La Gualdra 679 / Poesía / Literatura
La soledad es cosa mía, resplandece en todo lo que amo.
Guillermo Fernández
En enero de 2018, la primera ministra de Reino Unido anunció la creación de una dependencia gubernamental especial para mitigar un problema social en ascenso, así surgió en el mundo el primer Ministerio de la Soledad.
La noticia puede ser consultada en varios sitios de internet.
1
Seis días antes
fue domingo
y George Bell movió su auto por última vez
de una acera a otra
para evadir la multa
Ciento cuarenta y cuatro horas pasaron
para que el olor a muerte tocara la puerta vecina
accionara la llamada de alerta
y la pregunta:
¿Cuántos días lleva ese auto sin moverse?
Era julio
y en mi experiencia
muchas cosas tristes ocurren bajo el amparo del verano
El cuerpo de George esperó en la sala
escogió de mortaja la sucia alfombra de siempre
Vivía solo
hijo único
no esposa
no hijos
Y a esas alturas tampoco amigos
En su ciudad
más de cincuenta mil personas al año mueren como él
solísimos
En los últimos momentos
el silencio tomó su mano
la oscuridad cerró sus ojos
y la soledad entonó himnos funerales
Bell tenía setenta y dos años
y en el baño un calendario detenido en 2007
Su muerte accionó una inquietante maquinaria
de hombres también solos
a quienes sostiene la industria de la muerte
y que acompañarían su largo camino hacia el ritual de fuego
que consumiría al fin
su corazón deshabitado
su casa sola
3
Síndrome Diógenes
Los bomberos no sólo apagan incendios
o los provocan
a veces derriban puertas
para que el orden vuelva
a donde la muerte
ha extendido sus dominios
Dentro
en ese oxímoron de casa
vacía y repleta al unísono
compras y basura se repetían
como en un laberinto de cristal:
George compraba sin memoria
fundas para el burro de planchar
y luces de navidad
Se resistía a tirar cajas
tickets
la comida dentro de la nevera descompuesta
favorita de las cucarachas
y decenas de calcetines deportivos sin usar
Lo acumulaba todo
días
soledad en cada uno de sus órganos envejecidos
las postales de amigos a los que nunca respondió
También hubo una acumulación de silencios
cada vez que alguien alzó el teléfono para preguntar
¿Conocías a George Bell, Big George?
Al cerrar la cremallera de la bolsa forense
su cuerpo pasó dos meses congelado
dos meses más sumados a una vida de hielo
en una esquina de condominios
y vecinos hartos de la plaga de chinches
4
Contrario a lo que se piensa de los solos
al morir
son asunto de muchísimas personas
Nunca nadie se percató tanto de su ausencia
como cuando muertos
ni hubo urgencia por justificar sus vidas
sino para rellenar formatos y finiquitos
Los solísimos
que son grises sin el coraje para un color
indecisos ante la luz
pálidos de gracia como las paredes sin mácula
Los que visten siempre igual
porque los días son todos iguales
y cierran sus oídos a la elevada música del deseo
Los solitarios
que juegan a sostener la mirada frente al espejo
Esos que causan estrés laboral a los burócratas del féretro
y estropean el café del mediodía
con sus huellas irreconocibles
y sus dentaduras sin registro y sin sonrisa
A los que la muerte despoja de su capa de invisibilidad
Contrario a lo que se cree
los solos no pueden morirse y ya
morir como pasaron la vida: sin ser notados
sin alboroto
transparentes a la mirada de los demás
los ocupados
los que sí saben bailar
y han apañado pareja de baile
los de domingos atareados
¿Barbacoa o carne asada?
Un volado: ¿casa de los suegros o mis padres?
Pero no
a los solos habremos de castigarlos
por morir sin soltar su soledad
con años de trámites inútiles
un remate vergonzoso
y edictos en periódicos baratos
preguntando si alguien
sólo uno
con uno basta
conoció su rostro
o recuerda su nombre
6
Los detectives de la muerte
revisan las viviendas de los solos
buscan pruebas de quiénes fueron
qué posesiones ocultaron en lo profundo del closet
o en el horno de la estufa
La razón del porqué nadie los busca
los extraña
porqué el apellido en su sangre
fue borrándose hasta la orfandad
Para ellos todo es “normal”
los secretos que un pecho acumuló
entre paredes de falso plafón
“cotidiano”
una mujer tan llena de cosas y objetos
que murió de pie
sin suelo donde acomodar su cansancio
“habitual”
las pulgas que se quedan en la ropa
mientras cartografían esos metros cuadrados
mirando el cielo arruinado de las casas
Y la gangrena feroz
que siempre empieza en los ojos
sin remisión
hasta comerse el corazón agrandado
para que se apilen sin tropezarse los asombros
Nadie más podría hacer este trabajo
sólo ellos
la “gente dispuesta a entrar a estos departamentos nauseabundos”
los detectives de la muerte
una especie apenas distinta de los solos
una que aprendió el arte del camuflaje
oculta bajo la máscara de la eficiencia
Beatriz Pérez Pereda (1983, Villahermosa, Tabasco). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía de los Juegos Florales San Juan del Río 2025, el Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada 2023 y el Premio Nacional de Poesía Carmen Alardín 2022, entre otros. Sus libros más recientes son: Bolero fácil (Ujat 2025), Persona no humana (CONARTE, 2022) y Crónicas hacia Plutón (ITAC, 2022), su obra está incluida en Signos Oscuros de mi boca extraña, Antología de poesía mexicana reciente, Selección de Jorge Esquinca y Kenia Cano (Bonobos Editores, 2024). En 2025 fue distinguida por el Ayuntamiento de Villahermosa con la presea Blancas Mariposas en reconocimiento a su trayectoria en el arte y la cultura.
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