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jueves, 18 agosto, 2022
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Deseos de Año Nuevo

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Por: Mauro González Luna •

Todos anhelamos que cada año que comienza sea mejor que los anteriores, o siendo objetivos, menos malo. El año nuevo abre siempre las puertas de la esperanza. La esperanza, por ejemplo, de que la nación mexicana se pregunte si está condenada a gustar de la servidumbre durante periodos que se alternan en su historia, o si en verdad ama la libertad, si está dispuesta a luchar por ella a diario con las armas del derecho y de su fin, la justicia, y no solo esporádicamente y de manera violentísima, como en la Revolución o la Resistencia Cristera.

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Un filósofo de altos vuelos, Ernst Cassirer, dijo una vez: «si el ser humano siguiera simplemente sus instintos naturales, no se afanaría por la libertad», sino se abandonaría a la dependencia, a la servidumbre, a que otro u otros piensen, juzguen, decidan por él, pues ello es lo cómodo, lo que no exige esfuerzo, personalidad, enjundia, responsabilidad.

Es por esa tendencia instintiva, continúa el filósofo, que, con frecuencia, la libertad se vea más como una carga que como un derecho a defenderse. Y en momentos de crisis decisivas, cuando las fuerzas del espíritu flaquean, el ser humano claudica y se afana en librarse de esa carga, en búsqueda suicida de seguridad.

Al claudicar, la mirada del ciudadano se transforma en mirada de can, de súbdito, y entonces es cuando aparecen los «mitos políticos», las dictaduras de todo género y grado, de una persona o de una facción, ofreciendo el paraíso; dictaduras a las que a menudo, los pontífices de la beatería y la tibieza políticas, llaman autocracias para dorar la píldora.

Repasemos de manera sucinta, periodos de servidumbre de la convulsa historia de México. Son tres las dictaduras paradigmáticas de un solo hombre: las muy conocidas de Santa Anna y Porfirio Díaz, y la de Juárez de carne y hueso, por no hablar de las de Obregón y Calles, y de las cuatrienales y sexenales que vinieron después.

Santa Anna ocupó la presidencia en seis ocasiones, siendo la última la propiamente dictatorial, la de su «Alteza Serenísima», que va de 1853 a 1855. Tuvo él participación política en todos los partidos de la época, incluso el gobierno liberal de Gómez Farías lo mandó llamar para dirigir la defensa militar en tiempos de la Guerra Estados Unidos- México, guerra que culminó con el Tratado Guadalupe Hidalgo y la pérdida de la mitad de nuestro territorio.

La de Juárez, se oculta bajo un velo mítico y una historia oficial, y, por ende, es desconocida por la mayoría. Desempeñó él la presidencia del país desde el golpe de Estado de Comonfort, enero de 1858, hasta su muerte en julio de 1872. Fueron 14 años al frente del poder ejecutivo con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, que unos años antes había despojado a México de la mitad de su territorio. Durante esos 14 años gobernó Juárez con base en facultades extraordinarias, es decir, sin límites a su poder.

En 1867, derrotado el segundo imperio, y ya muy atrás la Guerra de Reforma, guerra entre mexicanos, Juárez intentó trastocar la Constitución del 57, al emitir su famosa Convocatoria para reformar a su gusto la Constitución misma, apelando al «pueblo» directamente, en violación del artículo 127 de dicha Carta Magna, nunca respetada en la práctica desde su promulgación, pues se decía que con ella ¡no se podía gobernar!

De no haber muerto en 1872, Don Benito habría ocupado la presidencia hasta 1875, pues en 1871 se reeligió contra viento y marea, en una elección tildada de fraudulenta en su tiempo por la oposición y por buena parte de la prensa. Recurrió el juarismo en esa su última campaña electoral a métodos criticables en el proceso de integración de la cámara de diputados en turno, que fue la que lo declaró presidente, al no haber alcanzado la mayoría absoluta de los votos populares, según lo señalado por el historiador Fuentes Mares, fundándose en la correspondencia del mismo Juárez.

Muchos liberales distinguidos de su tiempo, consideraban a Juárez como un estorbo para la democracia, entre ellos, nada menos que Ignacio Ramírez, el Nigromante.  Decía el historiador liberal Payno en aquella época: «los pueblos estaban cansados de su dominación -la de Juárez-, y su larga permanencia en el poder le había ya convertido en un tirano». Muy claro para los que aprecian la verdad histórica.

Poco después, sobrevendría el mito de Juárez, promovido fundamentalmente por el gobierno yanqui en aras de su permanente tutelaje sobre nuestro país, mismo que perdura hasta ahora en materia migratoria, por dar un ejemplo.

Y, luego, vendría la muy larga dictadura de Porfirio Díaz, de todos conocida y hartamente analizada.

La pregunta crucial hoy con la que inicié este artículo, es si en este año 2022 que está por comenzar y que será clave para el porvenir, está dispuesto México a defender sus libertades esenciales, a demostrar que, en los hechos, ama la libertad, venera y defiende su Constitución como instrumento garante de los derechos fundamentales, de la democracia institucional, del pluralismo de los órganos autónomos, de la civilidad en todos los órdenes. Hago votos porque así sea, y no sea el instinto servil el que vuelva a prevalecer. Feliz Año a todos los amigos y amigas de La Jornada Zacatecas.

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