La violencia es un problema estructural que involucra la cultura: académica

La violencia es un problema estructural que involucra la cultura: académica

Señala que con la pandemia se hicieron más evidentes los hechos violentos, porque en un inicio se daban tras las puertas de las aulas y en la actualidad han llegado de forma virtual

 

Apenas días previos al confinamiento, en honor al Día Internacional de la Mujer, en distintas unidades académicas de la Universidad Autónoma de Zacatecas, así como en distintos lugares públicos se hicieron denuncias anónimas en tendederos de la vergüenza; estos destaparon los acosos y violencia ejercida por parte de académicos y estudiantes por igual.

Ahora, Yessica Martínez Soto, docente de la Universidad Autónoma de Baja California (UABJ), expuso que la violencia es un problema estructural que involucra la cultura, cómo se desenvuelven las personas en la sociedad y la apropiación de los roles de género, un perfil o molde característico que determina el actuar y los estilos de vida.

Al ser un problema de dicha índole, la violencia tiene muchas formas de manifestarse y clasificarse: desde lo general hasta su manifestación; así como infinitos lugares de ejercicio, uno de ellos es en las universidades, que corresponde al ámbito educativo.

¿Qué hacer al respecto? En primera instancia, es importante identificar cómo son invisibilizadas las manifestaciones y formas violentas, es decir, señalar la violencia que se intenta callar, y desde ahí partir a un cambio.

El proceso, entonces, continúa al dejar de justificar las formas de interacción que no son sanas, por ejemplo las frases o chistes con connotación discriminatorias, “las frases no son inofensivas”, afirmó, aseverando que “en un contexto donde no hay consentimiento, hay repercusiones emocionales que, al no ser atendidas, las víctimas se revictimizan y son forzadas a convivir con su agresor dentro del contexto escolar”.

Aunado a esto están los profesores que ignoran por motivos de género, quienes acosan y quienes emplean discursos sexistas o discriminatorios.

Una vez identificadas y señaladas las violencias, se debe dar respuesta como institución: en este sentido es recomendable detallar los perfiles de víctimas y victimarios, además de los factores de riesgo, padecimientos derivados de las experiencias y la función de protocolos.

Una vez que se tiene esto, la difusión es fundamental para la prevención como para la atención de casos; también es de gran importancia educar a la población universitaria en general sobre las conductas y actos violentos para que, una vez identificados, se erradiquen.

Desde la UABJ proponen estrategias de disfunción y protocolos generales, que las y los profesores deben replicar en el aula, asegurarse de conocer y transmitir los mecanismos y, sobre todo, sancionar acciones violentas; en el caso de que una agresión se lleve a cabo también es necesario aplicar protocolos y brindar acompañamiento y atención a víctimas.

Martínez aseguró que esto debe hacerse en todas las instituciones de educación superior, y quienes no saben por dónde empezar, pueden referirse al modelo educativo o plan de desarrollo de la Universidad y desde los valores fomentar que se abran los espacios que garanticen la no violencia.

La especialista lamentó que hechos violentos no sean ajenos a la población y que con la pandemia se hayan hecho más evidentes, pues en un inicio se daba tras las puertas de las aulas y en la actualidad han llegado a la virtualidad, por lo que enfatizó en que hay que actuar por el bien y la tranquilidad común.

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