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jueves, 26 mayo, 2022
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Calzada de los Reyes

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Por: IBÁN DE LEÓN •

La Gualdra 519 / Día Mundial de la Poesía

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I

No cansan estos pasos que ascienden la mañana.

Cuánta humedad, advierto,

en el otoño. Hojas secas debajo de los pinos.

Un bosque, hace minutos el calor.

Ahora un viento nuevo, su abrazo de montaña.

Maleza en el concreto

de las altas paredes.

Posesiones, terrenos, casas lejanas que apenas se vislumbran,

silenciosas de gente. La abundancia que ocupa más espacio. Árboles. 

Al fondo ese rumor de pájaros que inventan el idioma del principio.

Y autos que aquí no se detienen casi nunca, rápidos

avanzan buscando la luz al final del camino.

No hay peatones. Soy dueño, propietario de este rumbo, 

caminante a la buena

de banquetas que no están en su sitio.

En la distancia el puente, en esa curva;

escucho cómo sueña el agua entre la mugre:

algo se pudre lejos y se aleja,

algo se pudre adentro, también, de mi memoria.

Se pudre la mañana con su risa de coches ligerísimos,

se pudre el otoño de estas tierras,

se pudren mis palabras no barro sí penumbra.

Amanece.

Ya cerca veo el nicho de la virgen, sus flores de hace siglos.

Rumor y pan de fe

al inicio del puente, tan pequeño.

Quién reza aquí, quién se detiene alguna vez, como yo,

a observar las aguas lodosas, desechos de ciudad.

Este lugar conserva la belleza de la muerte:

qué palabra tan dura y desgastada,

absurda, que se agita en los claros

en donde alguna vez

rondó la hierba. Digo todo esto para anunciar que allá,

frente a las buganvilias que alumbran esa barda,

empieza lo común, casas comunes,

gente del diario y ruido,

el ruido saludable de mis pares,

peatones que van o que regresan

y llenan con su andar el comienzo del día.

En un puesto de flores me detengo:

compraré algunas rosas para la virgen solitaria

que vive junto al puente.

 

II

Y conmoverse

por ir después de un día de labores caminando la calle 

con el sol en la espalda sintiendo

el aire frío de octubre 

los pensamientos que vienen

desde la oscuridad. Y caminar seguir a paso fijo la hondura

de la sombra y entender una nube despierta 

sobre el ruido de autos y camiones que van quién sabe a qué

por el rumbo contrario de mi sangre.

Pensamientos son pliegos tristeza del ayer cardo en la espina

del podrido fulgor de la barranca

el agua

rompe abajo las piedras despedaza la espuma de un jabón que desciende

por este arroyo nuevo de tan viejo.

Quisiera detenerme a mirar por un instante.

Detenerme a mirar como ese perro echado bajo el puente.

Detenerme a esta hora de la tarde.

Detenerme nomás por decir sí aquí el silencio no es tal

nunca el silencio.

Se oye el clamor del río las máquinas que tañen desde el alba

quisiera detenerme y dormir

detenerme y no ser

como ese perro que guarda el calor en su pelaje

que descansa sabiendo que mañana será otro día lleno de pájaros 

y el golpe prematuro de los autos

pero habrá sol y siempre el sol dirá que nada ocurre

a no ser que detengamos la prisa

la prisa de no ser y detenernos.

[De Calles del cuerpo anochecido (Acá las Letras, Ediciones-Coneculta Chiapas, 2019)].

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-519

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