Partamos de reconocer que no todos tenemos en estas fechas tiempo libre, ni menos aún descanso. Hay sectores, y me atrevo a decir que la mayoría, que, en estos días tendrán más trabajo que nunca, en el esfuerzo por llevar a su mesa el fruto de su trabajo. También hay miles de familias que, por una razón u otra, están pasando épocas tristes, en las que la alegría alrededor no hace sino profundizar el dolor. Para todas ellas, no cabe sino desear con sinceridad que el porvenir sea mejor y reparador.
Como es costumbre de un servidor, en estas fechas me alejo un poco del análisis sobre la vida pública y me permito compartir alguna reflexión menos polémica, que no motive al debate, sino solo al relajamiento. Pretendo en esta oportunidad hacer lo mismo, a partir de algunas recomendaciones para usted, amable lectora, lector.
El año que se va he tenido oportunidad de leer sobre el efecto, cada vez más claro, que tienen las redes sociales en nuestro cerebro y marcadamente en nuestra salud mental. De cómo el algoritmo, una vez que identifica un interés, sea éste por gusto o sea por miedo, insiste en ello hasta desvirtuar la realidad que nos rodea. En el afán de mostrarnos publicaciones que nos llamen la atención o con las que estemos de acuerdo, las redes sociales están traicionando lo que se supondría que es su esencia: facilitar la comunicación y fortalecer las relaciones humanas. Por el contrario, según diversos estudios (cada día más abundantes), nos estamos aislando en reducidos grupos de contactos análogos a una caja de resonancia en la que solo vemos, leemos, escuchamos o conocemos lo que nos permite reforzar nuestros prejuicios, posturas auto validadas o temores. En el mundo las pruebas que apuntan a demostrar el efecto negativo que las redes sociales y en sí las pantallas (sean en versión Tablet o teléfonos móviles) ha llevado a varios países a tomar la decisión de impedir su uso libre hasta ciertas edades o a prohibirlos en las aulas, desandando la teoría cuasi consensada de que dichos aparatos eran una herramienta útil y moderna para el aprendizaje.
De forma paralela nos estamos enfrentando cada vez con mayor claridad a los impactos de haber desalojado de las aulas a las humanidades en general y particularmente al cierto abandono que existe en muchos planes de estudio de la filosofía. Dichas asignaturas nos permitían acercarnos, desde una perspectiva objetiva, a la condición humana, tanto en lo individual como en lo colectivo. Es decir, a conocer y tratar de entender formas de pensar ajenas a nuestra forma de ver y entender la vida, tanto desde el sufrimiento o felicidad de un personaje, ficticio o real, hasta la base de las ideas que se debaten y dan sentido a las decisiones públicas.
Todas estas reflexiones, que hoy tienen más de dudas que de certezas, me fueron motivados por tres textos que me permito compartir con ustedes como recomendación de lectura. La primera y la más sencilla de todas es “Recupera tu mente, reconquista tu vida” de la psiquiatra y terapeuta española Marian Rojas Estapé, y sí, es un libro que encontrará en la sección de superación personal y autoayuda; sin embargo sus argumentos están sólidamente fincados en estudios, textos en revistas científicas, libros de autores reconocidos y respetados de todos los ámbitos relacionados a su exposición y permite un acercamiento a este debate desde una realidad práctica, amigable y amable para días en los que no queda energía para ejercicios complejos de deliberación. El segundo es “La transformación de la mente moderna” de Greg Lukianoff y Jonathan Haidt, en el que exponen, con rigor técnico y académico, cómo el uso de las pantallas y otras medidas en la educación de las generaciones posteriores a la “millenial”, han modificado la manera en que se aprecia el mundo, su complejidad y sus desafíos, no necesariamente para bien suyo y el resto, sin desconocer las relativas ventajas y avances que estas generaciones (particularmente la conocida “generación Z”), tiene sobre las anteriores. Y finalmente, un libro que me ha permitido como nunca explorar la filosofía desde una perspectiva muy humana, muy compasiva y muy terapéutica: “Maestros de la felicidad” del filósofo y docente español Rafael Narbona, texto en el que, como profesor de bachillerato, nos va llevando de la mano por la historia de las ideas que han moldeado a la humanidad, con interludios que nos permiten entender cómo la filosofía nos abre la mente, nos da la oportunidad de entender a los demás y entendernos a nosotros mismos, y cómo, inclusive, salva vidas del abismo y la desesperanza.
Vayan pues estos renglones en el afán de que su lectura le aleje de los intensos, interesantes pero también a veces agrios debates de nuestra actualidad política. También envío con ellos mis mejores deseos para que usted y los suyos gocen de salud, paz y pan. Felices fiestas.
@CarlosETorres_



