Acapulco, Gro. En la zona Diamante, la colonia Colosio clama por ayuda. El descenso del agua ha redoblado la pobreza y los habitantes exigen al presidente Enrique Peña Nieto ayuda para sus casas y empleo.
El arribo al albergue instalado en la escuela primaria Luis Donaldo Colosio le ha llevado más de una hora, porque para cada 20 ó 30 metros; de todas las calles desciende la gente que resultó afectada por Manuel y el mandatario se ha detenido en innumerables ocasiones para escuchar los testimonios de los colonos.
Y así, voces que lo mismo agradecen a un teniente del Ejército la ayuda, se contradicen con otras que acusan al mismo Ejército de no haber acercado a algunas familias a los albergues el día de la inundación.
En medio, el presidente Peña y su esposa Angélica Rivera escuchan, dan indicaciones a sus asistentes y ofrecen regresar cuanto antes porque, a decir del mandatario, lo importante es ante todo tener el censo de damnificados para empezar a bajar las ayudas para los bienes muebles e inmuebles que se perdieron.
Al tiempo de insistirles en que no se dejen sorprender por quienes quieren hacer uso político de esta tragedia, Peña Nieto también elogia los “liderazgos naturales” que han salido a su paso para presumirle la organización que han desplegado de manera “espontánea” para asistir a la gente afectada.
En los improvisados mítines, el presidente Peña ha reconocido también que el huracán Manuel dejó trágicamente inutilizado todo el sistema de agua potable de la ciudad, por lo que mientras éste se restablece, la gente recibe agua a través de 170 pipas —según información del gobernador Ángel Aguirre—, pero también les ha dicho que la ayuda se dará casa por casa, que se estimulará el empleo temporal y también que se trabajará para restituir el modo de vida de muchos acapulqueños, quienes con las inundaciones perdieron pequeños comercios o sus taxis y otros medios por los cuales obtenían ingresos.
El clamor no cesa.



