■ Desdeño de Juan Carlos Lozano a consultas amerita una reflexión profunda, advierte
■ Que la izquierda todo lo quiera someter a referéndum, un homenaje a oposición política, señala
Las declaraciones del dirigente estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Juan Carlos Lozano Martínez, respecto a su rechazo a las consultas y mecanismos de participación ciudadana, obedecen a un vicio antidemocrático que permanece en México, en el que la clase política da la espalda a la sociedad en la toma de decisiones.
Juan Francisco Valerio Quintero, docente de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), afirmó que esas declaraciones “ameritan una reflexión profunda, porque por sencillas, directas y pragmáticas que nos puedan resultar, evidentemente encierran un profundo contenido acerca de varios aspectos característicos del sistema político mexicano”.
Entre esos aspectos, indicó, está la relación que debe haber entre gobernantes y gobernados en un régimen democrático y la facultad del legislador para tomar decisiones a espaldas de los electores.
Es decir, el problema reside en determinar si los legisladores tienen o no una responsabilidad frente a las personas que los elijen, y de conocer si están dotados de una capacidad técnica, jurídica e histórica de análisis económico y argumentación social y política a favor de las decisiones que toman.
En ese sentido, la postura del dirigente priísta de evitar consultas para definir la aprobación de las reformas estructurales con el argumento de que es trabajo de diputados y senadores, “encaja perfectamente con una visión elitista de la política, es decir, caracterizar a México como una sociedad en la cual unos son los que mandan y otros obedecen”, explicó Valerio Quintero.
Por el contrario, la sociedad civil es la que debería mandar y los legisladores obedecer, puesto que ellos sólo son representantes de la voluntad popular, además que en ninguna ley tienen la facultad para sustituir la voluntad de quienes los eligieron.
En el ámbito discursivo, comentó el especialista, en México hay una soberanía popular representada en el Poder Legislativo, que en términos formales debería fungir como el contralor o contrapeso del Poder Ejecutivo, ya que existe una concentración excesiva de facultades.
Sin embargo, el Poder Legislativo no solamente no ejerce su función de control sobre las decisiones del Ejecutivo, sino que incluso se ha diluido en unas cuantas personas que recientemente firmaron el llamado Pacto por México.
En consecuencia, se presenta una estructura típica de la antidemocracia y de los gobiernos oligárquicos, puesto que los 120 millones de habitantes en el país, a decir del dirigente priísta (Carlos Lozano), no tienen nada que opinar sobre lo que ocurre en el país y sólo pueden ser consultados para elegir a quienes habrán de decidir por ellos.
Valerio Quintero cuestionó hasta qué punto encaja esa situación con la concepción de democracia, si 500 diputados y 120 senadores están sustituyendo a 120 millones de personas, y si ellos a su vez han sido sustituidos por los líderes de los partidos políticos.
Como resultado, en México impera un sistema político que ignora los requisitos que debe cumplir una democracia de calidad, porque además de no rendir cuentas con eficiencia, “se sigue gobernando a espaldas de la sociedad”.
Por último, indicó que el argumento de Lozano Martínez que la izquierda todo lo quiere someter a consulta o referéndum, es un homenaje a la oposición política, porque asume que la izquierda auténtica toma en cuenta a la sociedad para definir directrices.



