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lunes, 17 enero, 2022
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Ruptura de ruido, Requiem, de Eclipse Román

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Por: Armando Salgado •

La Gualdra 505 / Libros

  1. El volcán Anak Krakatau, de Indonesia
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José Manuel Recillas compara a Eclipse Román con el volcán Anak Krakatau que hizo erupción en 2020, por la manera de “emerger de forma imprevista y dejando al espectador convulsionado”. Dice Hugo Hiriart que: “la esencia […] de una cultura está en el idioma que en ella se habla y escribe”. El idioma que usa José Manuel Recillas, es la lengua de los relatos, y la mejor manera de aprender relatos es escribir relatos. Eclipse Román ya es parte del relato de la poesía michoacana contemporánea. Su libro Requiem domina la esencia de la cultura occidental y del mismo modo que Hiriart lo expresa, Eclipse “para aprender poesía” escribió poesía. Quizá no contempló en sueños la manera en la que surgió el volcán Anak Krakatau, porque su vigilia estuvo atenta en el fluir del magma calcinante de su Requiem (Ediciones Carena, España-México, 2021). Eclipse ignoró el ruido “magmático de la tierra” en Indonesia porque simplemente estaba ausente de ese ruido, en el intento de acomodar sus propios ruidos, lo explica de mejor manera Roland Barthes: “[…] saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura”. De esta forma Eclipse comenzó a escribir el relato sobre ella misma al ignorar el volcán Anak Krakatau, de Indonesia, aunque ambos eventos emergieron “de forma imprevista”.

  1. De las antiguas mitologías hasta Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

El primer apartado del libro Requiem, de Eclipse Román, es una autopista de gran velocidad donde los versos angostos construyen una caída precisa, palabra por palabra, con la intención de establecer un límite dentro del propio tono que cimienta el poema de largo aliento titulado: “Macbeth”. Azar de poema, retícula fina, ritmo milimétrico. Externa Hugo Hiriart citando a Antonio Machado: “que todo verso tiene medida, cierta musicalidad, patente, ya en metro tradicional o ya escondida, en metro no tradicional, pero medida al fin”. Eclipse modula estas posibilidades que otorga el poema, restablece las medidas que desea para su propio tono, un trazo de resonancia áurea. Lo delimita al igual que las antiguas líneas de tinta sobre papel albanene para diseñar las primeras súper autopistas, con el mismo temple de los pigmentos naturales de las imágenes rupestres sobre las rocas graníticas. En este contrapunto el verso clásico y el verso libre, reúnen lo mejor de sí para medir en nosotros la posibilidad de un diálogo horizontal a través de la escritura de poemas, al reformular el relato continuo de la poesía. Como buena lectora de textos clásicos, Eclipse escribe el primer poema de este libro con el mismo temple adivinatorio de las profecías en torno al Rey Macbeth, lo que deja en manifiesto la condición humana de este poemario, al igual que la anticipada expertise de Shakespeare al representar a la humanidad en una de sus tragedias más famosas: —sucede que la poesía puede relatar en una sola gota, en un solo verso, lo más miserable del mundo—. Eclipse Román relata lo siguiente:

“[…] toda angustia
o miseria,
apenas llegada vuelta
por contracción mínima
aire
que envolvente
entre trazados surcos imparte
sin corpóreo esfuerzo
al organismo
la acción primera
de que es dotado;
así se yergue
la faz que tensa
en avance mantiene el vilo
sobre el suelo
que contempla
sobre sí atraído
por corto plazo
ajeno peso,
previo al desgarre que pendiente
toma
en instante solo
aliento
sin seguir
el cambio
que al mudar de suelo
el rostro encuentra,
aun que misma
en materia
el ser no iguala […]”

En el segundo apartado de Requiem, la autora continúa con el pulso constructor y dispersa en tono integral el imaginario mitológico que la cultiva, incita relatos y los mezcla con el carbono de los humanos para provocar el fuego, y con las cenizas que sobran del incendio, hacer del poema su vasija de memoria. A su vez, los versos largos, los cortes que diseccionan el carnero de forma, otra vez milimétrica, exigen una lectura atenta de los relatos que conforman la química sanguínea de las culturas de occidente. Aparece el Leteo, el Leviatán, Faetón quien condujo el carro del sol por un día, la región de las sombras gobernada por Érebo, el Abraham bíblico, la región sumeria de Apsû, reminiscencias del génesis, entre otras múltiples piezas de pensamiento helénico, acadio, entre otras, limadas al mundo redentor —y en extinción— de esta contemporaneidad ladina. Los versos del segundo poema de largo aliento titulado “Catábasis”, bien son la soga que nos ayudará a salir de este descenso hilarante plasmado por Eclipse Román, o serán la cuerda alrededor del cuello de la humanidad que sostenga el dolor, el peso del olvido, la descendencia impura que cuelga del árbol torcido de nuestros días. Lo relata de nuevo la joven autora de Requiem:

[…] Padre, Padre,
en la terrible Oscuridad de tu perenne Olvido,
¿por qué arrojándonos nos has abandonado?”
Ecos perduran por sobre ruinas de Lo Habido:
“¡Ay de ti, perdida y culpable raza!,
que al hermano en espíritu ignoraste
cuando a la vera expirante le hallaras del camino,
que enloqueciéndolo,
¿en su lugar quién no lo hiciera?,
por los años arado rostro escarmentaste.
¡Ay de ti, herética Babilonia,
que el nombre has olvidado de tu Creador!

Lo versos largos en “Catábasis” establecen una relación indirecta, imaginada por mí, con un fragmento de la novela distópica Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, donde el personaje Montag maneja su vehículo y por la ventana observa el movimiento de la publicidad que se expande como una tira animada. En el caso de Requiem, Eclipse dilata un mosaico de situaciones límite, parecidas a la obra de El Bosco, o a la película Mother, del director Darren Aronofsky, donde al igual que en Requiem existe una alegoría bíblica e intercultural donde sobresalen elementos grecolatinos en una yuxtaposición fílmica y poética a la par. La poesía es el vehículo de Montag, el poema es la ventana donde se visualiza un caleidoscopio de referencias multitudinarias de su versión futurista de mundo; en la misma dirección, Eclipse Román conduce Requiem, desde las páginas de este poemario apreciamos la basta intertextualidad clásica, los descensos y ascensos polifónicos entre culturas, la condición humana, los límites de dicha condición, que nos precipitan como lectores al leer de un solo tajo los dos poemas extensos que conforman esta obra sinuosa y armónica a la vez.

  1. Ha zarpado el libro

Sean las vetas literarias de Eclipse Román el flujo continuo que abreve el múltiple magma para definir su propia temperatura por la que habrá de emerger como el volcán Anak Krakatau que hizo erupción en 2020. Buen itinerario para su trayecto que brota con fuerza.

* * *

Román, Eclipse. (2021). Requiem. Ediciones Carena.
Roland Barthes (2011). Fragmentos de un discurso amoroso. Siglo XXI.

Hugo Hiriart (2003). Cómo leer y escribir poesía. Ensayo TusQuets.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-505

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