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miércoles, 28 septiembre, 2022
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Entre la picardía costeña de Andrés Manuel y la árida sobriedad de Manlio Fabio

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Por: QUITO DEL REAL •

■ El son del corazón

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Gritar: ¡Ahí viene el lobo!, puede ser una buena alerta para regalar a quienes piensan que las próximas elecciones de gobernador serán ganadas, sin problemas, con la pasividad de los precandidatos, que tienen como tarea esencial del periodo aguardar atrincherados detrás de las herramientas de la Red y mantenerse avizores al inicio de campaña.

También para los que creen que basta con esperar al número uno del estado, hasta que defina desde su puesto de mando el nombre del favorecido, para echar a andar la poderosa maquinaria del partido oficial y borrar los esfuerzos de los partidos tempraneros.

 

Ser candidato del PRI con riesgo de perder

Desde mi percepción, la actitud pasiva y expectante de casi todos los precandidatos del PRI zacatecano esconde, en su simulación, una postura escéptica que los mantiene en un pragmatismo de fuga. O sea, nomás le hacen al gil. Acaso la mayoría de los pretendientes, casi todos sin experiencia política de masas en su espalda y nada que los certifique como dirigentes reconocidos por la población, considera que, al final, las campañas mediáticas, las redes sociales y la repartición de dinero corruptor entre los votantes son las que mandan y que, al menos en Zacatecas, la política se conduce por el sendero inmutable de las jornadas electorales más típicas.

Creen que la futura competencia carece de misterio o sorpresa; por lo tanto, no hay por qué alterar la actividad política al interior del partido, reducida a conspirar contra los demás contendientes, y contra sí mismos, en un torneo de rumores. Cada uno confía en su calidad de zoon politikon, en sus ventajas comparativas y competitivas que los transforman en encantadoras mercancías.

Sin embargo, estos jóvenes postulantes sólo cuentan con los modelos regionales de hacer política para sentirse vigentes y protegidos. Salvo uno, no percibo diferencias entre ellos, más allá del esmero por lograr una interpretación personal del legado de Miguel Alonso y de sentirse interesantes, para que las sociedades, compadrazgos y complicidades, con los representantes más afortunados de la clase pudiente y la oligarquía, los reconozcan como fierecillas mordelonas y cachorros fieles de sus alevosos intereses.

Una lección podría obtenerse de la foto aparecida en los diarios locales, donde el señor gobernador de Zacatecas y la señora María Asunción Aramburuzabala Larregui, la mera dueña de la Cervecería Modelo, se funden en un abrazo casi fraternal, y patrimonialmente sólido, donde podría demostrarse que los negocios y el gobierno son lo mismo.

Ahí Miguel Alonso aparece orgulloso y satisfecho, a lo mejor consciente de que en el terreno de los negocios podría compararse, ahora sí, después de años de angustia y febril compulsión por caerle bien al jefe, con el exgobernador-empresario de Zacatecas y que, además, podría construir escuela, muy al estilo de Don Leobardo, con los chamacos que ya arriban.

La foto, en sí, es un programa. Qué digo: un nuevo discurso, otra gnoseología. Ahí observamos, en su caldillo, la causa del extravío de la gobernanza pública de Zacatecas. No es posible extraer de esta placa una lección que consuele de su desempleo e indigencia a la mayoría de los habitantes del estado, ni lograr una frase que justifique o enmiende el tortuoso derrotero político de los últimos cinco años.

La fotografía es de una certeza que puede provocar el llanto de inmediato, al mostrar una explicación vivaz, tal vez la más verídica, del distanciamiento del gobernante con las masas populares de Zacatecas: Es que, la neta, a él le gusta más convivir con los dueños de la pachocha.

 

La herramienta secreta de Morena

¿Que qué andaba haciendo Andrés Manuel por los caminos del sur del estado? Andaba grillando, dirían los opinadores. Andaba haciendo política y estructura, afirmarían los que no se cuecen en el primer hervor.

Tengo por ahí una memoria de periodistas que, ante el menor pretexto, se lanzan como perros rabiosos sobre la canosa mollera del Peje. Esa es la especialidad de los maloras del chayote, por eso no avanza el periodismo mexicano. Por ejemplo, no advirtieron que la circularidad del recorrido de una gran zona o distrito era para mantener en tensión las cuerdas políticas del partido Morena.

La peculiaridad de Andrés Manuel es que hace política muy al estilo de los pequeños grupos y partidos que operaron en los años setenta y que, a la letra afirma: No puede haber partido ni política si no se construye base social.

Eso es lo que andaba haciendo Andrés Manuel en Zacatecas. Es lo que hace desde hace quince años: construir base social, buscar nuevos liderazgos, nueva militancia, consciente de que sin ellos será estéril la confrontación final contra el PRI y sus comparsas partidarias.

Esto no quiere decir que ignora la nueva cultura mediática y la Red; más bien, la interpreta como asunto táctico; lo estratégico está acuñado en las jornadas por ganar la voluntad y la estructura organizativa de las masas.

Su picardía lo lleva a aprovechar cualquier hueco dejado por el enemigo. Esta es una guerra, no un juego de Pipis y Gañas. Y el Peje se cuela por aquí o por allá, como Juan por su casa, ante el pasmo inoperante de los partidos oficiales, cuya pesadez atorrante los hace reaccionar semanas después.

 

El 18, la prueba de dos líneas

Esta es la diferencia entre el PRI y Morena: la calidad de sus bases sociales. Las de aquél: deambulando en la pasividad. Las de éste: atentas y organizadas. Ya veremos, en el 18, cuál será el resultado de esta confrontación metodológica y militante.

Creo que el Peje va a ganar en el 18, porque tiene de enemigos a personajes y organismos fundidos; se conduce a sus anchas en las plazas que quedaron despejadas por la inoperancia de los políticos electoreros. Mientras crecen sus intenciones de voto, los demás partidos responden con procedimientos inocuos que los desgastan de manera perturbadora.

En esto consiste la calentura de Manlio Fabio: sentirse separado de su nicho de invicto e infalible, desde meses ha. Ahora, desea empujar una reforma política para impedirle tiempo y recursos a Andrés Manuel, quien ocupa diariamente sus spots de la tv.

Pero Manlio Fabio dispara contra un fantasma, sin comprender que la tv pierde su preponderancia, ante la efectividad de las redes sociales y las herramientas globales. Anda fuera de condición. Los mitos que hicieron de Manlio el actor providencial que rescataría su partido, desdicen sus estériles recursos ideológicos.

El PRI va a perder. Su primer fracaso surgirá en el eslabón priísta más débil: Zacatecas. ■

¡Ahí viene el lobo!

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