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El SPAUAZ en su laberinto. El contrainforme

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

Si se revisa con cuidado el listado de artículos de los Estatutos Reformados del Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) no existe la estipulación explicita que obligue al secretario general del sindicato rendir un informe anual de actividades. Por lo mismo, realizar un gasto para organizar un acto protocolario se debe aprobar por la Asamblea General. La secretaria que sí tiene obligación explicita de informar es la de Finanzas y Patrimonio. Según el artículo 41 fracción (a)el titular de esta secretaria debe presentar a la Asamblea un proyecto de presupuesto. ¿Lo hace? No. También, de acuerdo a la fracción (e) es obligatorio exhibir cada mes un corte de caja y cada seis meses un detallado balance de todos los gastos. Con requisitos de información financiera, por supuesto. ¿Existen esos informes? No se sabe, un ejemplo más de la opacidad en la que se desenvuelve la actual dirigencia. Que la secretaria general presente un informe es parte de la agresiva propaganda que despliega la actual administración del gremio con un fin ya inútil: promover la imagen de la secretaria general. Acción desencaminada porque ya no pudo ganar las elecciones por la rectoría. Toda la agresividad, el intento fallido de integrar un padrón de “adherentes” a su proyecto, de reformar los estatutos sindicales para formar las “redes” de la campaña, toda la exclusión de delegados no afines y los malos manejos administrativos fracasaron. Se confirma que el SPAUAZ no es la plataforma idónea para construir un candidato. No lo es por la existencia de una comunidad crítica, pensante, que no recurre a la “grilla” sino a los tribunales para decidir los asuntos que, por suspensión de las instancias de decisión sindicales, no hallan solución dentro del mismo gremio. Un auténtico informe no puede ser sino un “contrainforme” donde se enumeren con detalle todas las luchas por impedir la conculcación de derechos. De estas las hubo victoriosas tanto como inconcluyentes. No derrotas, porque los miembros al sindicato, mientras lo sean y crean en la organización, pueden retomar la discusión en cualquier momento. Es eso lo que la lucha contra la abyecta corrupción del comité ejecutivo en curso puso de manifiesto. Para poder ejercer el poder de manera arbitraria se debe eliminar la crítica y forjar un discurso que culpabilice a quien se anime a cuestionar. Porque sólo mediante la creación de un ambiente en el que nadie diga nada los actos corruptos pueden pasar, no desapercibidos, pero sí no cuestionados. ¿Fue correcto integrar un padrón mediante el uso del criterio de “reafiliación”? ¿Se debía o no cuestionar? ¿Fue correcto querer reformar el Estatuto a través de un padrón “mutilado”? ¿Se debía o no cuestionar? ¿Fue correcto endeudar al SPAUAZ sin consultar a los agremiados? ¿Se debía o no alzar la voz? ¿Fue honesto designar a los miembros de la mixta de admisión de manera unilateral? ¿Era o no cuestionable? ¿Es adecuado lanzar una huelga para perderla por falta de objetivos claros? ¿Se debía aceptar sin réplica? ¿Es aceptable disminuir el monto de los intereses de los préstamos de la mal llamada “Fundcación” sin consultar? ¿Es necesario exigir explicaciones? Responder que la unidad del SPAUAZ está por encima de la crítica no es respuesta ni de sindicalistas democráticos, sino depatrones disfrazados. Y de estos son varios los que aconsejan a la actual secretaria general, en particular, los Dres. Antonio Guzmán Fernández y Enrique Viramontes Cabrera, quienes consideran prudente impulsar e instigar el enfrentamiento en el sindicato y propagar a versión que la rectoría es la que infiltra “golpeadores”. Seamos claros, la lucha ha sido intrasindical, la acusación de “apatronados” es un medio de desviar la mirada, de inventarse conspiraciones, de negarse a aceptar que las políticas implementadas no son benéficas para los miembros de la organización. Durante la gestión sindical de la Dra. González se quiso y quiere posicionar el discurso de una supuesta “violencia política de género” como cobertura ideológica de la corrupción. Quienes alzaban la voz eran tildados, por los mercenarios al servicio de ese “proyecto”, de “violentos”. Si se demandaba ante los tribunales se calificaba a quienes lo hacían de “acosadores”. Resulta claro que la intolerancia llegó y está en altísimos niveles. Prensa comprada para construir imágenes beatificas y ocultar la ignorancia tanto como la frustración. De lo que se debe congratular el sindicato es que no se le pudo reducir a instrumento al servicio de un grupo, ni se pudo acallar las voces críticas. Los logros están a la vista de quien quiera verlos. Se impidió el uso político del padrón, se detuvo la violación de la autonomía de las delegaciones, se demandó y se logró el vinculó a proceso de quien no quiere respetar la normatividad sindical, lo que, en caso de resultar en sentencia condenatoria, será un hito en la historia del sindicato, pues debe quedar claro que nadie puede, aunque lo apoyen bancadas legislativas y partidos de “izquierda”, debe tratar de suprimir las voces críticas del sindicato, pues en estas se manifiesta la auténtica lucha en favor de los derechos y el bienestar de los sindicalizados y los universitarios todos.

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