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jueves, 26 mayo, 2022
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¿Dónde estaban los periodistas cuando la sociedad los necesitó?

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Por: Antonio Salas •

Las narrativas digitales que imperan en nuestros días tienen a favor y contra un efecto: la viralización de contenidos. Sí, así como el #TodosSomos, aunque #NoTodosSomos.

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Cualquier cosa que despierte el interés de las audiencias digitales, detonará una explosión de opiniones, que muchas veces no están sustentadas en hechos.

En ocasiones ni siquiera quien hace la primera publicación imagina que ese mensaje pudiera volverse viral, en otras ocasiones por mucha estrategia, dinero y contenido planeado, no se logra ese objetivo.

Hace apenas unos días, las redes sociales volvieron tendencia un hashtag cuyas tres palabras unidas mostraban apoyo a una persona, trabajador de la industria de la comunicación, a quien los usuarios de las mismas consideraban había sido vulnerado por el Presidente de la República.

La tendencia era tal, que las muestras de apoyo eran como lava eructada por un volcán en erupción, con una fuerza tal que por momentos me parece los mismos apoyadores desconocían incluso la causa.

A simple vista podría ser claro: un servidor público contra un periodista y en consecuencia, un enorme sector de la audiencia siendo solidarios con este. Pero no, no era así.

Estábamos frente a un contexto digital dividido en dos bandos, unos contra otros. Insisto, por momentos hasta sin motivos, fundamentos y destino.

Entonces, ¿a quién defendían? A un periodista, me contestó alguien. Otros más, con indignación espetaron: ¿Y tú, por qué no defiendes al periodista? Increíble, la mayoría de los participantes, sin más elementos que la definición de “con melón” o “con sandía”, se subían al tren.

Pero, ¿qué entiende la sociedad por “periodista”?, mejor aún ¿Qué es un periodista en la industria de los medios de comunicación? Recuerdo que hace casi 20 años cuando realizaba mis primeras notas, era frecuente encontrar en el camino quien celebraba la cobertura de ciertos temas.

La mayoría de las veces, saber que los problemas que afectaban a sus comunidades podrían encontrar voz, iba acompañado de encargos como: pégale a cierto funcionario, hay que golpetear a aquella servidora pública o, peor aún, responder al reportero conllevaba el objetivo de afectar a otro ciudadano que luchaba con el mismo fin.

En conclusión, el ciudadano promedio observa el ejercicio periodístico como una posibilidad de que alguien tome su lugar, golpee con tal fuerza al otro y entonces verlo caer.

Me parece que al margen de que si el motivo para tal efervescencia digital es válido o no, dicho activismo de bites da pie a otra reflexión: ¿Dónde están los periodistas cuando la sociedad los ha necesitado o nos ha necesitado?

Seamos honestos, para muchos de los que ahora se presentan como periodistas, exhibir las precariedades del colectivo tiene un sólo fin: el like.

Cuando dos o más convergen en la misma búsqueda, la competencia por el like se vuelve una lucha de vida o muerte. Literal, porque existe el riesgo de que si tal o cual protagonista digital no crece en métricas digitales, corre el riesgo de morir en el intento.

Uno de los grandes riesgos en que se ha puesto a la población es que quien le informa mediante transmisiones en vivo a través de perfiles aparentemente informativos no cumple con los lineamientos básicos del periodismo.

Y dirá usted, qué tiene que ver una cosa con la otra: Mucho. Porque si un paciente busca la atención de un médico, generalmente pedirá de este una buena formación, quizá una especialidad y entre más experiencia, mejor.

El periodismo actualmente cuenta con un sinfín de mecanismos de capacitación continua y permanente, que desgraciadamente no son empleados por quienes se dan a la tarea de informar.

Si bien muchos profesionistas han encontrado en el periodismo la ventana idónea para generar esa conexión con la sociedad, también es cierto que hay muchos que al no tener una práctica ética en su profesión terminaron como reporteros. Incluso cuando nada tiene que ver.

El proceso periodístico podría definirse en dos grandes momentos: uno, en aquel compuesto por la recolección de información, la verificación de datos y su edición, para luego ser publicados. 

Otro, el que corresponde a los periodistas en lo individual y a sus medios, así como a las organizaciones periodísticas, en caso de pertenecer a una, al asunto de la deontología: aquello que aborda desde los valores propios hasta los grupales la responsabilidad ética del ejercicio y su impacto.

Debe de quedar claro algo: periodismo sin reacción, no es periodismo. Pero, por otra parte: el periodismo militante, tampoco lo es. Por lo tanto, aquellas piezas que no generan en la sociedad una reacción hacia las élites, no cumplieron con su objetivo.

Así como aquellas, donde el periodista de pronto brincó la barrera ética y desde sus letras ya está haciendo causa, no es periodismo.

Si bien, como todo ser humano: el periodista podría tener desde simpatía política hasta causas que defender, podría hacerlo siempre y cuando delimite su profesión y lo deje claro ante su audiencia, eso sería lo ético.

Retomo la pregunta: ¿Dónde estaban o estábamos los periodistas cuándo la sociedad nos necesitó? Unos defendiendo a otros. Otros más buscando likes, pero pocos atendiendo a sus audiencias.

¿Tiene impacto social? Si, vamos a los números. Aunque la última edición de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, no presenta cómo cerró el 2021, la que corresponde al tercer trimestre si lo indica.

En septiembre del año pasado, a nivel nacional el 61.9 por ciento de la población se enteró sobre la problemática de inseguridad pública, narcotráfico o delincuencia por televisión. En Fresnillo fue el 74.4 por ciento y en Zacatecas el 50.7 por ciento.

Mediante la red social Facebook el 73.4 por ciento de los fresnillenses supieron sobre la inseguridad y el 66.2 por ciento de los habitantes de Zacatecas. Mientras que escuchando noticiarios de radio fueron el 37.0 por ciento en Fresnillo y el 29.4 por ciento en la capital.

A nivel nacional, en ese periodo el 64.1 por ciento de las mujeres se enteró de lo que en materia de inseguridad ocurría en su entorno por televisión y el 54.9 por ciento por Facebook, mientras que el 59.1 por ciento de los hombres fue por televisión y el 53 por ciento por Facebook.

Para la población mayor de 60 años, la cifra de aquellos que manifestaron sentirse inseguros al enterarse de los hechos delictivos a través de las Redes sociales fue del 67.2 por ciento. 

Sin embargo, es alarmante el impacto es aún mayor en los jóvenes, la media nacional indicó que el 83.6 por ciento se enteró de la seguridad de su región por las redes sociales y el 61.4 se sintió inseguro.

Lamentablemente el impacto de la falta de ética, profesionalización y profesionalismo evidentemente tuvo su impacto en nuestra región: 93.5 por ciento de los jóvenes de 18 a 29 años encuestados en Fresnillo y el 90.3 por ciento de los que viven en la capital de Zacatecas supieron de los hechos a través de las Redes sociales.

Subrayo. Muy por encima de la media nacional de 61.4 por ciento.

El periodista al fin de cuenta es un ciudadano más, que tiene la posibilidad de contar y contextualizar a sus audiencias el porqué y el cómo de los conflictos que afectan diariamente su vida cotidiana. 

Por eso, me parece que es momento de, que en una demostración de ética y profesionalismo, pero sobre todo de autocrítica: antes de querer ser un #TodosSomos, primero debemos ser congruentes, solidarios y empáticos con nuestras audiencias, y con la propia profesión. 

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1 Comentario

  1. ¡Cuanta verborrea dios mío! Este columnista (que no creo que periodista) está totalmente perdido. Se ofende porque la ciudadanía apoya a Loret de Mola por haber sido espiado por AMLO. Que lastima da saber que los columnistas de la jornada carecen de los mínimos conocimientos legales y de las Instituciones que vienen a ser pilares de nuestro país.

    PÓNGANSE A LEER LA CONSTITUCIÓN, ELLA ES LA CARTA MAGNA QUE RIGE LA ORGANIZACION DE NUESTRO PAÍS. NO UN ANCIANO MIADO.

    NO LEÍ NADA, SÓLO A UN ARDIDO PORQUE DESDE HACE 20 AÑOS NADIE LO FUMA.

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