Hoy escribo como mexicana, como hija de esta tierra que duele, que sangra y que llora todos los días. Vivimos en un México que se mezcla con la impotencia, y donde la conciencia ya no permite callar. Porque México está ensangrentado, México está en agonía, México está muriendo, y no podemos seguir pretendiendo que no lo vemos.
Lo que ocurrió en Uruapan no puede convertirse en una estadística más. No puede ni debe ser “otra nota roja” que pase fugazmente por nuestras pantallas. Detrás del nombre de Carlos Manzo había una vida completa: un presidente municipal comprometido, un esposo, un padre, un hombre que todavía creía que las cosas podían y debían hacerse con honestidad.
Y lo asesinaron frente a su gente. En una explanada donde terminó siendo testigo del horror que enfrentan todas y todos los mexicanos.
La imagen de su sombrero manchado de sangre no es solo una fotografía: es un símbolo, un recordatorio de lo que hoy es México. Un país donde alzar la voz o negarte a pactar con el crimen se ha vuelto un acto de supervivencia.
Son miles las familias en todo el país cargando duelos que nunca debieron existir, abrazando ausencias que nadie les explica y esperando una justicia que nunca llega.
Los discursos oficiales solo se ocupan en buscar culpables en el pasado mientras el presente se deshace y está muriendo.
México no necesita más explicaciones cómodas, México necesita gobierno, México necesita ley, México necesita instituciones que no se doblen ni se pongan de rodillas ante quienes siembran muerte.
El dolor de Michoacán es el mismo dolor que recorre Zacatecas, Guerrero, Veracruz, Jalisco, Sonora… es el dolor de un país entero.
Porque esta guerra no distingue colores, ni partidos, ni regiones. México está cansado de tanto dolor, de tanta sangre, de tanta impunidad, de tanto caos, de tanta falta de acciones y soluciones.
Nuestro país ya no quiere discursos vacíos ni condolencias oficiales, quiere un gobierno capaz, un gobierno que no se esconda detrás de narrativas baratas, que dé la cara, actúe y recupere lo que antes era México.
La seguridad no es un favor para los mexicanos, es una obligación del Estado. Lo que queda claro es que mientras la justicia no sea una realidad para todos, mientras la ley no se aplique con firmeza, mientras el crimen siga ganando terreno… ninguna mexicana y ningún mexicano podremos estar en paz.
Porque un país que le falla a sus alcaldes, a sus familias y a su gente, es un país que se está fallando a sí mismo.
*Diputada Federal



