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viernes, 12 julio, 2024
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‘Furiosa: A Mad Max saga’, de George Miller

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Por: ADOLFO NÚÑEZ J. •

La Gualdra 626 / Cine

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Hace más de cuarenta años, el cineasta australiano George Miller introdujo por primera vez a Max Rockatansky, el guerrero de la carretera, al resto del mundo. Protagonizada por Mel Gibson, Mad Max (1979) resultaba una curiosa propuesta, a medio camino entre el distópico, el thriller de venganza y el cine de persecuciones. Como con The Texas chainsaw massacre (1974), de Tobe Hooper y The evil dead (1981), de Sam Raimi, Miller lograba que lo ínfimo de su presupuesto no fuera un impedimento para evidenciar una desbordante creatividad y admirable técnica en la dirección, así como una profunda imaginación en el universo de su autoría.

Durante la década de los 80, Miller filmaría otras dos películas del personaje: Mad Max 2: The road warrior (1981) y Mad Max beyond thunderdome (1985). Ambas cintas consolidarían a Miller como uno de los principales referentes en el cine de acción. Este legado continuaría treinta años después, con Mad Max: Fury road (2015), uno de los blockbusters más importantes del último siglo; el rol de Max corría a cargo de Tom Hardy, y se presentaba a la inolvidable Furiosa, con una maravillosa interpretación de Charlize Theron.

Casi una década después, el australiano vuelve a este universo con Furiosa: A Mad Max saga (2024); se trata de una precuela de Fury Road, la cual ahonda en la psicología del enigmático personaje encarnado por Theron. Aquí el papel corre a cargo de Anya Taylor Joy, en una versión más joven de Furiosa y con un registro cercano al del cine silente, con menos de treinta líneas de diálogo en todo el filme.

Fotograma de «Furiosa. A Mad Max saga», de George Miller

En un largo de dos horas y media de duración, la cinta se estructura alrededor de cinco capítulos que abarcan veinte años en la vida de la protagonista, partiendo desde el momento en el que Furiosa, siendo una niña, es arrebatada de su hogar por el tiránico Dementus (Chris Hemsworth). La película se enfoca en los incontables esfuerzos de Furiosa para volver a su hogar, que convergen de manera espectacular hacia los eventos mostrados en Fury Road.

Evitando cualquier esbozo de fan service, Furiosa es la extensión de una historia previamente conocida y venerada, una epopeya que, conforme avanza, va llenando sus espacios vacíos, al mismo tiempo que resignifica sus símbolos y les otorga mayor profundidad; todo con un intenso sentimiento de desolación y además encontrando una identidad propia. Sus ecos con Fury Road, lejos de ser simplemente referenciales, son el cuadro más amplio y elaborado de una tragedia que concluye en venganza.

Si bien Furiosa tiene un ritmo más pausado que el del filme anterior, eso no evita que Miller elabore, en cada oportunidad que tenga, set pieces de una energía alucinante, visceral y frenética (en esta ocasión con un CGI por momentos demasiado evidente). Con reparos mínimos, el director filma, a sus 79 años, coreografías de adrenalina pura, con planos deslumbrantes y toda la parafernalia visual que se puede desplegar en el cine contemporáneo.

Además de enriquecer el mythos alrededor de su protagonista, con Furiosa: A Mad Max saga, Miller reafirma su excepcional oficio en la dirección, haciendo uso de un sinfín de recursos y demostrando el control absoluto de todos los elementos de su obra. En lo que a cine de acción se refiere, está él, y luego están todos los demás. El australiano se encuentra ahí arriba, junto a veteranos como Spielberg y Scorsese, como una pieza clave para entender el engranaje en la historia del cine hecho en Hollywood.

 

 

 

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