Lionel Messi sabe qué hacer con el tiempo. A días de cumplir 39 años, el capitán argentino comenzó a escribir su último capítulo en la Copa del Mundo convertido en una leyenda. Desde Alemania 2006, cuando ya cargaba con el peso de ser la mayor promesa de un país propenso a la exigencia desmedida, se dedicó a quebrar todos los récords posibles: partidos, goles, asistencias y reconocimientos individuales. Pero faltaba uno. En Kansas City, durante el debut de la Albiceleste 3-0 ante Argelia, el 10 entró en la historia como el único futbolista sobre la Tierra en jugar seis ediciones distintas de una cita mundialista.
La sexta y última función mundial de Messi, quien con su triplete (17, 60 y 76) igualó al alemán Miroslav Klose como el máximo romperredes histórico (16 goles), dibujó la sonrisa del pueblo argentino. Tan pron-to puso un pie en el césped del estadio Arrowhead, casa de los Jefes de Kansas City de la NFL, se conmovió al sentir el rugido popular que coreaba su nombre. El llanto de miles de aficionados lo acompañó durante la ceremonia del himno. “Coronados de gloria vivamos/ ooo juremos con gloria morir”, cantó mientras sus tres hijos –Thiago, Mateo y Ciro– y el resto de su familia vibraron con él desde un palco.
Generador de ilusiones
Poco tiempo después, La Pulga brindó un espectáculo increíble. Alimentó la ilusión de verlo otra vez hasta el final del Mundial, defendiendo esta vez la corona de campeón del mundo. Durante unas horas, el astro del Inter Miami será el único con el récord de más ediciones disputadas, ya que Cristiano Ronaldo –su mayor rival durante las dos décadas recientes– saltará al césped en su sexta Copa cuando Portugal se mida este miércoles con el Congo en el estadio de Houston.
Es el gran Houdini del futbol, tituló el diario argentino Clarín so-bre el capitán de la selección. Porque el mago, retratado por las cámaras en distintos escenarios, mostró sus mejores trucos en menos 80 minutos, momento en el que Lionel Scaloni decidió sacarlo para que el público lo despidiera con una ovación. “Olé, olé, olé, olé, Leeeo, Leeeo”.
Si el 10 de la Argentina transformó la manera de jugar, también elevó la categoría del torneo en Estados Unidos: entradas agotadas, estadios repletos y un aumento histórico en el valor de los derechos de transmisión. El punto de partida en este Mundial fue Argelia, un rival inseguro, desordenado, superado por la calidad de mediocampistas como Alexis Mac Allister y Rodrigo de Paul que, sin jugar su mejor encuentro, sirvieron de cómplices para el triplete de La Pulga, el primero en una cita mundialista.
Como lo ha hecho desde su adolescencia, el rosarino corrió con la pelota desde tres cuartos de campo, aceleró y mandó un zurdazo al ángulo para el 1-0. Más tarde, aprovechó un rebote del portero argelino, Luca Zidane, hijo del ex futbolista francés Zinedine Zidane, para incrementar la ventaja y, finalmente, también de zurda, colocó su remate hacia el costado derecho en una acción al contrataque. Tres jugadas, tres goles. Una fiesta popular en la que se escucharon canciones de cumbia santafesina y grupos de cuarteto, muy escuchados en Argentina y otros países de Sudamérica.
“No sé cuántas personas había, pero otra vez llenamos el estadio. La afición argentina es una locura. Hacen un esfuerzo muy grande. Que disfruten el momento y los goles”, dijo el capitán argentino para el canal oficial de la FIFA.
Aún acostumbrados a sus milagros, muchos de los más de 65 mil asistentes se frotaron los ojos ante la gesta de un jugador que está a ocho días de cumplir 39 años. El propio Messi se emocionó hasta las lágrimas. Además de superar al brasileño Ronaldo y el alemán Miroslav Klose, dejó en el camino a otros goleadores históricos como el francés Kylian Mbappé –quien horas antes lo había superado–, Just Fontaine y Gerd Muller.
“Sabíamos que íbamos a sufrir, pero la cabeza cuenta un montón y los jugadores hicieron un trabajo enorme”, declaró al final del encuentro Scaloni, técnico de la Albiceleste. “Lo de Messi nos deja sin palabras. Cualquier cosa que diga está demás. Lo viene haciendo hace 20 años, es una cosa increíble. Hay que disfrutarlo, porque, lo que transmite al mundo, nadie más lo puede hacer”.
Scaloni vivió los primeros minutos con intensidad. El VAR rescató a Argentina al invalidar un gol de Fares Chaibi, quien había superado en un mano a mano a Emiliano Dibu Martínez. Durante la revisión de las imágenes, apareció en Kansas City el fantasma de la derrota albiceleste en el debut de Qatar ante Arabia Saudita. Pero la anotación bajó del marcador y el susto dejó paso al éxtasis cuando Rodrigo de Paul, desde el círculo central, filtró la primera pelota a Messi entre líneas.
El ritmo trepidante se vio cortado por la pausa de hidratación. El seleccionador de Argelia, Vladimir Petkovic, no modificó sus planes y mantuvo a sus jugadores resguardados a la espera de alguna oportunidad al contragolpe. Reclamaron, aunque sin suerte, una posible plancha del 10 argentino en una disputa por el balón, pero ningún silbante se atrevió a calificar la falta con la tarjeta roja.



