No había personaje más increíble en el continente que el tío Mau, dueño de historias increíbles, coleccionista de talla mundial, emprendedor y carismático, me dolió profundamente no haberlo conocido en persona y vaya que lo busqué afanosamente.
Pero visité su famoso museo LA MILARCA recién inaugurado, había esperado muchos años vislumbrar, cotejar, ver y comprobar sus magníficas piezas únicas en el mundo, peleadas por los mejores museos del planeta, de coleccionistas y casas de subastas y la tenía esa suerte, ese ímpetu, de darle a su acervo particular y de su Monterrey querido, tan magnificas piezas únicas en el vasto territorio de la exploración y el hallazgo continuo.
Incluyendo la del nacimiento del universo, pues tenía piezas cubiertas de diamantes y que eran producto del famoso big bang.
Muchas cosas lo acompañaran para siempre: todo en él era la maravilla, vendedor nato, siempre la sorpresa, lo real, lo verídico, la calidad, la claridad en las ideas, los proyectos a largo alcance, la mucha paciencia para ser de los hombres de negocios y de la cultura más emocionantes e interesantes del país, benefactor de museos y de muchos artistas, su nombre estuvo siempre adherido al escándalo, al arreglo con las supuestas mafias, al impulso a lo que hoy es el municipio más importante de Latinoamérica: San Pedro Garza y García.
Muchas son las entrevistas que concedió, se explayó largo y tendido, bueno para establecer diálogos y explicar lo que anhelaba, fue testigo del crecimiento y expansión vertiginosa de un Monterrey que domina al mundo entero, no es la exaltación sublime de las sociedades de consumo, ni del alter ego sino dejar huella en una filosofía de vida hecha en la calle con los niños más pobres, los juniors más venturosos de la oligarquía mexicana, de andar por las selvas del país y del mundo y de ser un ente milagroso y que a pesar de padecer cánceres invasivos y letales, su actitud optimista lo mantuvo de pie fuera de toda expectativa.
Calmados.
No se trata de exaltar por exaltar. Siempre lo admiré y lo seguiré admirando, a pesar de su filiación partidista, pues la mayoría de su partido sigue siendo gente muy ajena al sentir de las muchedumbres mexicanas y si el panismo en su mirar hizo las cosas debidas de erradicar la corrupción y la violencia, de impulsar el comercio, la industria y la educación, la cultura y la colección de altísimos rangos mundiales, únicos, tácitos, entonces qué bien, pues como decía mi abuelo que la historia no es tan plana ni los hombres tan sencillos y que el mundo siempre será ancho y ajeno.
Sus exequias fueron acompañadas por multitudes conmocionadas, hijos, hijas, nietos y familiares de toda laya, ya sabemos que su andar como alcalde y senador y diputado fue siempre pariente de lo novedoso, punto sin igual en un arco de sorpresas: no se trata de admirar edificios altos que son y serán siempre ajenos ni del ser del paisaje cosa bonita y de lujo, sino trabajo para todos y para muchos y don Mauricio tuvo pérdidas de amistades entrañables, familiares punzantes, trasmisión y energía, adioses que dolieron en el alma y la de él, fue y es de muchas añoranzas, plenitudes sofisticadas de quien a pesar de haber fallecido, seguirá dando de qué hablar y de comunicarse en las otras dimensiones inexplicables e inexpugnables. Prohibidas.
Muchas cosas por hacer en un recuento.
También estaban sus eternos detractores, las mafias bancarias testaferras, los especuladores de terrenos espectaculares, el techo de cristal de una burguesía con intereses en el mundo entero, los insidiosos de la pandilla mundial incorregible, el lenguaje de las armas, las drogas, la prostitución re trasmitida y colocada a seguir ganando, disfrutando, pervirtiendo. Joyeros exhaustivos, artistas privilegiados, nenas maravillosas de alta alcurnia y ojos de otras reflexiones inexpugnables.
Así las cosas, en un Monterrey insoslayable, cómplice del movimiento bursátil del mundo.
La maravilla de estar en LA MILARCA será siempre insuperable y de muy sabia decisión y de gran calado emocional, pues lo que ahí está para la vista del mundo será siempre sofisticación y maravilla, apertura e invitación al mundo de los siglos, los milenios y todos los millones de centurias en su mismo Monterrey, esa ciudad, ese estado muy chipocludo donde abundan las grandes oportunidades y todos los desafíos; el calor, el frio, las montañas y sus cadenas de árboles inmensos y de osos y cañadas y cavernas y huastecas asombrosas.
Cada que acudo a Monterrey siento la presencia extraterrestre. No es de admirarse que una ciudad y un estado tan extravagante en el mundo, pudiera existir la presencia de gente de otros mundos.
Incluyendo el extraño ser encontrado en el cerro de las mitras y que despertó la curiosidad de las universidades del mundo.
Mauricio: 12 de abril de 1950.
75 años de libertad y de accionar y de sortear peligros.
Ser feliz.
Hacer felices a los demás.
El tío Mau decía: padre millonario, hijo caballero, nieto pordiosero.
Que anduvo 10 años en su volcho y con lo único que le dieron, la supra educación, quesque la aprovechó.
Y lo hizo.
Trataré de verlo entre mis sueños.
Pd. De niño viví en San Pedro Garza y García, mi padre, ex teniente coronel y egresado del H. Colegio Militar y de la escuela superior de Guerra, era gerente del hotel más lujoso de la época, el Hotel Ancira, construido por porfiristas y unos doctores opinaron que mi hermano mayor Carlos se le caían los párpados y debía vivir “en la provincia” y fue San Peter.
Si me acuerdo.
De todo.
De 1 a los 4 años en ese municipio loco.
Gracias Mauricio Fernández de la Garza Sada.
Y ni sé por qué.



