Madrid. El conductor del tren que descarriló el pasado miércoles en Santiago de Compostela, Francisco José Garzón Amo, fue detenido por la policía acusado de “imprudencia” (homicidio imprudencial) y tendrá que prestar declaración como imputado en los próximos días.
Tanto las autoridades españolas como los responsables de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (Renfe) coinciden en el motivo del siniestro fue el fallo humano, una vez que, según los primeros análisis, sí funcionaron los mecanismos de control acondicionados para ese trama, que consistían únicamente en emitir una alarma al conductor en caso de exceso de velocidad y no el autofrenado como se suele utilizar en vías de características similares. En cuanto al saldo de los víctimas mortales se confirmaron finalmente 78 y no 80 como se había dicho ayer, al tiempo que se informó que 83 personas permanecen hospitalizadas, entre ellas tres menores de edad.
La peor tragedia ferroviaria en 40 años en España se empieza a aclarar poco a poco, mientras que la ciudad del siniestro, Santiago de Compostela, recupera también poco a poco la normalidad, salvo en los hospitales y en las zonas acondicionadas por las autoridades para atender a los miles de familiares que se han desplazado ahí para recuperar los restos mortales de sus seres queridos o esperar a que mejoren de sus heridas.
Mientras en España continúan los tres días de luto decretado por el gobierno, la policía investiga con lupa el accidente. Y una de sus primeras conclusiones fue la orden de detención contra el maquinista, Garzón Amo, un experimentado ferroviario que llevaba 30 años de servicio y había iniciado a cubrir el trayecto Madrid-Ferrol desde hace un año.
Es decir, que conocía la curva donde ocurrió el accidente, sabía del límite de velocidad -80 kilómetros por hora- y pese a todo, ya sea por despiste, cansancio o simple imprudencia, no lo respetó y entró al tramo difícil a 190 kilómetros por hora. Más del doble de lo permitido.
Fue precisamente en ese momento, cuando el tren Alvia tomó la curva “complicada” -según los peritos de Fomento- al doble de la velocidad permitida cuando el tren se partió por la mitad, descarriló y cinco de los trece vagones que transportaba a 218 personas quedaron hechos un amasijo de hierro y otro más completamente calcinado. También hay varios documentos audiovisuales que confirman esta versión, en la que se basó la policía para acusar y detener en el propio hospital donde está siendo atendido de las heridas al conductor del ferrocarril.
De hecho, el presidente de Renfe, Julio Gómez Pomar, confirmó esta versión y aseguró que el conductor era experimentado y que, según los informes que ellos tienen, sí se activó la alarma del tren cuando entró en la zona complicado a esa velocidad. Y que “ya no le dio tiempo de frenar” y descarriló.
El juez instructor del caso tendrá 72 horas para tomarle declaración al detenido y previsiblemente lo hará hasta el próximo lunes, una vez tenga en su poder las dos cajas negras del tren, en las que se registraron las conversaciones durante el accidente y de la que se puede extraer un informe pormenorizado del funcionamiento del tren en el momento del siniestro. Es decir, esas cajas revelaran sí efectivamente funcionaron las alarmas, si no hubo algún fallo en los frenos o si el tren descarriló por otros motivos que no sean el exceso de velocidad.
A pesar de todos señalan al maquinista como el principal responsable del accidente, también se está analizando un posible fallo en el sistema de seguridad y de frenada en el tramo del accidente, que en el caso de que no haya funcionado o se haya instalado debidamente podría ser finalmente la causa última del accidente y, por tanto, sería responsabilidad directa del corporativo ferroviario español.
En relación a las situación de los afectados, el gobierno español informó que el número de muertos es finalmente de 78 y no 80 como se había dicho ayer, y que solo quedan por identificar a cuatro. Además se informó que tres personas y una niña fueron dados de alta de sus heridas, mientras que otros 83 permanecen hospitalizados, de ellos más de 20 en situación de extrema gravedad. También se informó la identidad de los fallecidos, la mayoría españoles salvo tres extranjeros, una mexicana, Yolanda Delfín Ortega, de 22 años y originaria de Veracruz, y un estaduinidense y una argelina.
La Embajada de México en España informó que la familia de la joven mexicana, Delfín Ortega, ya se encuentra en Santiago de Compostela para repatriar los restos mortales. Antes de regresar a México se deberán cumplir una serie de procedimientos -como la autopsia- y trámites burocráticos, que también servirán de base para que, en el caso de que la familia así lo decida, se presenta una querella criminal contra la empresa ferroviaria española como responsable última del accidente.



