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■ Comerciante de pescado fresco en Mercado Genaro Codina, desde hace 15 años

Guadalupe Quiñones, ejemplo de esfuerzo diario y adaptación a transformación del consumo local

■ Su historia no solo ilustra la continuidad de un oficio transmitido por generaciones, sino la adaptación constante ante los cambios del mercado y del consumo

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

En el corazón del comercio tradicional de Zacatecas, entre pasillos concurridos, regateos cotidianos y la dinámica que caracteriza a los mercados locales, la historia de Guadalupe Quiñones Pacheco se construye a partir de la continuidad familiar, el esfuerzo diario y la adaptación a las transformaciones en el consumo alimentario. Su trayectoria dentro del negocio de la venta de pescado fresco no surge de una decisión improvisada, sino de una herencia de trabajo que se remonta varias décadas atrás y que hoy representa tanto sustento económico como identidad.

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Hace 15 años, Quiñones Pacheco comenzó formalmente su actividad en este giro, incorporándose como dependiente en el negocio de su madre, quien ha dedicado 65 años a la venta de pescado en el centro de Zacatecas, específicamente en el Mercado Genaro Codina o del Laberinto. Fue esa experiencia previa, arraigada en la constancia y el conocimiento del oficio, la que impulsó a la familia a desarrollarse en el comercio del pescado fresco. Desde entonces, la actividad se ha consolidado como un proyecto compartido que involucra a varios integrantes de la familia, manteniendo el carácter colectivo que caracteriza a muchos emprendimientos locales.

Originarios de Zacatecas, la familia ha permanecido vinculada a su comunidad tanto en el lugar de origen como en los espacios de venta. Aunque existe la percepción común de que la comercialización de pescado se concentra únicamente en la temporada de Cuaresma, la dinámica de este negocio dista de esa idea. Mientras la madre de Quiñones Pacheco vende durante todo el año en el mercado, ella mantiene presencia tanto en Cuaresma como en el resto del calendario, participando además en tianguis y otros puntos de distribución. Esta continuidad evidencia que el consumo del producto ha dejado de ser estacional para convertirse en parte habitual de la dieta de los clientes.

La operación del negocio implica una rutina exigente. En temporadas de mayor actividad, el trabajo inicia alrededor de las tres de la madrugada, cuando comienza la preparación de la mercancía. Una hora después ya se encuentran en el punto de venta, donde la jornada se extiende hasta las cuatro de la tarde. Son aproximadamente doce horas de labores que incluyen limpiar, lavar, filetear y atender a los clientes. A pesar de la exigencia física que representa, Quiñones Pacheco reconoce que el gusto por el oficio es un elemento que sostiene el ritmo cotidiano.

El abastecimiento de los productos también forma parte esencial de la dinámica. El pescado y los mariscos provienen de Guadalajara, Jalisco, específicamente del Mercado del Mar, al que acude cada quince días para surtirse. La variedad disponible refleja la amplitud de la oferta: filete de cazón, filete de mero, tilapia, huachinango entero para caldo, así como camarón, ostión, pulpo y otros mariscos. Esta diversidad permite atender distintas preferencias culinarias y adaptarse a las necesidades del público.

Además de su presencia en Zacatecas, Quiñones Pacheco vende en el municipio de Guadalupe, donde en ocasiones la demanda resulta incluso mayor. Las variaciones en las ventas dependen de múltiples factores, desde la ubicación hasta el flujo de consumidores, pero en general observa que el pescado continúa teniendo aceptación durante todo el año. De hecho, considera que el consumo ha aumentado en parte por la creciente atención que las personas prestan a la nutrición y a la salud. La incorporación del pescado fresco en los menús familiares responde, según su percepción, a la recomendación de especialistas y a la experiencia de familias que enfrentan enfermedades como diabetes o cáncer, lo que impulsa la búsqueda de alternativas alimenticias más saludables.

En cuanto a los precios, señala que las fluctuaciones han sido moderadas. En el transcurso de los últimos años, el incremento ha oscilado entre 10 y 15 pesos por kilogramo en comparación con periodos anteriores, lo que permite mantener cierta estabilidad para los clientes habituales. Sin embargo, el contexto comercial no está exento de retos. La competencia con supermercados y tiendas departamentales representa un desafío creciente, especialmente por factores logísticos. El tráfico vehicular y la falta de estacionamiento en el centro de la ciudad llevan a algunos consumidores a optar por establecimientos más accesibles. A pesar de ello, Quiñones Pacheco subraya la importancia de apoyar al comercio local, argumentando que consumir en estos espacios contribuye a que los recursos económicos permanezcan en la comunidad.

La interacción con la clientela forma parte esencial de su día a día. Entre conversaciones, cálculos de precios y entregas de producto, el trato cercano y directo refleja una dinámica en la que la confianza se construye con el tiempo. Esa relación también alimenta el sentido de pertenencia al espacio comercial, donde la venta no es solo una transacción económica, sino una práctica social que conecta a vendedores y compradores.

A manera de invitación, Quiñones Pacheco insiste en que el público se acerque a consumir productos frescos y locales, enfatizando el valor de mantener vivas las actividades comerciales tradicionales. Su historia no solo ilustra la continuidad de un oficio transmitido por generaciones, sino también la adaptación constante ante los cambios del mercado y del consumo.

Así, el perfil de Guadalupe Quiñones Pacheco se define por la conjunción de herencia familiar, disciplina laboral y compromiso comunitario. Entre madrugadas de preparación, viajes periódicos por mercancía y jornadas prolongadas de atención, su trayectoria sintetiza la realidad de quienes sostienen el comercio cotidiano desde la experiencia acumulada y la convicción de que, más allá de la venta, su labor contribuye a la economía local y a la alimentación de su entorno.

La variedad disponible refleja la amplitud de la oferta: filete de cazón, filete de mero, tilapia, huachinango entero para caldo, así como camarón, ostión, pulpo y otros mariscos.
Foto: Jaqueline Lares
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