En una entrega anterior, se mencionó que en febrero de 1990 la Rectoría de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) no aprobó la prorroga y por la vía de la conciliación el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ), dejo a salvo los derechos e intereses de los sindicalizados y mantuvo la voluntad de la Asamblea General. El convenio entre la UAZ y el SPAUAZ se firmó el uno de marzo del mismo año. Como una práctica recurrente a dos meses de la firma del convenio varios eran los acuerdos que no se habían cumplido a cabalidad.
Ante los incumplimientos el 24 de agosto del año en mención el SPAUAZ emplazó a la UAZ a huela, la cual estalló a las 8 horas del 15 de septiembre; el Secretario General del SPAUAZ y el Rector de la UAZ se presentaron ante la Junta Especial número uno, de la Federal de Conciliación y Arbitraje del Estado, para la firma de un convenio.
Se estableció que la UAZ a través del Rector, entregaría en el acto el cien por ciento de los bonos adeudados al personal docente (equivalente a cinco meses), y que correspondían al reclamo del emplazamiento; los cheques correspondientes al
pago, podrían ser canjeados de forma inmediata por los titulares.
También se estableció que al recibir los representantes del Sindicato los bonos, se expresaba la conformidad de terminar el conflicto de la huelga y por ende se obligaban a continuar las guardias hasta en tanto la Institución estuviera en posibilidades de continuar los trabajos con el personal administrativo, se solicitaba a la autoridad laboral, dejar sin efectos las medidas cautelares tomadas al momento del emplazamiento a la patronal.
El 20 de septiembre del mismo año, dadas las condiciones económicas por las que atravesaba la UAZ, y ante el compromiso asumido de analizar con responsabilidad las diversas alternativas que permitieran superar las dificultades que enfrentaba la Universidad, la Rectoría de la Institución informa al SPAUAZ los puntos prioritarios que en su opinión debían tratarse a la brevedad posible, a fin de solucionar los posibles efectos que se presentarían de no obrar concienzudamente.
La Rectoría manifiesta como fundamental retomar el análisis sobre el ingreso a un régimen de seguridad social que permitiera subrogar la responsabilidad que hasta la fecha había adquirido la Institución; y que como consecuencia natural del ingreso a una Institución de Seguridad Social y para el debido cumplimiento de las prestaciones pactadas por ambas partes, la Institución ponía de manifiesto la necesidad de concertar la construcción de un fideicomiso que en la medida de las posibilidades, solventará las deficiencias que se generaban en el cumplimiento de lo pactado.
La Rectoría aseguraba que en todo momento había asumido el compromiso y realizado las gestiones para hacer frente a las obligaciones contraídas por la vía de la contratación colectiva que, sin embargo, la dinámica de restricciones o de ajustes presupuestales implementada por las autoridades, obligaba a Sindicato y Rectoría a reflexionar en la inminente toma de decisiones que permitieran determinar las prestaciones que podrían seguir vigentes y cumpliéndose, como obligación contractual contraída y en donde por consecuencia aquellas prestaciones que no habían sido apoyadas tendrían que seguir la suerte que en conjunto se llegara a determinar.
Enfatizaba que no era posible la convivencia en la anarquía, que proveer los acontecimientos ayudaría a mantener la estabilidad deseada, de tal manera que la reglamentación integral coadyuvaría con la previsión de los acontecimientos; lo que permitiría una mejor optimización y eficientización en la prestación de los servicios: el disfrute del año sabático, el otorgamiento de becas, …, es decir, que había que definir con claridad el rumbo de la Institución con el perfil de los egresados y los docentes que tras la superación profesional buscaban niveles de perfección y con ello se avanzaría hacía el camino de la exigencia con dignidad.
En los meses finales del año y a manera de balance, se debía considerar que el sindicalismo universitario se encontraba en condiciones de sufrir serios descalabros si no procedía a una transformación de fondo, tanto en sus propósitos, en su contenido, como en su organización interna. Los sindicatos universitarios caracterizados en otros tiempos como organizaciones capaces de enfrentar las políticas de Estado con éxito, se encontraban bajo el cerco de las modificaciones resultantes del llamado proyecto de modernización educativa.
Las reivindicaciones y las conquistas sindicales habían sobrellevado severas restricciones en el anterior ritmo de crecimiento salarial y mejoras laborales, en ese momento amenazaban con un mayor deterioro, promoviendo la subordinación a las políticas modernizadoras por la vía de condicionar el financiamiento a las instituciones de educación superior.
Esa dinámica de cambios se pretendía desarrollar al margen de los profesores universitarios, y en particular con la exclusión de sus sindicatos; los cambios no sólo se manifestaban en el ámbito del quehacer académico y administrativo, sino también abordaban procesos mediante los cuales los sobresueldos y las compensaciones se convertían cada vez más en privilegios de las administraciones, mermando drásticamente la bilateralidad y la vigilancia que los contratos colectivos, habían garantizado a través de sus revisiones al aspecto económico.
Cualquier intensión de balance debía partir de analizar a profundidad las distintas características del proyecto modernizador, no era posible acceder a un proyecto alternativo de desarrollo sin contemplar esa premisa. Programar la discusión de las transformaciones de la educación bajo distintos enfoques y modalidades era una condición indispensable para caracterizar los elementos de una nueva estrategia del sindicalismo universitario, que lo distinguiera por agregar a la defensa de sus intereses una nueva forma de incorporación a los procesos educativos, modificando su antiguo esquema laborista por un proyecto de participación académica, como forma de preservarse.
La pretensión de incorporación al proyecto modernizador sobre la base de las prestaciones financieras se convertía en el eje central de la estrategia de las instituciones federales, para derrotar la resistencia que pudieran ofrecer las organizaciones sindicales. El SPAUAZ en lo sucesivo debía influir directamente en las discusiones y propuestas que se llevaran a cabo en cada centro de trabajo y en las instancias generales de la Universidad, con el propósito de contribuir al control social de las actividades académicas y administrativas de la Institución.
La capacitación y educación continua de los profesores no podía quedar sólo en manos de las autoridades, en esas circunstancias, se debían promover programas de formación de profesores con una perspectiva sindical, manteniéndose las posibilidades de una capacitación acelerada que impidiera la expulsión y fraccionamiento de grupos de profesores que paulatinamente se pretendía aislar de los beneficios salariales ante los programas que las instancias federales estaban impulsando. El sindicato debía generar las condiciones y apoyos necesarios para el desarrollo académico de sus agremiados paralelamente a la promoción que justificara una estrecha participación en los aumentos salariales otorgados por esa vía.
…
El SPAUAZ es el resultado de una lucha permanente por parte de sus fundadores, los que con un espíritu de solidaridad, consistencia y tenacidad lograron su reconocimiento por parte de la Autoridades Universitarias, lo que las viejas generaciones no deben olvidar y las nuevas tomarlo en cuenta antes de atentar en su contra.
Se parte de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia (LUMAT). Informes:
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1Docente Investigador de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia. LUMAT



