La violencia no es algo nuevo, y desde siempre se asocia a la política, pues esta consiste, en la concepción de Schmitt, en la separación entre amigo y enemigo. ¿Qué significa esto en Schmitt? No es una distinción que se remita a la persona o lo personal, sino que involucra grupos y visiones derivadas de la acción de aquellos en la historia. Pues sólo los grupos humanos tienen la capacidad de decidir si otros grupos humanos ponen en riesgo sus condiciones de existencia. Lo importante aquí, el énfasis, es en la decisión, pues tanto para Schmitt como para Romano Guardini el poder sólo tiene lugar ahí donde hay una voluntad explicita. Un terremoto no tiene enemigos, ni siquiera tiene poder, es sólo una fuerza de la naturaleza que actúa de acuerdo a una regularidad natural. Pero cuando un grupo humano toma la decisión de atacar a otro grupo humano media una voluntad: la del líder que guía y determina el proyecto político. Y esa voluntad se acompaña de recursos, de herramientas, de personas que van a actuar con el fin determinado por el líder. La cuestión fundamental es si en las universidades existe la posibilidad de lo político en el sentido de Schmitt, o si acaso está reservado sólo al plexo del Estado nación. ¿No acaso en las universidades lo que debe tener lugar es la discusión? Es decir, una oposición espiritual, en el plano de las ideas que la fenomenología de Husserl ubica en ninguna parte (en la utopía). Lo primero que se debe determinar es si en la universidad, en el espacio que esta despliega para la acción humana, hay la posibilidad de la eliminación del oponente. Si es así, entonces no es un oponente en el mundo del espíritu, sino un enemigo en el paramo de lo político. Y de hecho tal posibilidad está dada, pues los grupos humanos aglutinados dentro de los límites de la universidad tienen la capacidad de eliminar a sus enemigos mediante el despido. Se puede despedir a quien no está de acuerdo con un cierto grupo, y esto no es una mera posibilidad, sino una realidad.Es decir, la existencia de grupos en pugna que tienen la voluntad expresa de disminuirse mutuamente como acción extrema indica la presencia de lo político. Del ejercicio del poder, es decir, de la voluntad expresa. ¿Eso violencia? ¡No es esta un dejarse llevar por la ira? ¿No es un acto individual? Todo acto individual se ubica en la esfera privada, pero los enemigos, en la medida que son grupos humanos que actúan en la historia, son públicos. Y esto implica la posibilidad, no meramente teórica, sino muy real, de la lucha. En el enrarecido leguaje político de los grupos universitarios, de la “polarización”. Se usa esta palabra para señalar una sucesión de escenarios en los que tiene lugar una lucha, cuyo acaecimiento no tiene una forma única, pues acontece desde diferentes escorzos. Sea el combate jurídico en tribunales, hasta los golpes y arrebatados actos de oprobio en medio de ruinosos edificios. Todo eso es político y es violencia en sentido lato, pues no se debe reducir a cuestión de personas, sino que se debe concebir como combate de proyectos políticos. Y de fondo en cada uno de ellos se juega la continuidad de una forma de administrar la universidad por un grupo humano definido. Esto es lo político, no la supuesta disputa de proyectos de universidad, cuya ubicación es la utopía, sino el combate entre grupos por determinar cuál de estos prolifera, determina y dirige sin importar que proyecto académico tenga. Esto es una consecuencia de lo político mismo como irreductible a cualquier otra distinción. ¿Se puede eliminar? Eliminar la violencia en lo individual es obligación de la autoridad y debe ser la exigencia permanente, pero anular la violencia entre grupos es algo imposible pues es, como ya se mencionó, inherente a la intensidad con la que se unen las personas en la búsqueda de un modo de existencia. En ocasiones se escucha a muchos hablar de la “universidad” o de los “universitarios”. La “universidad”, concebida como totalidad sistemática, carece de enemigos internos, pues es la unidad total de todos los universitarios con abstracción de su filiación de grupo. Cuando se hace mención, por parte de una agrupación de universitarios, con estos sus creyentes y aquellos sus ideólogos, a la “universidad” y se habla como si se la representase, lo que se intenta es una identificación de la parte con el todo cuya la finalidad es la de excluir a quienes no comparten la intensidad de asociación a ese líder o gurú. Una de tantas fórmulas retóricas para confundir. Dado que la asociación política no se puede eliminar, y las confrontaciones pueden hundir a la institución en conflictos sin solución, ha menester tratar de conducir la enemistad por el conducto de la legalidad. No otro fin tuvo la demanda contra quien excluyó, con el fin de alcanzar un objetivo político que no pudo alcanzar, a más de quinientas personas de un padrón de votación. Que esa demanda quedase sin efectos era sencillo: aceptar a todos los agremiados en donde por derecho les corresponde estar. Por no hacerse así las cosas se alargaron, aunque hoy se quiera cantar victoria por una derrota autoinfligida.
El SPAUAZ en su laberinto. Precisiones


