En los combates por la historia que en tiempos de la fiebre mundialista ha estado librando la CNTE, pareciera que ésta va contra la corriente o contra la historia.
Como no estar de acuerdo con su reclamo de una pensión digna y su exigencia de derogar la Ley del ISSSTE del 2007 que terminó con el sistema de pensiones solidario y lo cambio por el de cuentas individuales administradas por las afores, situación que llevará a cobrar una magra pensión condenando a los maestros a una vida de miseria cuando se jubilen aquellos que comenzaron después del año referido. Sin embargo, satisfacer esa demanda implica un muy alto costo económico. Ante este escenario la presidenta desde un principio reconoció la justeza de esa demanda, pero también fue y ha seguido siendo muy enfática al declarar que no hay presupuesto para cumplirla, Como la letra de una vieja canción interpretada por el ídolo de Guamuchil, les ha hecho ver que “necesito dinero, pero mucho dinero…”. ¿Cuánto?, tanto según cálculos como 7 billones de pesos que equivalen a la friolera del 20 por ciento o la quinta parte del PIB. Nada más. ¿de dónde va a salir el dinero?, ¿incrementando más la deuda pública y el déficit presupuestario con lo que esto implica?
Los maestros que han parado las escuelas se han aferrado a que la presidenta cumpla su promesa de campaña de quitar la Ley del ISSSTE y se han empecinado en que sea ella quien los reciba. No les ha dado gusto y difícilmente los recibirá.
Otra de sus demandas, que la CNTE llama centrales es la también derogación de la reforma educativa de Peña Nieto de 2013, reforma que a petición de la Coordinadora fue reformada por AMLO quitándole la parte punitiva que orillaba a cesar a los maestros que no cumplieran con la evaluación para mantener la plaza. El resultado, en opinión de la disidencia magisterial fue una contrarreforma que al quitarle a las dirigencias seccionales la prerrogativa de asignar las plazas en lugar de ganarlas por concurso de oposición-selección, así como su oposición a que los ascensos y promociones sean por medio de evaluaciones anteponiendo a estas la aplicación del escalafón que privilegia la antigüedad en el servicio y los derechos que con esta se adquieren. Tanto el ingreso como las promociones y recategorizaciones con la reforma de López Obrador están normadas por la USICAM que vino a sustituir al sistema de la Carrera magisterial. Echar abajo a la Usicam también es regresivo y una vuelta al pasado que poco contribuye a elevar la calidad de la educación como sería lo deseable.
La lucha callejera de la CNTE con la afectación de terceros evidencia el fin del sistema pensionario de “solidaridad intergeneracional” creado por Otto Von Bismarck en 1881, en el que los trabajadores en activo pagaban sus pensiones a los jubilados ha llegado a su fin. El sistema solidario tiene que ver con la demografía y con la aritmética. En México, la crisis del sistema solidario se presentó con los gobiernos del Prian a partir de los 90’s del pasado siglo. Para completar los faltantes de las pensiones, año con año se recurrió a incrementar la deuda pública y al atraco de las afores que solo en gastos de comisiones para el manejo de las cuentas individuales se chupan buena parte de las aportaciones de los trabajadores.
Ante lo peliagudo el problema se requiere que la presidenta en un gesto de humildad pida una disculpa pública a los maestros y reconozca su error al haber prometido echar abajo la vigente Ley del ISSSTE. Por su parte, el magisterio movilizado tomando en cuenta un presupuesto que no alcanza, deberían ser más solidarios con la sociedad considerando el elevado gasto de los programas sociales. En 2022, sólo el 31% de los adultos mayores contaba con una pensión.



