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domingo, 28 noviembre, 2021

La influencia cotidiana de la computación

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Por: Manuel López Michelone •

Hace una semana, aproximadamente, tuve un accidente de auto. Todo ocurrió a las 9 de la noche cuando en el periférico, llegando casi a Reforma, una camioneta decidió que quería cambiar de carril, invadió el mío (iba en el de en medio) y me pegó en un costado. Instintivamente alcancé a girar a la derecha pero le pegué entonces a un auto que iba en el carril de baja velocidad. Lo lamentable fue que el responsable, el de la camioneta, no se detuvo. Se dio a la fuga en un acto cobarde y criminal.

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Yo bajé la velocidad y teniendo al auto al que le había pegado atrás de mí, salimos de la vía rápida y nos estacionamos en la lateral. Ahí discutimos amablemente lo que había pasado. El conductor del auto al cual yo le pegué tenía prisa, por lo que me puse de acuerdo con él y ya no hubo necesidad de esperar al ajustador del seguro. Finalmente llegué a mi casa, en donde corroboré que los daños eran menores (raspones en ambos costados de mi vehículo, pero nada grave).

En cualquier caso hablé al día siguiente al seguro. Me atendieron muy amablemente y aquí empieza la historia del cómputo, ya permeando en la cotidianidad. La empleada que me atendió me dio un número de siniestro y me indicó que en unos minutos me mandaría a mi teléfono un mensaje del ajustador, indicando cuanto tiempo tardaría en llegar. Y no pasaron más de tres minutos cuando recibí un mensaje del ajustador, junto con un mapa en tiempo real, indicándome que estaría en mi domicilio en 7 minutos.

Finalmente habrán pasado unos 10 minutos y apareció el ajustador. Le expliqué lo que había ocurrido y me pidió mi licencia de conducir y la tarjeta de circulación. Las fotografió con la cámara de su teléfono celular. También fotografió la carátula de la póliza (que tenía como archivo PDF) en mi teléfono. Acto seguido me dijo que tenía que describir brevemente lo que había ocurrido y me dio un teléfono en donde tenía una “app”, la cual daba las siguientes opciones: escribir en el tecladito mi testimonio del accidente o bien, dictarlo al teléfono. Hice lo segundo pensando que se guardaría probablemente una grabación en formato mp3 pero no, lo que ocurrió es que al dictarle a la app, ésta transcribió mis palabras a texto. Y no es que me sorprenda hoy en día esto, pero de nuevo, caí en la cuenta cómo la computación y la tecnología inciden cada vez más a nivel cotidiano, a nivel casero.

Después de esto, el ajustador tomó un aparatito que parecía una terminal de tarjetas de crédito, la conectó de alguna manera al teléfono y salió una impresión en papel térmico, en donde se describió todo el evento. El ajustador me dio sugerencias para resolver el problema del auto y se despidió amablemente de mí.

Así las cosas en el mundo digital. Este es un buen ejemplo del uso correcto y eficiente de la tecnología. Finalmente tenemos una computadora en las manos, nuestro teléfono celular, el cual hace un número extraordinario de funciones que incluso, supera lo que pueden hacer las computadoras de escritorio.

La tecnología actual es verdaderamente asombrosa. Dictarle a una aplicación telefónica, que convierta lo que se ha dicho por el micrófono del teléfono a texto es increíble y habla del gran trabajo que se ha hecho en la interacción hombre/máquina, vía a través de comandos de voz. La ciencia se muestra poderosa y hoy lo es más al dar acceso a mucha más gente que antes. ■

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