■ Me pusieron los guantes y subí descalzo; total, que el otro me pegó y le respondí: Jesús Aparicio
■ Iniciaron sus hazañas pugilísticas en 1968, destacando en torneos regionales y nacionales
Los Sirenos son la dinastía más famosa en la historia del boxeo zacatecano y tienen el mismo ADN boxístico de técnica y elegancia complementadas con fuerza, potencia e inteligencia para pelear arriba de un ring; son los grandes símbolos de la disciplina en la actualidad.
Los hermanos Jesús y Rafael Aparicio Gutiérrez se han consolidado como dos de los mejores exponentes del boxeo zacatecano: talentosos y entregados al deporte de sus amores, el cual conocieron desde muy pequeños. Comenzaron a destacar como amateurs participando en torneos regionales y nacionales y ahora sigue sus pasos Jhan Carlo Aparicio, hijo del primero.
La historia de los boxeadores inicia el año de 1968, cuando se presentó la oportunidad para Jesús de ganar 20 pesos por participar en una pelea, aunque al principio pensaba que sería una lucha callejera y a mano limpia, pero se le aclaró que sería en un ring.
Esto fue un sábado, y al día siguiente tendría la pelea en las exhibiciones boxísticas que se hacían en el Casino del Empleado. “Me pusieron los guantes y me subí descalzo; total, que el otro me pegó, le respondí, y cuando sonó la campana todavía seguía dándole. En el segundo round, que me pega en la nariz; quise llorar por el golpe, pero me enojé y le di un volado que lo noquee y todavía me le deje ir, aunque el referee me separó”, recuerda El Sireno.
Menciona que llegó con su madre, quien le cuestionó de dónde había obtenido tanto dinero, y él, para comprobarle que había sido producto de ganar una pelea, la llevó para que confirmara que había ganado esa noche, aunque su mamá le dijo que no volviera a pelear “o lo agarraría a palos”.
Jesús, al ver que había obtenido tanto dinero, quiso seguir boxeando y logró encontrar a un entrenador que se llamaba Genaro Espinoza, quien fue el que lo entrenó, pues deseaba continuar obteniendo ganancias por subir al ring.
Así influyó Jesús en su hermano Rafael, el cual en esa época se encontraba en la ciudad de Guadalajara, pues le comentó de su logro y del dinero que había obtenido, y le aconsejó que hiciera lo mismo en esa entidad.
Fue así que comenzó a obtener victorias, y a los 18 años logró ser campeón estatal de boxeo. A partir de ahí siguieron invitaciones para pelear en ciudades como San Luis Potosí, Monterrey, Guanajuato, Aguascalientes, Torreón y Gómez Palacio, así como en municipios del estado como Río Grande.
Su hermano también comenzó a cosechar victorias y a ganar peleas a nivel estatal y nacional. Posteriormente comenzaron a trabajar juntos entrenando a elementos de la Judicial y de Tránsito, siendo contratados para enseñarles defensa personal a los agentes.
Sin embargo, tuvieron una diferencia en una noche de copas, recuerda Jesús. Cuenta que estando en dos bares diferentes, al salir se encontró con Rafael, a quien regañó por estar tomando y por ser su hermano menor.
Pero Rafael le recriminó a Jesús que él estaba haciendo lo mismo, a lo que Jesús le respondió que podía hacerlo porque era el hermano mayor, y se hicieron de palabras para después liarse a golpes.
Quienes los conocían llegaron a separarlos, invitándolos a dejar la pelea pues eran hermanos, y les propusieron que si en verdad querían pelear, lo hicieran arriba de un ring y no lo hicieran de forma callejera.
Jesús recuerda que incluso se buscó la aprobación de la Iglesia, pues pensaba que serían excomulgados por pelear y ser hermanos; sin embargo, el sacerdote aprobó la pelea al ser un evento deportivo.
Su madre fue la primera en negarse, pero le explicaron que sería deportivo y que si no quería verla, no asistiera. Ella les dijo que sería la primera y última vez que peleaban los hermanos Aparicio.
Hubo una gran afluencia de personas y los hermanos dieron un gran espectáculo boxístico; sin embargo, la pelea fue ganada por Rafael, a pesar de que Jesús llevaba 5 puntos arriba y reconoce que esto se hizo para que se realizara una revancha y tener el mismo éxito de taquilla.
Pero su madre se negó y esa revancha nunca se volvió a dar. Sin embargo, los Sirenos, años después dieron exhibiciones de box en las que se enfrentaban sin hacerse mayor daño, pues su madre los amenazó con meterlos a la cárcel si volvían a pelear.
“El boxeo es mi segunda vida porque es un arte y con eso nos estamos manteniendo física y moralmente, y un hijo mío siguió mis pasos. Ahora compartimos conocimientos para que los jóvenes no se dediquen a la vagancia y que empiecen como nosotros, porque esto les dejará cosas positivas”, dice Jesús.
El nombre de Sirenos viene porque Jesús y Rafael se la pasaban en una pila de agua cerca de las vías del tren, a la altura de la colonia Buenavista, pues pasaban por un arroyo a buscar fierro viejo o cosas para vender, y cuando la gente los veía les decía que parecían sirenos por estar tanto en el agua.
Lamentó que no exista apoyo para el boxeo, pues entre los propietarios de gimnasios se organizan las peleas amateurs y no se invierte recurso para pagar una pelea profesional por parte del Estado ni de las instituciones encargadas del deporte.
Rafael reconoce la inspiración de su hermano para que él siguiera con su carrera boxística: “Cuando él se inició en el boxeo me llevó también al gimnasio, y qué bueno que me dio esa oportunidad porque ahora sé cómo manejar las manos. Entrenamos a niños y jóvenes y ahora que estoy jubilado me sirve para venir a entrenar en la mañana y en las tardes”, menciona el boxeador. Rafael sostuvo 133 peleas, de las cuales perdió 18; las demás, ganadas y empatadas.
Jhan Carlo Aparicio, de 29 años, es el hijo menor de Jesús, quien se ha convertido en el Sirenito Jr. Ha salido adelante en este deporte, después de haber pasado por el problema de adicciones, y aunque tenía talento para el futbol, terminó en el gimnasio de su padre.
Jhan buscaba sólo defenderse, pues había jóvenes que lo molestaban, y no buscaba pelear, sino tomar las herramientas para boxear; además, no quería depender del nombre de su padre y tampoco quería perder.
Su papá le dio consejos y le advirtió que las peleas se ganan en el gimnasio. Lo entrenó como a uno más de sus alumnos y de esta forma Jhan comenzó a lograr victorias, de manera que su talento ha llegado a ser reconocido por empresarios del box.
Ha representado al estado en peleas en Argentina, Canadá y a nivel nacional logró participar en 5 olimpiadas nacionales, en las cuales obtuvo 2 medallas de plata, 2 de bronce y un cuarto lugar, siendo adolescente, con un récord de 94 peleas amateur. Asimismo, fue hace poco a Inglaterra a participar como sparring.
Su debut profesional fue contra Ulises Santos en 2007, durante la feria regional de Jalpa, a quien noqueó en el tercer round. El próximo 7 de noviembre se enfrentará con Waldo Rojas en una pelea a 8 rounds en el Hotel Gamy, en el bulevard López Mateos, a las 19 horas.
También considera que no existe apoyo para los boxeadores estatales, esto a pesar de que ha representado a Zacatecas a nivel nacional e internacional. Quienes buscan destacar como profesionales en la entidad no cuentan con recursos para entrenar, no se les destinan apoyos para adquirir costales o equipo y no se promocionan peleas, pues esto lo hacen de forma independiente los propietarios de gimnasios en barrios y colonias, advierte.




