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Inventar la herida

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Por: Mario Alberto Medrano •

La Gualdra 677 / Libros

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Recién tuve la oportunidad de leer Malacría (Sexto Piso, 2025), de Elisa Díaz Castelo. Esta, su primera novela, es un laboratorio estilístico con una historia familiar como centro neurálgico, donde convergen tres generaciones: Cecilia (abuela), Perla (madre) y Ele (hija). 

Las novelas que he tenido la oportunidad de leer sobre la relación hostil y compleja entre abuela-madre-hija o abuela-nieta o madre-hija están narradas con un tono específico: el de la tragedia, ya sea como una recapitulación de anécdotas turbulentas y crueles o el ritmo es tan acelerado como un tren a punto de estrellarse o hay una nostalgia que cae como un polvo e inmoviliza el tiempo, pero no las llagas. 

Pienso en un puñado. Por ejemplo, la de la uruguaya Rafaela Lahore, Debimos ser felices, cuya trama y tono se parecen muchísimo a los de Malacría; Mugre rosa, de Fernanda Trías; El cielo de la selva, de Elaine Vilar Madruga; Las vigilantes, de Elvira Liceaga, por mencionar sólo algunas. 

El disparo de arranque de esta novela es una llamada telefónica para avisarle a Ele, quien será el centro, la protagonista principal, que su madre, Perla, había desaparecido. Salió de casa y no había vuelto en más de 12 horas. Este detonador le servirá a la autora para enterar al lector que la relación con la madre es violenta, que la abuela sufre epilepsia y que Ele se corta los muslos con una navaja. 

Así el inicio, con la información necesaria para orquestar un entramado de la tragedia, de la falta de comunicación y el odio. Poco después, se van destejiendo más y más las capas de la historia. La abuela revela un asunto de violación con un alemán y la madre, una científica, filósofa, pasa el tiempo en disertaciones sobre la existencia misma. Ele, por su parte, es participante y testigo de la urdimbre de la familia. 

Como en las obras que mencioné, Malacría también apuesta por tener protagonistas mujeres, y esto, aunque resulte evidente, tiene un sentido, pues muestra el perfil muy particular de generaciones o tres tiempos distintos, y busca, de alguna manera, despojar a los hombres de contar historias que no les pertenecen. Pienso en una espléndida novela de Robert Musil, Tres mujeres, cuyo narrador en tercera a veces resulta artificioso. Sin bien es cierto que la novela de Díaz Castelo también tiene un narrador omnisciente, hay algo más cercano y con una voz más íntima. 

Que Malacría sea una novela con prosa poética no es de extrañar si sabemos que Elisa es, ante todo, poeta. Testimonio de lo anterior son Principia, El reino de lo lineal y Proyecto Manhattan, donde hay una vinculación milimétrica entre el lenguaje y la ciencia, entre el acto poético y el hecho científico. Al igual que en su poesía, como novelista Díaz Castelo no abandona estos temas, pues son recurrentes en su reciente obra.

Considero que las tensiones en la novela son pocas y los nudos argumentativos se diluyen pronto, aunque siempre queda una tensión constante. Dicho esto, es en la forma donde se sustenta la novela. Elisa procura a lo largo de las 263 páginas elaborar poesía de la narrativa, es decir, a veces llega a la exageración de las descripciones, lo que hace sus personajes y narrador se parezcan mucho, que hablen similar, que no exista una diferencia entre uno y otro.

Sin duda, hallar la palabra justa, la imagen perfecta es uno de los objetivos centrales de las y los poetas. Aquí, en Malacría, se tiran parrafadas poéticas que no cuentan mucho, sino que son un artefacto que permite darle profundidad y belleza a lo contado, pero sin que se mueva la acción de la novela. Y sí, para el poema esto es esencial, pero considero que para la novela podría resultar un obstáculo en la lectura, incluso llegar a sonar repetitiva la forma en que se busca contar y describir. 

Me parece, lo repito, un gran laboratorio literario lo que ha hecho Elisa Díaz Castelo. Su novela cuenta la historia de una familia y toda familia siempre es una novela. Apuesta, como diría Cyril Connolly, a la novela mayor, intentó meter toda una genealogía en unas cuantas páginas, lo cual es un reto importante. 

Malacría es su herida y su creación. La tragedia y su misterio. 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_677

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