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■ Consolidan un espacio cultural para todas las edades

Surge La Casota de Zapata como un refugio del teatro en Zacatecas

■ Usa compañía teatral el humor como herramienta de crítica social

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

En el corazón de Zacatecas, entre muros antiguos que resguardan historias y ecos de otras épocas, se levanta un espacio donde la ficción cobra vida y la realidad se cuestiona: La Casota de Zapata. Más que una compañía de teatro, este proyecto se ha consolidado como un punto de encuentro para generaciones diversas que encuentran en el escenario una forma de expresión, reflexión y comunidad.

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La historia de La Casota de Zapata inicia de manera casi fortuita, en un momento cotidiano que terminó por transformarse en un proyecto cultural de largo aliento. Su fundador, el actor y director Guillermo Zapata, recuerda que la idea surgió mientras hacía ejercicio en casa, tras haber regresado de España, donde conoció el auge de los espacios alternativos para el teatro.

“Estaba en la caminadora y empecé a maquilar la idea de tener un espacio particular, algo que no había realmente en Zacatecas”, relata.

La coincidencia hizo lo suyo. Poco tiempo después, Zapata adquirió una propiedad con una sala amplia y antigua que parecía destinada a convertirse en foro escénico. Así nació La Casota, un espacio pensado no solo para presentar obras, sino también para formar actores y acercar el teatro a la comunidad zacatecana.

El nombre encierra una doble carga simbólica: por un lado, hace referencia directa al apellido de su fundador; por otro, rinde homenaje a Emiliano Zapata, figura revolucionaria que, en palabras del director, representa la honestidad y la lucha por los ideales.

Desde su creación, la compañía ha crecido de manera orgánica. Aunque cuenta con un núcleo base de entre 10 y 12 integrantes, el proyecto se alimenta constantemente de nuevas generaciones que se integran a través de talleres de formación teatral. En total, La Casota de Zapata reúne a cerca de 40 personas, con edades que van de los 15 a los 75 años, lo que la convierte en un espacio incluyente y diverso.

Más allá del escenario, lo que une a sus integrantes es una dinámica de convivencia que trasciende lo artístico. “Se genera una amistad muy fuerte, casi una hermandad”, explica Zapata, quien ha apostado por integrar ejercicios de socialización en sus talleres, fortaleciendo así los lazos entre los participantes.

Esta cohesión se refleja también en las giras que han realizado, tanto a nivel nacional como internacional, donde el grupo ha representado a Zacatecas en países como Panamá, Colombia, España y Rusia.

En el plano escénico, La Casota de Zapata ha definido una identidad clara: un teatro dirigido principalmente a adolescentes y adultos, caracterizado por el uso del humor como vehículo para la crítica social. Sus montajes buscan incomodar, cuestionar y provocar reflexión, sin perder de vista la capacidad de entretener.

“Nos gusta dejar un mensaje, hacer alguna crítica, pero siempre en un marco de sentido del humor”, afirma el director.

La diversidad de su elenco permite abordar una amplia gama de personajes y temáticas, enriqueciendo cada montaje con distintas perspectivas y experiencias de vida. Esta pluralidad se convierte en una de las principales fortalezas de la compañía.

El camino de Guillermo Zapata hacia el teatro estuvo marcado por decisiones clave. Una de ellas fue integrarse al Laboratorio de Investigaciones Teatrales de la Universidad Autónoma de Zacatecas, experiencia que definió su vocación.

“Ese fue el momento clave, porque si no hubiera tomado esa decisión quizá nunca lo hubiera hecho”, reconoce.

Otro punto decisivo fue la creación del grupo Empiria en la Escuela Normal “Manuel Ávila Camacho”, donde también ha desarrollado una importante labor formativa desde finales de la década de los noventa.

El proceso creativo en La Casota parte, casi siempre, de la lectura. Un texto que atrapa es el detonante para imaginar la puesta en escena, seleccionar al elenco y comenzar el montaje. Para Zapata, el actor es el eje central del teatro, por lo que privilegia el trabajo corporal y emocional sobre los elementos escenográficos.

“Soy muy minimalista en cuanto a los demás elementos; el actor es el que tiene que proyectar y atrapar al público”, sostiene.

El contexto social juega un papel determinante en sus propuestas. La crítica al poder (político, económico, religioso o social) es una constante en sus obras, así como la incorporación de experiencias cotidianas de jóvenes y adolescentes, con quienes trabaja de manera cercana.

“Me gusta conflictuar al público, tanto cognitiva como emocionalmente”, explica, al tiempo que subraya la importancia de generar reflexión a partir del entretenimiento.

Sin embargo, mantenerse como compañía independiente no ha sido sencillo. Uno de los principales retos ha sido la falta de público constante. Aunque han logrado funciones con buena asistencia, también enfrentan días en los que apenas acuden unas cuantas personas.

“La gente acude más fácilmente cuando es gratis; cuando hay que pagar, aunque sea una cuota simbólica, cuesta más trabajo”, señala.

A pesar de ello, La Casota ha logrado sostenerse gracias a que el espacio es propio, lo que permite amortiguar los altibajos económicos y continuar con la producción de obras. Además, el director destaca que quienes asisten suelen regresar, lo que evidencia el impacto positivo de sus montajes.

El objetivo de la compañía es claro: provocar emociones, generar reflexión y ofrecer al público un momento de escape. “Que se olviden de sus problemas, pero que también se lleven un mensaje”, resume Zapata.

En el marco del Día Mundial del Teatro, que se conmemora el 27 de marzo, La Casota de Zapata se presenta como un ejemplo de resistencia cultural y de compromiso con el arte escénico en Zacatecas. Su existencia no solo amplía la oferta teatral en la entidad, sino que también contribuye a la formación de públicos y a la creación de nuevas voces.

Aunque el proyecto fue concebido inicialmente para durar una década, hoy continúa vigente gracias a la respuesta del público y al esfuerzo constante de sus integrantes. De cara al futuro, Zapata se muestra cauteloso pero optimista.

“Creo que podríamos sostenernos algunos cuatro o cinco años más; mientras haya vida, salud y posibilidades, vale la pena seguir”, concluye.

Así, entre risas, críticas y emociones compartidas, La Casota de Zapata mantiene encendida la llama del teatro en Zacatecas, recordando que el escenario sigue siendo un espacio indispensable para mirar, cuestionar y reinventar la realidad.

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