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jueves, 26 mayo, 2022
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La divina gula: nuestras bacterias mandan

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial gualdreño 511

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Octavio Paz, en su libro Vislumbres de la India, hace una comparación entre ciertas prácticas culturales de la India y nuestro país, y menciona algo así como que la manera más cercana o sincera de acercarse a un pueblo es a través de su comida. Es la manera en como cada pueblo come, incluidos sus rituales de consumo y de elaboración de los alimentos, así como el tipo de ingredientes que utiliza, la que nos da la pauta para que podamos “asomarnos” a observar la identidad de las comunidades y establecer sus peculiaridades.

En México, hablar de comida no se relaciona solamente con el alimento del cuerpo; de manera gozosa y muchas veces festiva -cuando las circunstancias lo permiten, por supuesto- existe una relación casi indisoluble con el placer. Me consta que hay personas a las que no les gusta comer, es decir, comen porque saben que deben alimentarse; de ahí que consumen los nutrientes que consideran necesarios al día, pero poco les importa la presentación, el sabor y la alegría que un buen bocado puede detonar en el interior de quien lo come. ¿Recuerda esa escena de la película Ratatouille -Pixar, 2017- en donde cuando alguien prueba algo delicioso miles de luces estallan al cerrar los ojos? Bueno, pues algo parecido a eso les sucede a otras personas, quienes, buscan ante todo que lo que comen, además de nutrir, estimule.

Este fin de semana vi en Netflix una serie que deseo recomendarles, es sobre la comida en México, que no necesariamente es “comida mexicana”, sino hecha y consumida aquí, en nuestro país y que genera placer absoluto en quien la prueba. No se trata de una serie común sobre gastronomía, sino una en la que se habla de la creatividad que algunos mexicanos han tenido para “hackear”, modificar y reinventar bebidas y platillos cuyo principal requisito es que se vean bien y sepan mejor de lo que se ven: Heavenly Bites: México (La divina gula), en seis capítulos producidos por Nacho Gil y Laura Woldenberg, le permiten al espectador “acercarse -como lo decía Paz- al pueblo a través de su comida”. Y nuestro pueblo, usted lo sabe, se caracteriza entre otras muchas cosas por su creatividad e ingenio, por su capacidad de llevar al límite la imaginación.

La divina gula es una serie que aborda, además, las historias de la gente que ha emprendido su propio negocio y que desde la diversidad de posibilidades ha asumido que su clientela es lo primero. Así, hace un recorrido por los barrios de diferentes ciudades mexicanas para mostrarnos cómo una simple cerveza puede servir como pretexto para una obra con “estructura de ingeniería pura”: un coco fresco, lleno de michelada, se “tapa” con una base de jícamas y mango sobre la que se depositan camarones, cebollas moradas, cacahuates japoneses y una infinidad de ingredientes para dar paso a una creación culinaria bastante divertida -y deliciosa, de acuerdo a los entrevistados-: es simplemente genial. Como también lo es la historia de un habitante de Pátzcuaro, quien al abrir su restaurante promocionó como postre un bolillo relleno de gelatina de agua, bañado en rompope; sí, una torta de gelatina… y de cómo al principio recibió críticas en las redes que casi lo llevan a cerrar; afortunadamente no lo hizo, porque después de eso, la curiosidad de los comensales ganó y llegó a vender más de 300 tortas en una tarde (yo quiero ir a probarlas). 

Algo que me gustó mucho también es que a la par, interviene una serie de divulgadores de la ciencia, nutriólogos y “comedores profesionales” que van opinando con respecto a la comida que se presenta en cada episodio; ahí aprendí, por ejemplo, que son las bacterias que naturalmente viven en nuestro organismo, las que influyen para que se nos antojen más algunas cosas que otras -sobre todo las engordadoras- porque funcionan como una especie de “neurotransmisores” que buscan aquellos alimentos que generen más endorfinas en nuestro organismo… las endorfinas producen placer y alegría, de ahí que por ejemplo a mí, se me antoje más una torta de taco dorado de papa con repollo bañado de crema, que una ensalada… no soy yo, son mis bacterias las que mandan. En fin, que le recomiendo mucho que vea Heavenly Bites: México (La divina gula), entre otras cosas por que el narrador -Guillermo Villegas- es buenísimo y hará que se le antojen, seguramente, algunas garnachas de las que ahí se presentan. Luego, al gimnasio, que también hay que darle disciplina al cuerpo, cómo no.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-511

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