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martes, 29 noviembre, 2022
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De la manifestación y el delito: lo que los medios conservadores no quieren comunicar

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Por: Andrea Robles •

“¿Protestas como ciudadano o callas como súbdito?”
-Nach.

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Las modificaciones a las legislaciones federales que han emergido desde el Congreso de la Unión y so pretexto de combatir acciones de organización social, como en la historia jurídica de México, vienen de la presión inmediata; de la premura por combatir el status quo, y justo esa prisa de las cámaras, es la que ha llevado a engrosar de manera automática la cantidad de normas vigentes que en muchas ocasiones, sólo duplican la hipótesis o a la letra, no contemplan elementos indispensables para la operación de la ley.

Tal es el caso de las vías de comunicación, cuya toma ha representado un acto de protesta contra una opresión sistémica hacia un grupo que constante y repetitivamente ha sido violentado en sus derechos y en su dignidad.

Y aunque cierto es que tomar y obstruir las vías de comunicación ocasionan contratiempos: casi todos medibles pecuniariamente, la protesta en sí, no puede ser medida como un negocio, aun cuando algunas de las consignas sí tengan valor, puesto que la protesta (más allá de una demanda) es un acto reivindicatorio de incidencia social; es pasar de lo particular a lo colectivo, construir una parte de la agenda pública con profundas raíces democráticas, y los anhelos democráticos están no sólo sembrados en la narrativa de la historia nacional, sino en la concepto de la educación y el progreso elevados a rango constitucional.

Lo que los monstruos de la información no terminan de explicar es que, en cada toma de una caseta de alguna autopista, existe una lesión colectiva a derechos de cualquier nivel, que bajo el amparo de la ley o fuera de ésta, la integridad y dignidad de los colectivos se encuentra en una zona de vulnerabilidad. Hablar de una manifestación que toma las vías de comunicación desde la perspectiva del victimario, es un reflejo de la poca democracia y pluralidad que hay en los medios masivos de información, por ello es importante que, desde distintos espacios, letras y cámaras, la agenda pública se toque con ciencia, con consciencia y con libertad.

Es importante señalar que en los hechos más recientes respecto de la toma de casetas, mismos que han sido criticados por las compañías informativas más grandes de México, en la línea editorial olvidan que hay un elemento del tipo indispensable para configurar la reforma de febrero del presente año a la Ley de Vías Generales de Comunicación, misma que obra en el lucro, entendiendo que semánticamente esa palabra hace referencia a “sacar provecho de un negocio o un encargo” tal como se puede encontrar en cualquier diccionario, y dado el comportamiento consuetudinario de la manifestación en las vías de comunicación, la realidad mexicana no da para hablar de lucro en el sentido estricto tanto en el campo lingüístico como en el civilista actual.

Los grupos que se manifiestan desde la toma de casetas, históricamente lo han hecho en el tenor de usar un espacio tan importante como plataforma y altavoz, compartiendo sus consignas y no bajo el terror del abuso económico o la violencia hacia la sociedad en general. También, mediante el antiquísimo ejercicio de “el boteo”, las personas se solidarizan vía donación, pero esta actividad, aunque puede ser muy similar, jurídicamente, semánticamente y democráticamente, son actos distantes entre sí los que se encuentran en las calles y los que se contemplan en la recién reformada legislación.

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