La Gualdra 725 / Premio Iberoamericano Ramón López Velarde / Poesía / Entrevistas
Víctor Manuel Mendiola (Ciudad de México, 1954) ha publicado, entre otros libros, Vuelo 294 (poesía); Tan Oro y Ogro (poesía); La bruja (poema-novela); Tu mano, mi boca. 59 variaciones sobre un plato (poesía); Xavier Villaurrutia: la comedia de la admiración (ensayo); El surrealismo de Piedra de Sol, entre peras y manzanas (ensayo); La suave Patria de Ramón López Velarde. El ángel que acompañó a Tobías (ensayo); y El viaje inmóvil: Primavera indiana de Carlos de Sigüenza y Góngora (ensayo). Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, bajo la dirección de Salvador Elizondo y Juan Rulfo. Ha dirigido festivales internacionales de literatura, entre ellos, Letras del Golfo. Es editor de Ediciones El Tucán de Virginia. Obtuvo el Premio Latino de Literatura 2005, por el libro Tan oro y Ogro; y el Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2010 con la novela 4 para Lulú, publicada por Alfaguara. Actualmente es coordinador del Festival Internacional Letras en San Luis, miembro del SNCA y escribe la columna “Poesía en Segundos” del suplemento Laberinto del periódico Milenio. Recientemente publicó las traducciones de poesía inglesa Violencia e inmensidad en los siglos XVI y XVII (libro realizado con el apoyo del SACPC del FONCA, 2023) y La arena en fuga (UNAM, 2024).

Este año recibirá el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, le será entregado el viernes 17 de julio, a las 11:00 horas, en el Teatro Hinojosa de Jerez, Zacatecas. De acuerdo con el Jurado Honorífico de Selección del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, integrado por Alfonso García Morales, Marco Antonio Campos Álvarez Tostado, Zoar Román, Javier Acosta, Sofía Ramírez, Ernesto Lumbreras y Evodio Escalante, “El aporte de Víctor Manuel Mendiola, ganador del Premio Iberoamericano Ramón López Velarde 2026, consiste en rescatar la complejidad política, histórica y filosófica de La suave Patria, a favor de la tradición mexicana y en total desconfianza con el progreso, por la paz y contra la violencia, y por la permanencia de un hermoso mundo de costumbres en los que a diario los mexicanos deberíamos reconocernos. Mendiola ha conformado un corpus poético indispensable para comprender a López Velarde como poeta civilista, sensual, irónico y profundamente humano y actual. Su obra aporta herramientas críticas y poéticas que actualizan la lectura de Ramón López Velarde, permiten nuevas aproximaciones investigativas y enriquecen el diálogo sobre la tradición y la identidad mexicana”. Compartimos con ustedes una entrevista con Víctor Manuel Mendiola, a quien agradecemos su disposición para conversar con él.
Jánea Estrada Lazarín: En algún momento has dicho que “López Velarde representa una sed erótica de significado, una sed erótica que hace girar a los significantes de un modo impensable para la mentalidad gagá de la posvanguardia”, y que en su obra hay una profunda inconformidad espiritual. Hablemos de eso, ¿crees que esa tensión entre deseo y fe sigue siendo el núcleo más vigente de su poesía para los lectores contemporáneos? ¿Consideras que esa tensión religiosa fue un conflicto de índole personal o también una forma de responder a las fracturas espirituales de su tiempo?
Víctor Manuel Mendiola: La poesía de López Velarde es muy rica e innovadora. Esto implica, esencialmente, dos cosas. Por un lado, su lenguaje como invención verbal es sorprendente, tanto por su aspecto barroco como por su creación de expresiones de una lucidez oblicua y reveladora, que combinan, entre muchas otras cosas, repeticiones y rimas intensas, como por ejemplo “a tu nopal inclínase el rosal”. Cuando publicó Zozobra, una parte de los escritores de su tiempo no pudo entender el cambio radical que representaba su poesía y vieron en su dicción compleja y poliédrica un defecto. Estaban equivocados, como vieron muy bien, años después, Xavier Villaurrutia y, de otra manera, Jorge Cuesta. Por otro lado, el carácter difícil y barroco de muchas de sus mejores composiciones está colmado de sentido y el erotismo es el vehículo fundamental de su exploración del significado. La poesía de López Velarde, a finales del siglo XX, resistió la ola hueca de la poesía del lenguaje, porque en ella cada palabra, cada sílaba nace —como él mismo dijo— de la combustión de sus huesos; y ahora está resistiendo la marea del melodramático realismo escabroso de nuestros días. En lo que toca a la fe, desde luego es una característica de su obra, pero, en contra de lo que podemos pensar, el conflicto religioso permanece como una contradicción de nuestro tiempo, incluso bajo la forma de la lucha entre catolicismo y protestantismo. No está muerta esta disputa. Volviendo a la originalidad de su obra, tanto en poesía como en prosa, el carácter moderno de su escritura se expresa claramente en la conciencia de que “el sistema poético hase convertido en sistema crítico” y esto significa que lo real y lo ideal están entrelazados de manera tal que surgen ecuaciones psicológicas como “mi corazón es una cuerda rota”.
JEL: En varias de tus reflexiones sobre La suave Patria, realizas una lectura más cercana a una idea íntima y emocional de México. ¿Qué aspectos de La suave Patria consideras que han sido malinterpretados por la crítica y/o por el discurso oficial?
VMM: Yo revisé con mucho cuidado en mi libro La suave Patria, El ángel que acompañó a Tobías, lo que se dijo de este poema en Revista de Revistas en el momento inmediatamente posterior a la muerte de López Velarde y, después, en 1926. En alguno de los textos, en particular en el de Enrique González Rojo, descubrí que La suave Patria representaba no sólo la pasión por la tierra nativa, sino una visión crítica. González Rojo dijo: en “La suave Patria, los reproches ocultos van unidos a algunos de sus mejores versos”. En este poema hay una visión incisiva, tanto en términos estéticos como en términos histórico políticos. Esta afirmación está confirmada por el hecho de que López Velarde en su poema largo se ve a sí mismo —metafóricamente hablando— como un “chuan”, es decir, como un soldado bretón proborbónico contrarrevolucionario. El espejo de López Velarde con un chuan, crea el espejo de la Revolución Mexicana con la Revolución Francesa. La suave Patria es en toda la extensión de la palabra un texto barroco, lleno de hermetismo y, por tanto, pletórico en cifras y, al mismo tiempo, un texto social histórico. No en balde al final del poema López Velarde nos dice “te doy de tu dicha la clave”. Es significativo el enorme interés que tenía el poeta de “El retorno maléfico” por la publicación de este poema. Por eso, en su lecho de muerte, él le dijo —como nos cuenta Pedro de Alba— a su amigo Loera y Chávez con vehemencia “¿Ya vamos a salir?”.
JEL: Has señalado también que Ramón López Velarde veía a la Revolución Mexicana con una mezcla de fascinación y distancia crítica. ¿Consideras que su poesía expresa por momentos desconfianza hacia la épica revolucionaria y hacia la idea de progreso armado que surgió después de la guerra?
VMM: Sí, López Velarde ve en el ideal democrático de la Revolución una necesidad y una claridad, pero también ve en el culto al caudillismo y a la violencia —bravucona y machista— el mal del resentimiento y el autoritarismo. Siempre me ha sorprendido que Octavio Paz no haya visto este aspecto del poema. Creo que esto ocurrió porque él aceptó la lectura de Villaurrutia de La suave Patria, que era negativa. Paz, que había escrito tantos poemas dentro de un sistema crítico (tanto estética como políticamente hablando), subestimó en este poema la visión crítica de López Velarde al punto de que no comprendió que en el título del poema hay, como a él le gustaba, un oxímoron peculiar donde se unen la suavidad y esa palabra áspera que es la “patria” y que López Velarde transformó. Es una lástima que Paz no lo haya visto, porque si él hubiera comprendido las cosas desde otro punto de vista, seguro nos habría dado un gran ensayo. No alcanzo a comprender por qué no comentó la figura del chuan que es la clave de todo el poema.
JEL: En La suave Patria, López Velarde parece oponer la intimidad civil del país frente al ruido del militarismo y de los caudillos. ¿Qué postura identificas del poeta jerezano con relación al militarismo y la violencia? ¿Se podrían establecer similitudes con lo que ahora vivimos?
VMM: Yo creo que sí. Como en la época de López Velarde vivimos una hora violenta, producto, entre otras cosas fundamentales, del ataque a nuestra frágil y, ahora, casi desaparecida democracia.
JEL: Como poeta y ensayista, ¿qué has encontrado en la obra de Ramón López Velarde que haya sido determinante en tus procesos creativos? ¿Hay algo de él que haya influido directamente en tu propia escritura poética?
VMM: Él me hizo comprender de un modo profundo que existe un vínculo, en la poesía moderna, entre poesía y prosa, entre verso y frase inmediata o coloquial. También me permitió comprender de una forma clara la afirmación de Rubén Darío de que “la música es de la idea”. Un poeta sin una idea verdadera es un poeta sin música y sin poesía. Formalmente, me reveló un uso más libre del endecasílabo, echando mano, eventualmente, del endecasílabo dactílico. Él lo usó con frecuencia. Así mismo, me hizo darme cuenta que la unidad romántica de lo ideal y lo real, en la poesía moderna, produjo las ecuaciones psicológicas, que hacen que sentido y sinsentido alcancen una velocidad insospechada. Gracias a este recurso, él pudo escribir “Besar al Indostán y a la Oceanía,/ a las fieras rayadas y rodadas/ y echar el ancla a una paisana mía/ de oreja breve y grandes arracadas”.
JEL: Recibirás en Zacatecas este año el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, a quien has leído como un poeta incómodo e incluso, por momentos, hasta contradictorio. En esta época en la que tanto se busca la visibilidad inmediata o validación en redes sociales, ¿crees que la ambigüedad y el misterio, características presentes en la obra de López Velarde, seguirán teniendo futuro en las artes o se están convirtiendo en una forma de resistencia cultural?
VMM: Definitivamente, López Velarde es un poeta incómodo y contestatario en nuestra época, defensor del rigor poético, pero también de la libertad democrática. Y nosotros podemos deducir, si echamos mano de la perspicacia —como él mismo sugirió de tantas formas insólitas—, estas dos cosas de él. Yo creo que el sistema poético transformado en sistema crítico, que López Velarde vio pergeñado en Góngora y realizado en Lugones y que adquirió, más tarde, una forma tan sorprendente en excelentes poetas como Villaurrutia, Gorostiza, Sabines, Paz, Zaid o en poetas más cercanos a nosotros como Antonio Deltoro o Samuel Noyola, es el camino de la nueva poesía. Nuestro tiempo, un tiempo del universo del inconsciente y, asimismo, de la conciencia extrema, encuentra —en lo que López Velarde llamó “ecuaciones psicológicas”— un extenso campo de creación.
JEL: Para terminar, quisiera que abordáramos el tema de la Casa del Poeta Ramón López Velarde en CDMX, si bien el comité de defensa de la casa ha logrado hasta el momento puntos importantes, como la conservación del nombre del poeta, queda pendiente que las autoridades capitalinas definan si se instalará el consejo consultivo sugerido y qué pasará con el Café Bar Las Hormigas, entre otros puntos. ¿Cuál es tu postura al respecto?
VMM: Me sorprende que las autoridades culturales de la Ciudad de México no comprendan el valor enorme que tiene la figura de Ramón López Velarde. ¿Desinformación? ¿Ignorancia? ¿Frivolidad? En México hay poetas de renombre universal. Basta con mencionar a Nezahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, Octavio Paz, Rosario Castellanos, Eduardo Lizalde, Tomás Segovia y José Emilio Pacheco. México en el mundo tiene fama por estos nombres. Y a este grupo de poetas notables podemos agregar a López Velarde que era admirado por Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. Pretender soslayar mañosamente la trascendencia patrimonial y cultural de este autor fundamental, no sólo es un error, es una tontería. Las autoridades de nuestra ciudad deberían apoyar la difusión de un escritor de estas dimensiones porque no sólo contribuyen a la memoria de México, en general, sino de la Ciudad de México, en particular. Además, López Velarde es un poeta crítico, es decir, que tiene una visión honda e incisiva de México. Ya sólo por este hecho les debería interesar. López Velarde murió en esta ciudad, en la casa de avenida Álvaro Obregón, antes avenida Jalisco. Es avance que ya no le quieran quitar el nombre a la casa, pero sigue revelando necedad que la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México continúe regateando que este lugar simbólico se dedique a la figura del poeta y de la poesía. Estas dos actividades, bien realizadas, son una actividad amplia y compleja, como lo demuestran los treinta y cinco años de trabajo que tuvo la Casa del poeta “Ramón López Velarde” gracias, inicialmente, a que Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco demandaron que se conservara un sitio tan emblemático para la cultura mexicana. Por esta razón, la mayor parte de la comunidad literaria apoya al comité que defiende la vocación original del inmueble.
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