Editorial Gualdreño 712
La edición 40 del Festival Cultural Zacatecas llegó a su fin el 11 de abril con la presentación de Billy Idol en Plaza de Armas y de La Barranca en la Plazuela Miguel Auza; buen cierre para un festival que duró dos semanas y tuvo más de 400 actividades artísticas y culturales, de acuerdo con la información contenida en el programa. No sólo fueron conciertos masivos, también hubo ciclos de piano y guitarra que registraron llenos totales, conferencias, presentaciones de libros, proyecciones de cine, muestras gastronómicas, talleres, exposiciones, callejoneadas, danza y teatro. Fue imposible asistir a todas, pero sí a muchas de ellas y quiero compartir aquí algunas reflexiones.
El festival dio inicio justo cuando las manifestaciones de los productores del campo habían llegado ya a Plaza de Armas, exigiendo se cumplieran sus demandas relacionadas con el sistema de acopio de frijol. Los dos primeros días existió la posibilidad de que los conciertos ahí fueran suspendidos y eso generó una tensión, que, sin embargo, no afectó el ánimo de los zacatecanos, pues de una manera encomiable reaccionaron para apoyar a los campesinos, dando prioridad a que se estableciera un diálogo mediante el cual las partes involucradas pudieran llegar a un acuerdo.
Mientras eso se concretaba, un grupo de jóvenes se organizó para atender, en la medida de lo posible, a los productores de campo que permanecían en la plaza a un lado de la catedral, y les llevaron comida caliente, agua y cobijas. Esa actitud solidaria fue agradecida por quienes estaban a la espera de que se atendieran sus peticiones y reconocida hasta por los integrantes de la agrupación Revisting Creedence, quienes tuvieron a cargo el concierto inaugural. El 29 de marzo finalmente se llegó a un acuerdo entre gobierno del Estado y los productores y el festival continuó con el concierto de los Fabulosos Cadillacs y todos los demás.
Ríos de gente inundaron el centro histórico de la ciudad de Zacatecas para asistir a los conciertos en el escenario principal; desde muy temprana hora llegaban a hacer fila para tener un buen lugar y hubo quienes incluso estuvieron a la espera desde la madrugada. Además de esos llenos impresionantes, hay que destacar la civilidad que permeó durante todos estos días; no hubo incidente alguno y la gente estuvo feliz. Creo que hablar de esa felicidad es importante porque estábamos muy necesitados de algo así, de poder disfrutar de buenos momentos y de buenas noticias en la ciudad.
Hubo durante estos días una buena organización, orden, seguridad, buena actitud y muy buenos conciertos; en la Plazuela Miguel Auza, por ejemplo, la calidad de todas las agrupaciones y músicos participantes fue indiscutible, de ahí que fuera otro de los mejores foros y desde hace muchos años, el favorito para quien esto escribe. Memorable fue el concierto del Conjunto Río Grande, por ejemplo, porque congregó a un público diferente al que solíamos ver en esa plaza, pero que llegó con sus mejores galas -de botas y sombrero, en su mayoría- para generar un ambiente festivo y un baile que recordaremos en mucho tiempo. Ahí mismo participaron diversos artistas zacatecanos que demostraron el talento y la calidad del trabajo realizado durante años. Enhorabuena para todos los participantes.
Es también necesario reconocer que desde el Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde se llevó a cabo un muy buen trabajo de planeación, organización y ejecución. Vi al final de cada uno de los eventos a los que pude asistir que se encuestó a una muestra de los espectadores, por eso habrá que estar muy pendientes de los resultados de las retroalimentaciones vertidas por los encuestados, de manera que se pueda utilizar esa información para aplicarla en los proyectos venideros.
Y a propósito de lo que viene, una vez terminado el festival de este año, esperemos que las actividades continúen todo el 2026. Una de las preocupaciones que se dan en estas fechas es que gran parte del presupuesto de cultura se va al festival y todavía faltan poco más de 8 meses para que termine el año. El momento es más que propicio para revisar y modificar desde la Legislatura la Ley de Cultura y la del Mecenazgo, que siguen estancadas y atrapadas en trámites burocráticos sin que se puedan operar para beneficio de la comunidad. Mientras eso sucede, felicitamos a quienes participaron en la edición 40 de éste que fue, además, un muy buen festival.
Que disfrute su lectura.
Jánea Estrada Lazarín
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