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El premio Nobel de la paz y la doble moral del imperialismo

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Por: Iván Istlahuaca •

El pasado viernes 10 de octubre quienes vivimos en el continente americano, amanecimos con la «buena nueva» de que había humo blanco en la sede donde se designa el premio nobel de la paz. En ésta edición 2025 la “afortunada ganadora” (relacionado con la palabra suerte) fue la «afortunada señora» (porque posee una muy buena fortuna valuada en varios millones de dólares) de nacionalidad venezolana, llamada María Corina Machado,  quien se asume como la líder de la «oposición venezolana» y que ha aparecido en muchos espacios noticiosos y plazas públicas pidiendo que el gobierno norteamericano intervenga militarmente en su país natal, también se ha hecho famosa por promover las protestas violentas y azuzar a los jóvenes venezolanos para que salgan a las calles a arriesgar sus vidas en sendas manifestaciones por la democracia, mientras que sus hijos tranquilamente, sin arriesgar ni un pelo, estudian en las universidades más caras de estados unidos y se pasean por las calles de Miami y Nueva York. 

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La venezolana hoy nobel de la paz, también ha demostrado abiertamente,  sin ningún ápice de vergüenza, su simpatía por el régimen israelí de Benjamín Netanyahu y el recién pausado genocidio qué se cometió contra el pueblo Palestino. 

Desconocer los resultados de las elecciones, promover guerras civiles e intervenciones extranjeras, aplaudir genocidios, planear ataques a embajadas y soñar con golpes de estado son las principales virtudes de la señora Machado. Vaya lista de méritos para hacerse acreedora a un premio qué se supone debe reconocer a aquellas personas que luchan y le abonan a la paz mundial, a la fraternidad entre las naciones y a la abolición o reducción de los ejércitos existentes.

Después de ver el nulo y hasta vergonzoso aporte a la paz de la señora María Corina, cunde en la opinión pública la poca credibilidad y seriedad qué siempre ha tenido el premio nobel de la paz, pero que descaradamente se ha devaluado con celeridad en los últimos años, haciendo evidente qué el premio más que un reconocimiento a quienes luchan por la paz, se ha convertido en un galardón político que se entrega a aquellos que reafirman la narrativa que le conviene a quienes pretenden manejar los hilos del mundo. Cuando el cachorro hace una gracia, el amo lo premia otorgándole un pedazo de carne o un buen hueso para roer, algo así mas o menos es en lo que se ha convertido el premio que Alfred Nobel legó al mundo en su testamento.

Podemos estar o no de acuerdo con la señora María Corina Machado, podemos o no simpatizar con sus intereses pro yanquees,  lo que si no podemos negar es que ese mentado premio nobel de la paz ha perdido toda seriedad y credibilidad. Ya no importan los méritos,  lo que realmente vale para hacerte acreedor a ese reconocimiento es que seas bien visto por el imperio y por Europa y que de una u otra manera sirvas a sus intereses y a sus narrativas.

Despues de ser testigos de la degeneración y devaluación moral en la que ha caído el premio nobel de la paz, no nos debería extrañar que los siguientes galardonados sean personajes como Felipe Calderón Hinojosa (FECAL), cuyo invaluable aporte a la paz fue declárale la guerra al crimen organizado, decisión que ha sumido al país en un espiral de violencia del que todavía no podemos salir, aunque a algunos desmemoriados les de risa. 

Otro “candidato natural” para este premio bien podría ser el expresidente de Brasil Jair Bolsonaro, quien pretendió dar un golpe de estado para desconocer la voluntad que el pueblo brasileño había expresado en las urnas. Hoy purga una condena por los hechos violentos que se desencadenaron a raíz de su enfermedad de poder, pero él se autodenomina “preso político”.

Está reñida la competencia de “pacifistas”. En la lista de competidores también tiene su lugar asegurado el carnicero Benjamin Netanyahu, quien “generosamente” le brindo paz y descanso eterno a más de 70mil palestinos que se atravesaron en sus hitlerianos planes de exterminio y limpieza étnica.

En sus más de 120 años de historia, el premio nobel de la paz ha tenido designaciones  muy cuestionables, como la de Barack Obama, que fue premiado sin haber hecho nada, casi como regalo de bienvenida a la casa blanca y que paso todos los días de su mandato en guerra, o la del militar George Marshall que después de haber dirigido los bombardeos con armas atómicas a Hiroshima y Nagazaki, creó la OTAN, organización armamentista y bombardera por excelencia, o la del político estadounidense Henry Kissinger, que era racista, machista, sionista, imperialista, fanático de las guerras y de las dictaduras latinoamericanas.

En contraparte, podríamos decir, que entregarle a la “pacifista” guarimbera, Maria Corina Machado, el mismo galardón qué recibieron Nelson Mándela, Martín Luther King, Yasir Arafat, Teresa de Calcuta y Desmond Tutu es como equipara el oro con el excremento.

Con todo respeto, pero esos jueces del premio nobel, se aventaron la dominguera en pleno viernes.

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