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jueves, 18 agosto, 2022
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Un giro posmoderno y la vindicación de Carlos Castaneda

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

En la página 100 de la séptima reimpresión de la edición Penguin de 1979 del libro “A Separate Reality”, se encuentra la siguiente afirmación: “Para poder ver a las plantas debes hablar con ellas de manera personal…debes conocerlas individualmente, entonces las plantas te dirán aquello que te importa de ellas”. Esto le dice Don Juan Matus al antropólogo peruano Carlos Castaneda, quien unos renglones más adelante, le comenta: “le dije que la razón por la que no había seguido su consejo fue porque me sentía estúpido hablando a las plantas”. Castaneda obtuvo grados en antropología por la Universidad de California. El primero por “Las enseñanzas de Don Juan” y el segundo, el grado de doctor, por “Viaje a Ixtlán” de 1972. Fueron y son un éxito de ventas, y por ende el núcleo de aguerridas controversias. ¿Son antropología? Lo que sí son es la descripción del proceso de conversión de Castaneda en chaman, brujo o “nahual”. Si este proceso correspondía o no con auténticos rituales de los indios yaqui parece lo de menos, Castaneda se volvió gurú de la nueva era y volaba convertido en cuervo después de hablar con las plantas. Todo esto invita a la burla porque, en fin, de acuerdo a los datos de la fisiología, la embriología y la morfología no es posible para un cuerpo maduro convertirse en otro. Tampoco parece posible comunicarse con las plantas mediante ondas sonoras. Sin embargo, existe un movimiento en la antropología que se dice científica, liderado por un etnólogo brasileño, que invita a repensar las certezas de la “ciencia occidental”. Eduardo Viveiros de Castro ofreció, en las conferencias anuales “Marilyn Strathern” del año 2014, una charla titulada “Who is afraid of the ontological wolf?”, que apareció al año siguiente en la revista “The Cambridge Journal of Anthropology” (33(1), 2015 pp. 2-17) con el mismo título. ¿Qué dice Viveiros de Castro en esa conferencia? Trata de presentar un resumen de las principales posiciones del “giro ontológico” en antropología. ¿En qué consiste esto? El primer paso para comprender el mensaje de Viveiros de Castro es colocar entre paréntesis la “ciencia occidental” y sus datos. Esto significa que ante afirmaciones como las ilustradas por Don Juan Matus no se debe proceder a su descalificación, no se deben invocar las “certezas” del modo de pensar anquilosado de la ciencia que se enseña en las escuelas. Si un chaman sostiene que se transforma en búho o jaguar o cuervo lo peor que se puede hacer es descalificarlo. Dado este paso, el siguiente es reconocer que, así como los seres humanos tienen una perspectiva peculiar, desde la que ven a los cerdos como jamón de mesa, asimismo los marranos perciben los desechos como suculentos manjares. Tal concepción se nombra “perspectivismo”. Todos los seres tienen una perspectiva intencional, son “personas”, por lo que en la típica disyunción occidental de cultura/naturaleza, en la parte de la cultura no se ubican sólo los seres humanos, sino también los animales porque estos comparten cierta dosis de humanidad. La “cultura” es pues, una, no múltiple. Aquello que se multiplica es la naturaleza, hay varias y en cada una habita una cierta “humanidad” capaz de intercambiar su cuerpo, que es concebido como una suerte de vestimenta, con otros. Así, por fin, Carlos Castaneda puede transformarse en cuervo con soltura, después de haber charlado largas horas con las petunias. En la página 12 de la referencia citada, Viveiros de Castro aduce una investigación de David Graeber titulada “Fetichismo como creatividad social” en la que el autor afirma que las creencias de un cierto pueblo “otro” son eso: creencias sin más efectividad que la credulidad. Por supuesto, los antropólogos del “giro ontológico” están en completo desacuerdo con tales intromisiones de la mente occidental en los asuntos de la otredad. De ahí la necesidad de suspender el uso de las categorías de la ciencia occidental porque, de otro modo, no se llegaría a conocer la mentalidad “otra”, sino que se reforzarían las certidumbres ontológicas del antropólogo. Por lo que se ve, el giro ontológico realiza una vindicación quizá innecesaria: la obra de Carlos Castaneda se revela precursora de los debates antropológicos de principios del siglo XXI. De hecho, su recuperación de los abismos de la pseudociencia y el esoterismo tiene largo tiempo en ciernes. En uno de los libros fundacionales del “giro ontológico”, titulado “La invención de la cultura” de Roy Wagner (Chicago, 1975) el autor, con enorme clarividencia, escribió lo siguiente: “Después de todo lo que se ha escrito acerca de las fuentes conjeturales de los escritos de Castaneda, lo que uno puede hacer es extenderles la misma suspensión profesional de la incredulidad que se dispensaría a los reportes de un etnógrafo profesional”. Ahora bien, no todos quieren suspender el juicio. David Graeber decidió ejercer sus facultades críticas occidentales y respondió a Viveiros de Castro en el artículo “Radical alterity is just another way ofsaying “reality” (Journal of Etnographic Theory, 5(2) 2015). La conclusión, tras 41 páginas de detenida ponderación de los méritos del “giro ontológico”, es que este consiste en introducir en la antropología el idealismo filosófico germano francés. Y por eso, decimos nosotros, mejor es denominarlo “giro posmoderno” en antropología.

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