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■ Impulsa exlegisladora y activista reformas clave para los derechos de las mujeres

Inspira María Luisa Sosa la paridad internacional desde suelo zacatecano

■ La maestra normalista destaca haber sido "reeducada por casi 900 niños y niñas"

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

Cuando en 2003 un grupo de mujeres zacatecanas se plantó frente al Congreso del Estado para exigir que los partidos políticos postularan al menos 30 por ciento de candidaturas femeninas, María Luisa Sosa de la Torre era una de las que encabezaban la protesta. 

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Dos décadas después, aquella demanda, que entonces muchos consideraban excesiva, derivó en una recomendación general de la CEDAW, el tratado internacional de derechos de las mujeres, que hoy obliga a 192 países a avanzar hacia la paridad. «Una incidencia que inicia en Zacatecas hoy tiene un nivel mundial», menciona casualmente la activista.

María Luisa Sosa es maestra normalista jubilada, fundadora de la Coordinación Feminista Olimpia de Gouges y una de las figuras más constantes del activismo feminista en Zacatecas. Su trayectoria es sólida en el magisterio, la militancia feminista y la participación política. Fue diputada local por el PRD en la 59 Legislatura del Congreso de Zacatecas y ha participado, desde la sociedad civil y desde las instituciones, en reformas que van desde la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia hasta la Alerta de Violencia de Género por feminicidio que fue declarada para el estado en 2018.

Antes de todo eso, durante 33 años fue maestra de primaria en escuelas rurales multigrado del estado, en El Uncidero, Laguna del Carretero, La Quemada, El Visitador y después en El Orito. Egresó de la Normal Manuel Ávila Camacho —entró a los 15, en el plan de cuatro años que todavía existía entonces— y eligió las escuelas rurales porque le parecía que ahí hacía más falta. «En las comunidades no había otro agente de cambio más que quien era docente», reflexionó la joven María Luisa a los 19 años.

Al preguntarle sobre cómo surgió su sensibilidad hacia las desigualdades que enfrentaban las mujeres, Sosa describe a una maestra que no se quedaba dentro del aula. Salía a hablar con las señoras de la comunidad, las acompañaba a hacer trámites, ponía inyecciones a los alumnos cuando hacía falta. Veía a las mujeres que se iban al campo a trabajar y volvían a hacerse cargo de todo el trabajo doméstico; iban solas a las reuniones de padres de familia; vivían una violencia cotidiana que nadie nombraba.

En ese entonces no contaba con la formación teórica que tiene hoy, pero reconocía la importancia de lo que veía, y eso la llevó años después a formarse como especialista en Estudios de Género en Educación, maestra en Derecho Constitucional y Administrativo, y llegar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. Por encima de la sensibilidad, Sosa reconoce la importancia de la formación: «No todo el mundo puede atender a una víctima, porque a veces en esa intencionalidad la revictimizamos», dice.

Su rechazo a las injusticias viene desde niña, explica, al recordar una protesta con sus hermanas y hermanos contra su padre. Ya en la Normal, en los recesos que pasaba en la biblioteca, vio con unos maestros mayores una telenovela brasileña llamada La Esclava Isaura, en una televisión en blanco y negro que tenían escondida. Años después, el movimiento feminista le daría el vocabulario para nombrar esa dominación específica sobre las mujeres.

A finales de los noventa se integró a la Red Plural de Mujeres de Zacatecas, que ya existía por el trabajo de otras compañeras. En 2006 fundó junto con María Elena Ortega y Sara Ortiz la Coordinación Feminista Olimpia de Gouges, que este año cumple dos décadas. Desde esos espacios impulsó una cadena de reformas e instituciones: la ley electoral con equidad de género de 2003, los institutos municipales de las mujeres, los Centros de Justicia para las Mujeres en Zacatecas y Fresnillo, por mencionar algunas conquistas.

Entre los pendientes que identifica, uno tiene que ver con su profesión de origen. Dice que la desconexión entre escuela y comunidad que hoy se observa no es un descuido, sino el resultado de cambios deliberados en la formación docente que fueron acotando la responsabilidad del maestro al perímetro del aula, al mismo tiempo que desaparecían materias como civismo de los planes de estudio. Para Sosa, mientras eso no cambie, el artículo 3 constitucional —que establece la igualdad sustantiva como uno de los fines de la educación— seguirá sin aplicarse en la práctica. «Ningún docente que no se haya capacitado puede empujar la construcción de la igualdad sustantiva en cada aula, en cada comunidad, en cada municipio», dice.

A los 60 años, María Luisa Sosa ya no da clases en primaria —se jubiló en 2018—, pero sigue formando a funcionarias, a activistas, a estudiantes de posgrado. Ha sido docente honoraria en la Especialidad en Estudios de Género en Educación de la UPN y participa en diplomados de la BUAZ. Subraya que, en cualquier área del feminismo, ya sean los derechos políticos, los económicos o los sexuales, quien quiera incidir tiene que prepararse.

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