Desde niño, Jesús Fernando Guerrero Rodríguez encontraba en el entorno natural un espacio de curiosidad permanente. Entre ríos, monte y animales, su infancia en Mazatlán, Sinaloa, transcurrió lejos de los salones de laboratorio, pero muy cerca de la observación y el asombro por la vida. Ese contacto temprano con la naturaleza, reforzado por los programas de divulgación científica que veía en televisión, fue sembrando una inquietud que con el tiempo se convertiría en vocación.
Hoy, Guerrero Rodríguez es biólogo de formación, doctor en Biología Molecular en Medicina y biotecnólogo por convicción. Su trayectoria académica y profesional lo ha llevado desde Guadalajara (donde cursó la licenciatura, la maestría y el doctorado) hasta Zacatecas, entidad a la que llegó en uno de los momentos más críticos de la historia reciente: la pandemia por Covid-19.
“Siempre me gustaron los animales, el comportamiento animal, pero también me empezaron a interesar temas como la genética, las enfermedades y las epidemias”, recuerda. Aunque en un inicio contempló la medicina como opción profesional, fue la amplitud de la biología lo que terminó por convencerlo. En Mazatlán, la oferta académica se limitaba a la biología pesquera, por lo que decidió migrar a Guadalajara para ampliar su horizonte científico en el Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara.
Durante sus primeros años de formación universitaria, su visión sobre la biología se transformó por completo. Lo que inicialmente asociaba con el estudio de animales y ecosistemas se reveló como un campo mucho más profundo y complejo. Fue ahí donde descubrió la biología molecular, el área que terminaría por definir su carrera. “Me enamoró entender cómo funcionan los seres vivos desde adentro, los mecanismos que ocurren al interior de la célula”, explica.
El contacto con profesores y el ingreso al laboratorio marcaron un punto de no retorno. Bajo la guía de académicos como el doctor Alfonso Islas, Guerrero Rodríguez encontró en la investigación experimental el espacio ideal para desarrollar su vocación científica. Tras concluir la licenciatura, decidió especializarse en biotecnología farmacéutica, una disciplina enfocada en la aplicación del conocimiento biológico para el desarrollo de productos.
En la maestría trabajó en el desarrollo de modelos de vacunas mediante virus recombinantes, una experiencia que definió su línea profesional. Posteriormente, durante el doctorado, participó en proyectos relacionados con la construcción de virus para terapia génica, uno de los campos más avanzados de la biomedicina actual. Al concluir su formación académica, dio el salto a la industria privada, donde se desempeñó en el área de biotecnología farmacéutica.
El rumbo de su vida cambió de manera inesperada con la llegada del Covid-19. La empresa en la que trabajaba fue de las primeras en certificar pruebas de diagnóstico molecular para detectar el virus, lo que le permitió adquirir experiencia clave en un momento de alta demanda científica y sanitaria. “El Covid nos abrió muchas puertas. Trabajamos muchísimo, no descansábamos, pero también fue una forma de ayudar, estuvimos en la primera línea de combate”, relata.
Gracias a ese perfil especializado, fue contactado por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), que requería personal con experiencia en diagnóstico molecular para la certificación e implementación de pruebas de Covid-19. A ello se sumó un factor personal: su esposa ya se encontraba en la entidad. Así, en 2020, en plena pandemia, Guerrero Rodríguez se estableció en Zacatecas.
Desde entonces, su labor se ha consolidado tanto en la docencia como en la investigación. Actualmente es responsable de la Licenciatura en Biotecnología, una carrera relativamente joven dentro de la UAZ, con apenas cinco años de creación. Desde esa trinchera, su objetivo principal ha sido desmontar ideas erróneas sobre la biotecnología y mostrar a los estudiantes el amplio campo de acción que ofrece esta disciplina.
“La biotecnología es aplicar el conocimiento biológico para generar un producto. Puede ser una vacuna, una insulina, un yogur, un biofertilizante o una solución para la acuacultura”, explica. A su juicio, uno de los principales retos es dar a conocer el verdadero alcance de la carrera y demostrar que el campo laboral es más amplio de lo que comúnmente se piensa.
En un estado como Zacatecas, donde el sector agropecuario y la minería tienen un peso importante, las oportunidades para biólogos y biotecnólogos son significativas. Desde la mejora de cultivos, el desarrollo de biofertilizantes y el combate de plagas, hasta la bioremediación de suelos contaminados por actividades mineras, las aplicaciones son múltiples. Incluso en el área de la salud, Guerrero Rodríguez identifica un área de oportunidad en el diagnóstico molecular, actualmente subcontratado a laboratorios de otros estados.
Además de su labor académica, participa en proyectos con la industria privada, entre los que destacan el desarrollo de biosensores capaces de monitorear hormonas en tiempo real mediante parches, una tecnología con alto potencial en el diagnóstico médico. A largo plazo, su interés se mantiene en el desarrollo de productos biotecnológicos farmacéuticos, como vacunas y terapias basadas en componentes biológicos
Más allá del laboratorio, Guerrero Rodríguez ha encontrado en Zacatecas un espacio para establecerse. Aunque reconoce que extraña aspectos de su lugar de origen, asegura sentirse a gusto en la entidad. “De aquí ya no me voy”, afirma con convicción.
Convencido de que la biotecnología vive uno de sus momentos más relevantes, considera que esta disciplina no es una promesa futura, sino una realidad presente. “La biotecnología está de moda. No es el futuro, es el presente”, sostiene. Desde el desarrollo de vacunas más eficientes, la adaptación de la producción de alimentos ante el cambio climático, hasta la búsqueda de soluciones para la contaminación y los microplásticos, el campo de acción continúa expandiéndose.
No obstante, también reconoce los dilemas éticos que acompañan a los avances científicos, particularmente en el ámbito de la genética. La protección de la información genética, la imposibilidad de patentar genes naturales y el riesgo de profundizar la desigualdad social mediante terapias genéticas exclusivas son temas que, asegura, deben mantenerse en el centro del debate.
Finalmente, su llamado a las nuevas generaciones es claro: acercarse, informarse y perder el miedo a una disciplina que, aunque compleja, ofrece la posibilidad de incidir directamente en los grandes problemas contemporáneos. Desde el campus UAZ Siglo XXI, Guerrero Rodríguez continúa impulsando la formación de futuros biotecnólogos, convencido de que la ciencia aplicada será clave para enfrentar los desafíos del presente y del futuro.



