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miércoles, 17 agosto, 2022
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Nuestra cultura frente al futuro

■ Alba de Papel

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Por: ALMA RITA DIAZ CONTRERAS •

Las crisis de la pandemia del Covid-19, y la precariedad económica a la que es sometida, han dado un duro golpe a la cultura que, a pesar de sus limitaciones, una y otra vez se inflama de generosidad para promover el reencuentro, la convivencia y la certeza de que ella nos hace mejores personas y nos permite fortalecer la idea de un porvenir con cierta esperanza.
Una gran cantidad de actividades se ciernen en torno a la Capital del Estado y sus municipios, y dada su importancia para el ejercicio que pretendo hacer, sirve enumerarlos por lo que en modo especial significan para el patrimonio cultural, la memoria histórica y la identidad, que en su conjunto le dan una múltiple interpretación a lo zacatecano, a la vez que lo singularizan. Aquí va el relato que se inscribe en julio que todavía no termina:
En días pasados, llegaron las cenizas mortales de Manuel Felguérez (1928-2020) al magnífico recinto que lleva su nombre y que se abrió al público en 1998. Fue un gran acontecimiento que cimbró el corazón de los habitantes de la Ciudad y de Valparaíso donde nació, para recordar su inmortalidad como artista, escultor y valiente protagonista del movimiento de ruptura de la plástica mexicana. Finalmente regresó al terruño.
En el Museo “Rafael Coronel” (1990) con la presencia de su hijo Juan Coronel Rivera, se abrió la Sala de Autor necesaria y merecida del maestro del pincel sombrío, dueño de un hermético paisaje en la diáspora de la tradición nacional, y entre fardos y coronas de plumas de matlachines, una gran cantidad de personas se reunieron para atestiguar el hecho, y compartir la grandeza de Rafael Coronel (1931-2019) en uno de los recintos más emblemáticos de la arquitectura zacatecana, poseedor de una de las colecciones más importantes del arte popular mexicano, únicas en el mundo, las máscaras prehispánicas y sincréticas de distintas regiones de la geografía mexicana.
En el Museo Zacatecano se realizó la segunda mesa “Patrimonio arqueológico e histórico” como parte del Ciclo de Conferencias en Homenaje Póstumo al Arq. Héctor Castanedo Quirarte (1950 -2022), con la participación de Peter Jiménez Betts (el mayor experto de los sitios arqueológicos del Estado), Tomás Belmontes Zacarías y Víctor Hugo Ramírez Lozano. En torno a la figura del homenajeado, el reclamo mayor fue honrar en vida a los grandes personajes zacatecanos; conocer las zonas arqueológicas y defender el patrimonio cultural a través de la memoria, del sentido de pertenencia y orgullo por Zacatecas.
Y cierro este breve compendio de actividades, con la celebración del primer aniversario Luctuoso de Juan Manuel de la Rosa (1945-2021), allá en Sierra Hermosa, perteneciente al municipio de Villa de Cos, ex hacienda donde nació y vivió el anatema de la dificultad, pero al que siempre regresó, y logró transformar en un ejemplar centro de lectura, de recuperación y diseño textil. En persona, Juan Manuel de la Rosa alentó una forma de vida distinta al menosprecio que históricamente sufren las comunidades rurales.
Artistas y escritores como Juan Villoro, en Sierra Hermosa disfrutaron de la lectura coral de niños y jóvenes inspirados por el gran hacedor de papel. Este pequeño pueblo fue su orgullo y se quedó el pendiente de hacer un taller de papel hecho a mano para mujeres en situación de vulnerabilidad. Si lo hizo con éxito en Colombia, intentó establecerlo en Susticacán o Monte Escobedo (donde hubiera suficiente agua), pero quedó truncado. No obstante, Sierra Hermosa es ejemplo de arte y cultura y quienes la visitan se conmueven ante sus cualidades.
En este contexto, este artículo está orientado a describir la generosidad del arte y la cultura y su efecto, para reconciliarnos con la vida. Hay un extenso número de acciones de otros géneros que no están incluidas, pero las referencias sobre nuestros grandes artistas sirven para mostrar la abundancia de la actividad cultural en la Capital y algunos de los municipios que están conscientes de que, a pesar de la incertidumbre y la violencia, la cultura es el camino más firme para la recuperación y el saneamiento del tejido social, por difícil que sea la situación y la angustia que vivimos.
Como anécdota, alguna vez, en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), el gran maestro Francisco Toledo (1940-2019) al saber que yo era de Zacatecas, me preguntó si los artistas zacatecanos consagrados, hacían labor, activismo y gestión a favor de su tierra; le dije que, a su manera, sí lo hacían, quizá no igual que él, pero que había una conexión irrenunciable con Zacatecas.
Los museos son una irrefutable evidencia de ello, a donde se suman la excepcionalidad del “Pedro Coronel” (1983), cuyo legado implica una compilación de arte universal suigéneris del artista (1921-1985) que no tiene parámetros de su inagotable belleza. Y el “Goitia”, un magnífico puente de unión de grandes artistas como Julio Ruelas (1870-1907) y quien da su nombre al museo (1882-1960) autor del memorable “Tata Jesucristo”, pintura que de algún modo une a Oaxaca y Zacatecas, ya que pintó su gran obra en la tierra de Toledo.
Emprendidos por el Instituto Zacatecano de Cultura y el Ayuntamiento de Villa de Cos, los actos mencionados son un botón de la sensibilidad integrada por la autoridad, los artistas y la sociedad para crear comunidad e interacción para la convivencia dentro de la nueva normalidad, en espera de que el programa de cultura sea fortalecido en el futuro inmediato porque indudablemente representa una oportunidad para la integración y el desarrollo social que anhelamos.
Es el camino a seguir porque en él está trazada la visión de una realidad que nos incluya y nos ofrezca la oportunidad de un mañana mejor.

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