiento de banqueo para evitar el fenómeno de arado estival, que resulta en árboles “enanos” al inhibir el crecimiento apical y radical: tanto en altura como en raíces.



