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lunes, 17 enero, 2022
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■ Historia y Poder

Juan Manuel Bonilla Soto, ese es el coraje…

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Desde antier sabíamos que Juan Manuel es un ser hiper reactivo a la creación, es como un Gonzalo Lizardo y un Macías Juan José pero al mil por cada segundo que respinga: poeta, fotógrafo, humanista, profesor respetado, o sea, un fresnillense raudo, no parco como Macias el escribidor, ni decente como el Lizardo que a todos abombacha.

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Había que hacer justicia: la sociedad de los escritores zacatecanas no le saca a los fulgores y este vate humanista es un faro de luz en medio de las ciénegas y de las aguas gélidas o hediondas del cálculo egoísta, muy en boga en la calle de abajo donde la bohemia exaspera el cigarrismo galopante de carnívoros avenidos a editar libros sacándole ventaja al estilo, las famosas “horas nalga” que de tanto presumen los jerarcas de la literatura zacatecana caza premios y puestos universitarios: dixit Gerardo el hermano incómodo o el Geras lleno de Ríos, jefes del mantenimiento y decoradores de las galerías furiosas curándose de regocijo y parrandas inexplicables donde solo cuenta la izquierda que traen muy adentro en los principios.

El tema es el Juan Manuel, citador en programas de radio donde la palabra es la jerga divina, prófugo del ácido sampedreano, ha dirigido revistas cotorras de alta literatura y sopa juliana donde caben los que fueron corridos de la casa de la fama y la celebración, con toneladas encima de un prestigio muy callejero, ordenado, nunca simplón para cobrar el aguinaldo a mitad de precio, más bien en el renacimiento de la palabra que es necesaria, urgente, solidaria.

Juan Manuel Bonilla Soto, creador de espacios y difusor de la cultura al máximo, es este un histórico en el bagaje popular de la literatura nacional, es también un hallazgo y una bendición entre las nuevas generaciones que le siguen con devoción y entusiasmo y le acompañan, lo replican, le dan like sagrado a sus aventuras de luz en la buena fotografía de la escuela de Valtierra o de la suya propia, nunca lejos de la psiquiatría forense que define a las personas tal cual y como son: la hipomanía clásica, el mal del querulante, la manía ambulatoria.

Nos da alegría, nos da esperanza, nos da gozo y hábito, nos quita lo huérfano de una gloria que jamás existió y ahora es apoyo en estas jornadas de largo aliento, de miedo y asombro por lo que la humanidad se desvive, se atrabanca queriendo alcanzar notoriedad y hasta lo logra.

Juan Manuel es el emperador del barrio, el Cid de los tacos envenenados, el frijolito negro orgulloso de ser curioso y lleno de talento, nunca paria de la fama y la comodidad, mas bien, un humanista a carta cabal y un aprendizaje continuo que nos da cita cumplidora en la creatividad, el hallazgo y la sorpresa.

Ese es el coraje a continuar, este el Macedonio al que una extraña fuerza natural le acompaña cuando se avienta por delante y reúne a la tribu y repite: este es el coraje de seguir avanzando.

Y lo Consigue.

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1 Comentario

  1. Miguel Angel Aguilar Excelente nota periodística poética para describir al poeta Juan Manuel Bonilla. Merecido reconocimiento poeta.

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