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martes, 6 diciembre, 2022
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El Neoliberalismo encubierto del Gobierno Federal impide tener Política Industrial

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Por: ARTURO HUERTA GONZÁLEZ •

La estrategia presentada por la Secretaría de Economía el 20 de septiembre del 2022, “Rumbo a una política industrial” va más encaminada a favorecer el establecimiento de empresas transnacionales en el país, en vez de impulsar a los productores nacionales y retomar nuestro proceso de industrialización. Con dicha política se busca impulsar el reacomodo de las cadenas globales de valor ante el desacoplamiento que se ha derivado por la pandemia del Covid-19 en China y aprovechar la ventaja de localización que México tiene con EUA, el principal mercado del mundo, para que las empresas transnacionales se establezcan aquí y aseguren el abasto más cercano a EUA.

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Cabe señalar que en ese proceso de entrada de empresas transnacionales hemos estado desde hace décadas y ello no se ha traducido en mayor desarrollo industrial y económico; por el contrario, los beneficiarios han sido las empresas transnacionales. No se ha avanzado en aumentar el componente nacional de las exportaciones manufactureras ni en empleo formal bien remunerado en el país. Tampoco se ha mejorado la balanza de comercio exterior, pues el país sigue importando más de lo que exporta, dado el alto componente importado de las exportaciones.

La mal llamada estrategia “Rumbo a una política industrial” no representa una nueva política industrial. No puede haber política industrial en un contexto de libre movilidad de mercancías, de altas tasas de interés, austeridad fiscal y tipo de cambio estable, debido a que todo ello actúa contra la competitividad, contra la inversión industrial y el desarrollo de tal sector. México se industrializó en los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta, debido a que había política proteccionista, bajas tasas de interés, créditos baratos a favor de la inversión industrial, incremento del gasto público que dinamizaba el mercado interno y creaba opciones de inversión atractivas en el sector manufacturero, acompañado de políticas de subsidios a la inversión productiva. La industria manufacturera llegó a ser el 23% del PIB en 1981. En cambio, actualmente con las políticas neoliberales de libre comercio, alta tasa de interés, estabilidad del tipo de cambio que abarata las importaciones y austeridad fiscal que contrae gasto público y el mercado interno y elimina subsidios; la industria manufacturera solo representa el 16% del PIB y además está altamente extranjerizada.

En la estrategia presentada por la Secretaría de Economía se pretende dar “promoción de contenido regional y encadenamiento para MiPyMEs” para que se incorporen en las cadenas de producción y de suministro a nivel internacional. Tales propósitos han estado presentes en todos los programas y tratados comerciales y solo han quedado en los buenos deseos, pues no existe política macroeconómica que lo impulse. El valor agregado nacional en lo que se produce y exporta es bajo y las MiPyMEs han quedado marginadas debido a que no existen facilidades crediticias ni bajas tasas de interés ni políticas de subsidios a favor de la inversión en las empresas para que se modernicen y participen en dicho proceso. Además, el dólar barato y la eliminación de aranceles ha favorecido a las importaciones, las cuales desplazan a la producción nacional y de ahí la desindustrialización que presenta el país.

La Secretaría de Economía selecciona diversas industrias para empujar la relocalización de las empresas para una mayor integración en el T-MEC. Con dicha propuesta se quiere avanzar en la mayor integración a la industria estadounidense, lo que nos llevará a seguir siendo dependientes y vulnerables al comportamiento de dicha economía. No se plantea que las empresas transnacionales que vengan al país transfieran tecnología a las empresas nacionales para que aumente el valor agregado nacional en las exportaciones. Tampoco se busca impulsar un desarrollo industrial más encaminado a avanzar en la sustitución de importaciones para reducir el déficit manufacturero y la dependencia de entrada de capitales, lo que permitiría una dinámica más endógena y autosostenida, con altos efectos multiplicadores internos a favor del empleo mejor remunerado.

El subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, presente cuando se anunció dicha política, señaló que “México en este momento tiene un enorme potencial económico de exportación que se incrementa con las oportunidades de la relocalización de empresas y sin duda, se potenciará con la nueva política”. De nuevo se insiste en la estrategia fallida de crecimiento hacia fuera, en la que hemos estado desde los años ochenta, donde la economía viene creciendo cada vez menos, dado el carácter de las exportaciones manufactureras que tienen bajo valor agregado nacional. Además, el comercio internacional viene creciendo cada vez menos desde el 2009 al 2019 y crecerá menos a partir de que muchos países están buscando avanzar en el auto abasto para no ser sujetos a interrupciones de las cadenas de producción y de suministro que se dio a partir de la pandemia del Covid-19, en el 2020, y del conflicto Rusia-Ucrania, en el 2022. No se puede seguir impulsando mayor extranjerización de la economía ni la estrategia de crecimiento hacia fuera, debido a que ello no ha configurado condiciones de crecimiento sostenido ni ha generado empleos bien remunerados, sino que nos ha llevado a crecer cada vez menos y a ser más vulnerables del comportamiento de la economía mundial.

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