El punto geográfico en el que nace un ser humano jamás debería determinar su valor como alumno, como paciente ni como ciudadano. Sin embargo, la historia de nuestro país ha estado marcada por una geografía de la exclusión que condena a las comunidades de la periferia a ver sus derechos constitucionales como lujos. Por eso, despojarse de la comodidad del escritorio y adentrarse en el territorio es un acto sino un ético. Recientemente tuve la fortuna de acompañar, por invitación del Dr. Carlos Hernández Magallnes, director de IMSS-Bienestar en Zacatecas y Enlace Federal, junto con el equipo en una jornada médico-pedagógica de profunda trascendencia social hacia el Centro de Salud Santa Lucía de la Sierra, en el municipio de Valparaíso; una región enclavada en las cumbres del llamado triángulo dorado, habitada por comunidades indígenas tepehuanas y wixárikas.
Llegar hasta allá implicó una travesía de casi trece horas por caminos sinuosos. Se trasladaron aparatos médicos especializado como y un equipo de salud compuesto por cardiólogos, ginecólogos, pediatras, dentistas, cirujanos, enfermeras y personal de trabajo social. El Centro de Salud se transformó en un escenario de esperanza donde se brindaron más de 300 consultas a pobladores locales y de comunidades aledañas, siendo la atención pediátrica y dental las más solicitadas, arropadas por campaña de vacunación y orientación preventiva.
No asistimos a una visita de cortesía política, fui testigo de un diálogo de cercanía constante con la gente. El liderazgo clave en este esfuerzo es el del Dr. Carlos Magallanes que, con su gran trayectoria, en todo momento se mantuvo escuchando atento a cada paciente y organizando próximas visitas, diálogando con el personal. A esta labor se sumó la Dra. Nasaria Herrera, Coordinadora de Vinculación a nivel central en IMSS-Bienestar, quien estuvo acompañando en todo momento el trabajo de campo. Su presencia validó el esfuerzo y segura estoy de que compartira esta enriquecedora experiencia a nivel nacional como un modelo reproducible de justicia social.
Se realizó una supervisión de la ampliación del Hospital General de Fresnillo la verificación del abasto de medicamentos en el Hospital Comunitario de Valparaíso, junto con la Presidenta Municipal María Guadalupe Ortiz Robles, con quién también pude conversar sobre temas educativos y resaltando la importancia social del docente como orientador y gestor en las comunidades alejadas.
Desde la académia e investigación, esta experiencia refuerza un término que he venido acuñando con insistencia, la necesidad urgente de impulsar la decolonización administrativa. Este concepto busca que la teoría de la decolonialidad no se quede en un discurso abstracto, sino que se traduzca en una práctica institucional. Lo he analizado a profundidad en mis investigaciones previas con niñas y niños de familias jornaleras migrantes agrícolas, las estructuras administrativas suelen ser rígidas, centralistas y ciegas a las realidades culturales y geográficas, imponiendo reglas de operación urbanas a contextos que necesitan flexibilidad y pertinencia.
Tube la oportunidad para realizar un levantamiento de datos en el ámbito educativo, entrevistando a madres, padres de familia, niñas y niños desde nivel preescolar hasta secundaria. Las aulas serranas reflejan una paradoja conmovedora pues los estudiantes mantienen una motivación inquebrantable, aman a su escuela, respetan profundamente a sus maestros y valoran a sus compañeros. Sin embargo, el entorno les impone un techo de cristal. Al terminar la secundaria, la falta de recursos económicos y las distancias los obligan a truncar sus estudios, incorporándose a las duras jornadas del campo o tomando la ruta de la migración.
El rostro de la resistencia es María de la Luz, una mujer de 60 años que en agosto iniciará su preparatoria con un entusiasmo que contagia. Ver en ella el disfrute por el conocimiento y su sueño de trabajar en educación inicial o en el CONAFE es la prueba viviente de que la educación es un fuego que no se apaga con la edad ni con el aislamiento.
No obstante, las áreas de oportunidad de nuestras políticas públicas son urgentes. En una de las entrevistas, pude conocer la falta de infraestructura que obliga a niños de preescolar a compartir el mismo espacio con adolescentes de secundaria. Esta convivencia forzada, donde colisionan etapas de madurez tan distintas, genera tensiones inevitables y juegos bruscos que ponen en riesgo a los más pequeños. El diseño de la política pública debe nacer de estas verdades del territorio. El alumno rural merece exactamente lo mismo que el urbano, un equipo completo de docentes, infraestructura digan en cantidad y calidad.
La Sierra de Valparaíso nos regaló paisajes majestuosos entre la lluvia, recordándonos que la salud y la educación no son dádivas gubernamentales, son derechos humanos que adquieren su verdadero sentido cuando el Estado rompe las barreras geográficas para garantizarlos.
Hacer patria es esto… cruzar la sierra para que una madre escuche el corazón de su hijo en un ultrasonido o visitar aquella escuela lejanda para que también pueda ser rahabilitada, dotada de materiales y procurar opciones para que sus alumnos no se topen con los techos de cristal.



