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■ Desarrollando la noción del “poder epistémico-cognitivo”

Resaltan influencia de los Nobel de Economía en la política global

■ Una reflexión sobre este premio como instrumento de legitimación ideológica

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

En el marco de la inauguración de la Semana de Economía y Comercio 2026, Isaac Enríquez Pérez impartió la conferencia magistral titulada “Hacia una Economía Política de los Premios Nobel de Economía: el poder epistémico/cognitivo en el diseño de las políticas de desarrollo”, en la Unidad Académica de Economía de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), donde ofreció una profunda reflexión crítica sobre la influencia de estos galardones en la configuración del pensamiento económico contemporáneo y su incidencia en la orientación de las políticas públicas a nivel global.

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Desde el inicio de su intervención, el conferencista situó el análisis en una perspectiva histórica, destacando que el llamado “Premio Nobel de Economía” no forma parte del testamento original de Alfred Nobel, sino que fue instituido en 1968 por el Banco de Suecia. Este origen, subrayó, no es menor, pues responde a un contexto de disputas ideológicas en torno al papel del Estado en la economía y al agotamiento del paradigma keynesiano hacia finales de la década de 1960. 

En este sentido, Enríquez Pérez explicó que el galardón no solo reconoce aportes académicos, sino que se convierte en un instrumento de legitimación de determinadas corrientes de pensamiento económico. Durante sus primeras décadas, el premio distinguió a economistas de diversas corrientes, incluidos enfoques heterodoxos; sin embargo, a partir de la década de 1970, particularmente tras el reconocimiento a Milton Friedman en 1976, se consolidó una orientación hacia el paradigma neoclásico y monetarista, en detrimento de otras visiones críticas. 

El ponente enfatizó que este viraje no fue casual, sino parte de un proceso más amplio de reconfiguración del pensamiento económico global, donde el mercado comenzó a posicionarse como el principal mecanismo de asignación de recursos, desplazando al Estado. En este contexto, el Premio Nobel de Economía adquirió un papel central como generador de narrativas y significaciones que influyen directamente en el diseño de políticas públicas a nivel internacional.

Uno de los ejes centrales de la conferencia fue la noción de “poder epistémico-cognitivo”, entendida como la capacidad de ciertos actores (en este caso, economistas galardonados) para definir qué se considera conocimiento válido, qué problemas son relevantes y cuáles soluciones deben implementarse. Este poder, explicó el académico, se ejerce no solo desde la academia, sino también a través de manuales de economía, medios de comunicación, organismos internacionales y espacios de toma de decisiones.

Enríquez Pérez cuestionó la supuesta neutralidad de la ciencia económica, particularmente la distinción entre economía positiva y normativa. A su juicio, esta separación es artificial, ya que incluso los modelos teóricos más “objetivos” están impregnados de juicios de valor e intencionalidades ideológicas. En consecuencia, la economía no puede entenderse como una disciplina aséptica, sino como un campo profundamente vinculado al ejercicio del poder. 

Asimismo, destacó el papel de las universidades globales hegemónicas (principalmente estadounidenses) en la configuración del pensamiento económico dominante. Instituciones como Harvard, el MIT o la Universidad de Chicago concentran una proporción significativa de galardonados, lo que evidencia una tendencia hacia la homogeneización ideológica y la exclusión de enfoques alternativos.  Este fenómeno, señaló, puede interpretarse como una forma de “violencia epistémica”, en la que solo ciertas corrientes teóricas son reconocidas y legitimadas.

Otro aspecto relevante abordado en la conferencia fue la influencia de los premios Nobel en organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o las Naciones Unidas. Estos espacios, descritos como comunidades epistémicas, funcionan como centros de producción y difusión de conocimiento que inciden directamente en la formulación de políticas públicas a nivel global. A través de ellos, se transmiten discursos, conceptos y enfoques que son adoptados por gobiernos nacionales, generando un alineamiento en las agendas de desarrollo. 

El conferencista también analizó casos concretos de galardonados recientes para evidenciar las limitaciones y contradicciones del premio. Criticó, por ejemplo, el enfoque experimental aplicado al estudio de la pobreza por economistas como Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, al considerar que reduce problemas estructurales a intervenciones focalizadas que ignoran las causas profundas de la desigualdad. Asimismo, cuestionó las propuestas que promueven la precarización laboral como solución a problemas educativos, calificándolas como reduccionistas y desconectadas de la realidad social. 

De igual manera, señaló que muchos de los premios recientes han privilegiado investigaciones orientadas a la eficiencia de los mercados financieros o a la ingeniería económica, dejando de lado problemáticas fundamentales como la pobreza, la desigualdad o el desarrollo sostenible. Esto, advirtió, refleja una tendencia hacia la tecnocratización de la economía, donde se priorizan soluciones técnicas sobre enfoques integrales.

En la parte final de su intervención, Enríquez Pérez subrayó que, si bien el Premio Nobel de Economía no es un bloque monolítico y ha incorporado algunas perspectivas heterodoxas, estas suelen integrarse al paradigma dominante sin cuestionar sus fundamentos. En consecuencia, el galardón contribuye más a la reproducción del orden económico existente que a su transformación.

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