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lunes, 17 enero, 2022
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El poema no es indispensable, pero sí necesario para mostrar la inutilidad de las certezas, y la magnífica fragilidad de estar

[Entrevista al poeta chileno Carlos Cociña]

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Por: OCTAVIO GALLARDO •

La Gualdra 505 / Entrevistas / Poesía

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Con sus 70 años, Carlos Cociña es el más joven de todos los poetas chilenos; así lo describe la crítica chilena, entre otras cosas porque el poeta ha logrado influir en una enorme tribu de lectores y escritores jóvenes de Latinoamérica, en parte por haber sostenido durante 40 años una poesía que no ha dejado de ser una experiencia peculiar con los materiales del lenguaje. Carlos Cociña es contemporáneo en la raíz, su preocupación por la experiencia humana es fundamental en tiempos donde el mercado domina muchos espacios; él dice: “El poema no tiene efectos en el área de lo utilitario, no es práctico en el sentido del valor de cambio, pero sí de uso. Su lectura, o escucha, altera el código que lo sostiene y el de quien opera con él”. 

Cociña ha robado o extraído de diversos registros como la ciencia y la arquitectura, los recursos para hacer una poesía que suspende lo lírico, y donde nada se repite. Para señalar un ejemplo, el poeta, ha sido citado en diversas ocasiones en el mundo como uno de los primeros escritores en ejecutar un ejercicio marcado por las posibilidades de la web y el azar, donde dos de sus libros pueden ser leídos en internet, en la página poesíacero.cl solo en la medida en que uno pulsa y se abre aleatoriamente un poema. 

Pronto se presentará La casa devastada editada por Mangos de Hacha y ya ha sido estrenado el libro Derecho al olvido basado en su obra Pensamiento inédito y disponible bajo demanda en librerías de México. Desde su primer libro Aguas servidas Carlos Cociña ha ampliado la experimentación lírica y ha dotado a la poesía de una impronta que reconoce en el lenguaje de los otros su propio y particular referente, y que produce, al final, una rara pero admirable belleza. 

Octavio Gallardo: ¿Cuáles son los materiales con que se construye -construyes- un poema? 

Carlos Cociña: Palabras que pretenden acercarse a lo innombrable. Tratar de construir, de vislumbrar el sentir, no tener palabras para aquello que sucede.

OG: ¿Crees que escribir poesía es una forma de habitar el mundo y en qué medida te resulta necesaria?

CC: Es una forma de habitar y construir mundo, aportando un objeto, sin utilidad práctica, que se inserta en la realidad, y se concatena con ella. El poema no es indispensable, pero sí necesario para mostrar la inutilidad de las certezas, y la magnífica fragilidad de estar.

OG: Tu primer libro, Aguas servidas, nace con la dictadura militar de Pinochet como contexto, ¿en qué medida te relacionaste escrituralmente con ese proceso?

CC: Cierta incomodidad comienza a gestarse antes, que se radicaliza con el golpe de estado, una guillotina que cercena la vida en los cuerpos, la comunidad y los proyectos. La radical utilización de infundir miedo y control impregna todo el devenir. Ante esto, cualquier acción que implique cierto grado de libertad, se transforma en un gesto de resistencia y posibilidad de liberación. Utilizar las palabras y la escritura ajenas a la opresión, es una forma de afirmar presencia, apuntando a aquello que no se debe ver, sentir o mencionar.

OG: Ha llamado la atención la experiencia que hiciste en la web, siendo uno de los pioneros en publicar poemas en ese código ¿cómo se dio, o apareció, esa posibilidad y experiencia y cómo la ves hoy?

CC: El soporte de la voz es el cuerpo, donde las cuerdas vibran y resuenan. La escritura, desde las primeras líneas y gestos visuales usan como soporte la arena, las piedras, la piel, cuero, corteza de árbol, amate, delgadas capas de fibra vegetal, papiro, telas, lino y papel, pasta de madera. Estos últimos materiales se manipularon como rollos y también cortados y cosidos. El libro, como lo conocemos, tiene sus antecedentes en la Edad Media Europea, y un gran cambio cuando se comienza a utilizar la imprenta de tipos móviles traspasada desde oriente. Ese cambio del siglo XV se mantiene hegemónico hasta el siglo XX, cuando aparece la computación. Ahí, el soporte de la escritura y las imágenes es otro. Ante eso, estimé, en tanto el soporte condiciona la recepción de lo escrito, que había que abordar dicha condición, tratando de utilizar las herramientas y condiciones que el medio propiciaba. Por ello elaboré una página web, en 2003, desarrollando libros específicamente para ese medio, y no como remedo de los otros. En la actualidad se han ampliado exponencialmente sus posibilidades, y posiblemente se llegará a que se pueda incorporar, además del sonido y lo visual, la textura y los olores. Sin embargo, la literatura, oral o escrita se mantendrá en todos estos medios, conviviendo y siendo cada uno de ellos un elemento esencial de la forma de recepción de los textos.

OG: En el libro La casa devastada que será próximamente publicado en México por el sello Mangos de Hacha, te preguntas por asuntos de la índole, ¿por qué migramos?, o ¿por qué, al mismo tiempo, desarrollamos asentamientos y urbes? ¿Por qué te parecen críticos esos temas, y por qué los desarrollaste con lenguajes cercanos al urbanismo y la arquitectura? 

CC: El movimiento es esencial a la vida, aunque pueda ser relativo. Aun así, se mueve. Desde las formas más básicas que conocemos, siempre ocurren desplazamientos, e incluso algunas partículas parece pueden estar en dos lugares a la vez. Una semilla puede estar cientos de años al parecer inactiva, pero cuando se dan ciertas condiciones se mueve al transformarse y emerger su potencia. Los seres vivos se desplazan en diferentes sentidos y los animales también, por lo mismo los humanos constantemente están en migración, en espacios reducidos o inmensos, transformando la desesperanza en proyecto de algo mejor. Cuando encuentran las condiciones construyen espacios que los beneficien. Sin embargo, cuando se asientan y desconocen lo transitorio, extienden sus construcciones destruyendo el espacio que los acoge, creyendo que les pertenece, cuando solo son parte de él. 

OG: Has sido denominado como uno de los poetas más vitales del último tiempo ¿compartes esa definición, y qué se necesita para para que el poema se mantenga joven en el tiempo? 

CC: Escuchar, observar, tocar, oler y hacer es una constante que se puede hacer consciente, no dar nada por hecho, sino en proceso. Más evidente se hace en el caso de la escritura, el canto, la elaboración de formas y el movimiento. Sin embargo, todo acto, además de quien lo hace, es percibido por otro, incluso otro en sí mismo, y para quien percibe, adquiere dimensiones y características diferentes de quien lo ejecuta, pues lo descubre desde su propia historia, de su comunidad, de sus pares, aun los que no conoce, pero con quienes comparte algunos modelos y paradigmas. Un poema emerge desde la percepción de quien accede a él, por lo tanto, será el ejecutor del mismo, y este existirá en esa ejecución. Quien en principio lo estructura es solo un referente. La necesidad de identificarlo es un dato más del colectivo que lo construye.

OG: En el libro Derecho al olvido, que realicé como editor a partir de fragmentos inéditos de tu trabajo, aparecen, emergen, ensayos de pensamiento en pequeño formato que te sorprendieron en el resultado final. ¿Crees que la poesía es una herramienta para pensar o definir?

CC: Pensar es distinto de sentir, y la forma como percibimos la tratamos de estructurar en un código, en un modelo que podamos abarcar y eventualmente comunicar. En el poema es la lengua, que es una forma de estructurar el pensamiento, para tratar de acoger y expandir lo inasible. Claramente es una forma de pensar que pone en movimiento lo que se trató de retener.

OG: ¿Dónde, en qué lugar y en qué soportes encontramos la poesía hoy?

CC: Los poemas que conozco, no puedo hablar de la poesía en general, están en diferentes soportes, los que dije anteriormente, pero aparecerán otros, sin eliminar los que conocemos, pues la materia, el movimiento y la inestabilidad construyen la forma como percibimos y entendemos aquello que hacemos suceder o nos sucede.

Poemas de Carlos Cociña

Versa 04.1

Aquello que no se puede calcular u ordenar, no desaparece, se revela por sus efectos.

Versa 04.2

La omnipresente necesidad de urgencia e insistencia actúa como una potente droga; induce a la atracción por la carencia de normas, donde las sensaciones pueden reconstruirse e intensificarse desde un trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre.

Versa 04.3

Usando un algoritmo matemático se pueden provocar fuertes síntomas neurovegetativos, como las náuseas que nos produce el ruido de un árbol al caer, y no nos damos cuenta del sonido de un bosque entero que crece.

Versión 08

Plantar árboles. La mayoría te sobrevivirá. A algunos podrás subir, mientras puedas. Extenderán sus raíces, mientras caminas, casi siempre, alrededor de ellos. Como sean sus hojas, cambiará el horizonte y la luz desde donde mires. Casi no tendrás que cuidarlos, solo dejarlos libres, inmóviles en la tierra y aleteantes en el aire. Les impondrás un idioma que olvidarás, y tendrán preguntas en lo que crees certezas.

Versión 31

Un ramillete de neuronas genera la percepción de lo que vemos. Las cosas y los objetos no son una imagen que se proyecta en la cabeza, son una detonación de neuronas. Las cosas y los objetos están por ahí, sin destellos.

[De La casa devastada]

2

El poema no tiene efectos en el área de lo utilitario, no es

práctico en el sentido del valor de cambio, pero sí de uso. Su

lectura, o escucha, altera el código que lo sostiene y el de

quien opera con él. Puede haber no entendimiento, no

comprensión, pero sí produce eso mismo, en quien lo

despliega a partir de lo leído o escuchado. Su inutilidad está

en la influencia que puede ejercer en las formas de

percepción, en cómo se percibe, desde antes de lo que el

mismo está construido, desde antes de las palabras.

51

La mejor versión de mi trabajo no es de mi propiedad. La

obra nunca es individual. Cualquier obra es más expansiva

cuando es trabajada por varios, sean estos lectores u

oyentes u otras formas de interpretación. Quienes hacen la

obra son aquellos que la recepcionan, transformándola.

Entonces, ocurre lo mismo en lo digital; se potencia la

necesidad indispensable de que aquello que está, aparezca

y, para que aparezca, tiene que ser recepcionado y

transformado. La materia no desaparece, se transforma.

La sorpresa de lo cotidiano.

[De Derecho al olvido. Secciones: Derecho al poema y Derecho al hipertexto]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-505

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