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■ La falta de ocio físico puede acarrear ansiedad, depresión y sobredependencia

Resaltan especialistas importancia del ocio para el sano desarrollo de infantes

■ Más del 40% no realiza actividad física y el 80% pasa más de dos horas diarias frente a pantallas

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

En las últimas dos décadas, las infancias en todo el mundo han perdido en promedio ocho horas semanales de juego libre, según investigaciones citadas por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH). El tiempo libre ha sido reemplazado por pantallas, tareas, clases extracurriculares o se ha acentuado su pérdida por la falta de espacios seguros debido al hacinamiento, calles con tráfico peligroso o zonas con violencia. 

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Frente a esto, la evidencia científica resalta la importancia vital del ocio para el desarrollo físico, emocional y cognitivo.

Más del 40% de los niños y niñas de entre 10 y 14 años en México no realiza los 60 minutos diarios de actividad física recomendados y el 80.4% pasa más de dos horas diarias frente a las pantallas, duplicando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Estas conductas sedentarias están estrechamente asociadas con un aumento en la obesidad infantil y dificultades de atención.

Una encuesta liderada por José Antonio Orozco-Durán en 2023 encontró que un 76 % de niños entre 6 y 11 años juega al aire libre al menos una vez por semana, pero la cifra se reduce al 27% en niños mestizos en contexto urbanos, mientras que entre niños tarahumaras llega al 45%. El lugar de residencia, la cultura comunitaria y la vigilancia de adultos marcan la diferencia entre un ocio activo y uno limitado al consumo digital, subraya la investigación.

El tráfico y la percepción de inseguridad son algunos factores que les restan espacios de interacción a las infancias, como demostró una investigación de Tuline Gülgönen y Yolanda Corona, con niños de 7 a 9 años en Coyoacán (Ciudad de México).

Además, la falta de tiempo de los adultos para acompañar, supervisar o simplemente permitir el juego libre de los niños, es otro de los factores relacionados con la sustitución del ocio por el entretenimiento pasivo (ver televisión o pasar tiempo en redes sociales, por ejemplo), o por actividades estructuradas y dirigidas.

“No puedes aprender a tomar decisiones si siempre te dicen qué hacer”, advierte la psicóloga Roberta Golinkoff. El juego libre −en el que los niños eligen, inventan reglas, se frustran y vuelven a intentar− estimula la creatividad, el lenguaje, la autorregulación emocional y la resolución de conflictos, enfatiza.

Algunas consecuencias relacionadas con la falta de ocio para las infancias son el aumento de ansiedad, depresión, sobredependencia de los adultos y dificultades para entablar relaciones, según especialistas.

En este contexto, la psicóloga Suzanne Degges-White retoma el concepto del “tercer lugar”, propuesto por el sociólogo Ray Oldenburg: espacios comunitarios fuera del hogar y la escuela que ofrecen pertenencia y libertad. Para muchos adultos puede ser una cancha o una cafetería; para los niños, lo eran la calle, el parque o el terreno baldío. Sin esos lugares, las infancias pierden oportunidades de explorarse a sí mismas y de sentirse vistas y escuchadas en un entorno que no esté regido por figuras de autoridad.

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